Auto sacramental (v. Autos sacramentales), en un acto y en verso, de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), representado por primera vez en 1634. Calderón toma como tema la conocida historia de Baltasar y del profeta Daniel para dirigirla al final obligado del auto, que es la exaltación del sacramento de la Eucaristía. Baltasar se casa con la Idolatría, después de haberse unido con la Vanidad, y Daniel, como regalo de bodas le hace una severa amonestación. Al no dar resultado, la Muerte querría castigar al idólatra, pero Daniel le exhorta a no llevar a cabo una venganza tan radical. Entre apariciones milagrosas y simbólicas, el drama se convierte en una lucha de Daniel con la Muerte; ésta, como representante del Dios vengador y justiciero de la concepción hebraica, y Daniel, encarnando la bondad de Dios y el reino de la Gracia. Así hasta llegar al banquete sacrílego, a las palabras misteriosas y a la interpretación del profeta: el orgulloso rey huye amenazado, perseguido por la Muerte, y la mesa del sacrílego banquete se convierte en un altar que sustenta el cáliz y la hostia; y la .misma Idolatría, convertida, se acerca al «inmenso sacramento». El auto es uno de los más típicos, lleva a cabo la representación simbólica sin que el poeta necesite recurrir a excesivas manifestaciones naturalistas o, como sucede a menudo con otros, ni siquiera a sacrificar enteramente los datos de la realidad. El hallazgo del banquete profano e impío que se transforma en banquete eucarístico es el resorte poético y teatral del espectáculo y al mismo tiempo es de gran eficacia para los fines religiosos de la obra.
A. R. Ferrarin

