[Colección de poesías antiguas y modernas]. Antología poética japonesa, compilada por Kino-Tsurayuki (883-046). Ki-no-Tomonori, Mibu-no-Tadamine (867-965) y Ōshikōchino-Mitsune, por orden del emperador Daigo (898-930). El Kokin-shū, os la primera en orden cronológico, de las veintiuna antologías oficiales (v. Choku-seu-shū), es decir, compiladas por orden imperial. Contiene mil ciento diez poesías repartidas en veinte libros según su tema, a saber: Primavera (libros I y II), Verano (III), Otoño (IV y V), Invierno (VI). Felicitaciones (VII), Separación (VIII), Viajes (IX), «Mono-no- na» (una especie de versos acrósticos, X). Amor (XI-XV), Tristeza (XVI), Temas diversos (XVI1-XVIII), Poesías de ritmos variados (XIX), Poesías de la alta Secretaría para la Poesía (XX). El emperador Daigo había dado la orden de recoger las mejores poesías do Jos contemporáneos y de los poetas de las épocas pasadas, a partir de la época del Manyóshü (v.) en adelante, incluyendo también piezas que no habían podido ser incluidas en aquélla antología.
Por estas razones la colección recibió primeramente el nombre de Shoku Manyōshū (Continuación del Manyōshū) que luego fue cambiado por el actual de Kokin waka-shū, o como se le llama comúnmente, abreviando Kokin-shū. De entre Jas poesías, cuatrocientas sesenta y dos son de autor anónimo, las restantes pertenecen a ciento veintiocho poetas entre los que merecen ser citados los famosos «Rokkasen» (los seis genios poéticos del siglo IX), a saber: Ariwara – no – Narihira (825-880), óno-no-Komaki (834-900), Fumiya-no-Ya- suhide. Sojó Henjó, ótomo-rio-Kuronushi y el obispo Kisen. Están bien representados también los compiladores de la colección, con un conjunto de doscientas cuarenta y cinco poesías. Entre las veintiuna antologías oficiales existentes, el Kokin-shū, es igualado y tal vez superado por el Shinkokin- waka-shū (v.); todas las demás le son inferiores. El Kokin-shū es como un vasto muestrario de un siglo y medio de poesía que nos muestra el camino recorrido por este arte en el Japón. En las producciones más antiguas es visible el estilo del Manyōshū, todo vigor, lozanía, espontaneidad; en las del siglo IX la época de los «Rokkasen» empieza ya a hacerse patente un cierto amaneramiento, pero aún equilibrado por una notable fuerza emotiva, bastante espontanea.
Con la época de los compiladores, generan finalmente en la poesía la reflexión y el virtuosismo en lucha con el corazón y los sentimientos. El culto por el ornato verbal, el artificio, el doblo sentido, se imponen definitivamente y por mucho tiempo serán el canon de toda la producción posterior. Separado así de la realidad, este arte se convierte en mero pasatiempo y puro intelectualismo. De la misma manera que el Manyōshū, también el Kokin-shū es un monumento revelador de la mentalidad, del gusto y de las costumbres de la época. Es notable, por ejemplo, que el amor esté representado por un conjunto de cinco libros con un total de trescientas sesenta poesías (es decir, poco menos de la tercera parte de toda la colección) que dan una idea de la libertad que reinaba entonces en las relaciones entre los sexos. Lo mismo que en el Manyōshū, también en el Kokin- shū las ideas chinas y budistas encuentran amplia expresión, pero de un modo que deja ‘entender claramente hasta qué punto estos elementos hablan penetrado en la conciencia indígena, fundiéndose de tal manera que llegaban a parecer como productos originales. No reviste menor importancia que la colección, el prefacio, obra de la pluma de Ki-no-Tsurayuki, el principal colaborador. Es importante por ser el primer ensayo de crítica literaria compuesto en lengua nacional y en un estilo claro y elegante que ha quedado como ejemplar típico y admirable del género y como modelo de otros trabajos posteriores.
El autor hace gala en él de toda su erudición, de toda su habilidad de literato y de artista do pincelada delicada y segura. En conjunto es una defensa de la poesía nacional, hasta entonces descuidada por los autores nipones. Tsurayuki se remonta a las mismas fuentes de la poesía y de la sensibilidad poética nacionales, señalando sus límites y poniendo en evidencia todos sus méritos a la luz de ejemplos sacados desde los más antiguos poetas hasta los contemporáneos. El juicio de M. Révon es particularmente acertado y feliz: «Nada más delicioso que esta crítica, fragante de poesía, de esta sana filosofía que se oculta bajo las ingrávidas llores de un estilo siempre discreto. Es una poesía en prosa, donde cada juicio se convierte en imagen, donde cada palabra despierta un mundo de. recuerdos y de impresiones». El prefacio ha sido traducido aparte varias veces. Las poesías del Kokin-shū fueron traducidas también muchas veces, pero sólo parcialmente, y suelen incluirse en las obras europeas de conjunto sobre la literatura japonesa. La única versión completa es una inglesa, por cierto muy deficiente, de T. Wakameda (Early japané$e. poets, Tokyo. 1929). G. Bonneau. después de haber dado una excelente traducción {la mejor de todas las que se han hecho) francesa del prefacio (Le monument poetique de Heian: Le Kokin-shū, París, 1933). actualmente está trabajando en la antología completa.
M. Muccioli

