La Fundación de Praga, Clemens Brentano

[Die Gründung Prags]. Poema dramático en cin­co actos en yambos rimados de Clemens Brentano (1778-1842), ideado hacia el 1812 como libreto de ópera, refundido por lo menos tres veces y publicado en 1814, co­nocido en los epistolarios de la época con el título de Libussa, del nombre de la pro­tagonista. Fue concebido en la villa de los hermanos Brentano en Bukowan, Bohemia. El prólogo explica cómo una visión condujo al poeta a dedicar el poema a la archidu­quesa Catalina Paulowna, duquesa de Oldenburg. En las notas, el autor aclara luego que sus personajes se mueven en «una épo­ca ideal, que puede ser llamada eslava», época que en realidad es puramente míti­ca; estos personajes de hecho son más alegóricos que humanos, encarnan un mito o una situación mítica empezando por Libus­sa, hija de Krokus y de una ninfa del bos­que.

La trama, complicadísima y confusa, carece de nexo psicológico, queriendo re­presentar simbólicamente el tránsito del caos prehistórico a la claridad histórica, que tiene lugar en el preciso momento de la fundación de Praga. El personaje Zwratka, la bruja, representa el principio del mal, la magia, la superstición pagana que va a perecer, tiene en todo el poema un papel de contraposición a Libussa, que va hacia la luz nueva. Wlasta, hija de Zwratka, sos­tiene el antiguo matriarcado que rige el mundo caótico de la prehistoria, e incluso en su amor por Primislao, que la dejará para cumplir su alta misión, conserva este carácter de virago. Pero su figura se man­tiene imprecisa, porque tenía que ser desarrollada en un segundo poema que debía tratar de la guerra de las amazonas. En cambio, se pone en primer término la de Primislao, que en el último acto eclipsa, por decirlo así, incluso la importancia de Libussa, puesto que a ella, a la virgen de las amazonas, se impone como esposo y señor. Libussa, a quien el hado guía hacia una nueva vida, consiente en esta boda y le cede su poder real. Fundan juntos Pra­ga, la ciudad de la ley y del orden viril, que señala la entrada de Bohemia en la historia.

Otros dos personaje Pachka y Trinitas, los peregrinos cristianos, tienen en el drama función de portadores de luz, ayu­dan a Libussa y a Primislao a concebir el Estado y todas las formas de civilización, iniciándolos en el Cristianismo civilizador de los países nórdicos. Pero estos dos per­sonajes no son más que elementos que ha­brían debido ser desarrollados en un tercer poema, que habría exaltado el triunfo del Cristianismo; aquí no hacen más que in­dicar un camino. Todas las figuras tienen un aspecto «sobrehumano» y esto contri­buye a hacer del poema algo abstruso y complicado. No faltan los motivos predi­lectos del Brentano de los Cuentos (v.): hechicerías, amuletos, frutos simbolicomágicos y esa aura primitiva donde predominan las fuerzas naturales y las mujeres rectoras. Alucinaciones y visiones sirvan para hacer más sensible el colorido mítico y la sensa­ción de creciente ansiedad. El poema, con­cebido como una trilogía, quedó incompleto; detenido en esta primera parte, explota todos los temas románticos y adolece de di­versas influencias especialmente de Calde­rón y, entre los contemporáneos, de Zacharias Werner. En ciertos aspectos pretende ser un drama del Hado, en tanto que el Hado está constituido por la ley histórica, contra la cual lucha la naturaleza humana; pero los personajes son ineptos para la lu­cha, no tienen fuerza dramática suficiente para encarnar una idea, se mueven y se expresan lógicamente, son solamente voces del tormento de Brentano.

En conjunto, no gozó de una buena crítica: no sin justicia fue considerado confuso y poco equilibra­do. Solamente alguna voz como la de Heine se alzó para alabarlo: «Hay en él escenas en las cuales nos sentimos subyugados por el misterioso temblor de las antiguas sagas, por el murmullo de las selvas bohemias, donde vagan airados los dioses eslavos y gorjean los ruiseñores paganos; en él se presenta la suave aurora del cristianismo que ilumina ya las cimas de los árboles». El ambiente, más que el fondo del drama, es lo que Brentano logró de una manera plena en su nostalgia de poeta hacia la gran obra que no tuvo la fuerza de estructurar.

G. F. Ajroldi