La Curación de las Enfermedades, Charles-Ferdinand Ramuz

[La guérison des maladies]. Novela del escritor suizo Charles-Ferdinand Ramuz (1878-1947), escrita en 1917. Es indudable­mente una de las obras que más admira­blemente registra la orientación espiritua­lista del arte de Ramuz, que sigue a una primera fase realista. En efecto, el autor quiere registrar aquí un orden de fuerzas, latentes en el hombre, que no forman parte de los fenómenos naturales. La cura de las enfermedades es esencialmente un hecho espiritual y la cura del corazón es la que precede y provoca la otra: la física. Tesis absolutamente evangélica, puesto que a la esfera en que se realizan estos prodigios del corazón se llega únicamente con el absoluto sacrificio de uno mismo. Es la historia de una común y humilde criatura, que acaba de salir de la infancia, y que se entrega a la vida por una noche sólo, renunciando a ella en seguida.

El «Parisién» — corazón que ella ha tocado y que busca su cura­ción— la espera a la salida del taller, al claro de luna y, confesándole toda una vida de perdición y de abyección, le confía su amor. Ella escucha, calla y no rehúsa. Todo es posible en aquella noche de primavera, en que todo nace de nuevo, y la luz de la luna armoniza, como en un acorde musical, las cosas del cielo con las de la tierra. «On sent que tout devient possible». «Il y a un ordre nouveau». Sin embargo, cuando regresa a su casa y encuentra a su padre, un borrachín, herido, que también se con­fía a ella (es el segundo corazón tocado que se encamina hacia la curación), la joven renuncia a su sueño de amor, aceptando el sacrificio. El desarrollo es rápido: el «Pari­sién», despojado de la mano amiga capaz de sostenerle, cae de nuevo en su culpa y se ahoga, mientras la pobre María, que le ha sacrificado pero se ha sacrificado a sí misma, se pone enferma para no levantarse. Sin embargo, sobreponiéndose a su crisis sentimental, se cura para siempre de las cosas de la tierra y adquiere el arcano po­der de sanar las enfermedades. El libro, que concluye con la escena del alboroto cuando se llevan su cuerpo, y con la sensación de irradiación serena que se desparrama por el aire en el momento de su muerte, regis­tra con profunda verdad psicológica el juego de estas fuerzas del espíritu y podríamos decir que el tipo que aquí se nos presenta es el de la santa cristiana.

V. Lupo