Evasión, John Galsworthy

[Escape]. Drama episódico en un prólogo y dos partes en 1926. Está construido con una técnica escénica bas­tante distinta de la convencional: podría definirse como de neta inspiración cine­matográfica. Es una secuencia de cuadros en los cuales se describe la breve estancia en el mundo de un preso evadido de la cárcel: Matt Denant, un ex oficial injusta­mente condenado.

Los diversos tipos que el desgraciado encuentra durante el breve pe­ríodo de evasión son una joven señora, dos solteronas, un grupo de gitanos, una pareja, algunos obreros y un pastor anglicano: todos muestran hacia él sincera piedad; firmemente convencidos de su inocencia, se empeñan en salvarle ofreciéndole refu­gio y brindándole todas las posibilidades de huir de la caza que le dan los policías. Pero el pastor, hombre justo y bueno, se encuentra ante la terrible alternativa: o abandonar su sentimiento de caridad y de humanidad, entregando el fugitivo a la jus­ticia, o conservarlo a su lado para salvarle, sacrificando así su honor de religioso. Pero el dilema se resuelve inesperadamente: el evadido, conmovido por la bondad del pas­tor, cuyo drama íntimo y profundo com­prende, con un sentido de comprensión y de abnegación sublime que le llevan hasta el sacrificio, se entrega espontáneamente a los policías que le buscan.

Esta última co­media de Galsworthy, que es la apoteosis de la bondad y de la fraternidad entre los hombres, refleja la tesis que sostiene en todas sus obras: mutua comprensión, gue­rra al odio, lealtad hacia los semejantes, sin espíritu de corporación, sin división en castas, con el fin de alcanzar mayor armo­nía entre los hombres. Evasión se asemeja en su planteamiento a Justicia (v.): tam­poco aquí el protagonista es un vulgar asesino, sino una víctima de-la justicia hu­mana, un hombre valeroso y simpático que anhela la libertad de la que se ve injusta­mente privado. Pero entre el joven Falder de Justicia y Matt Denant hay una dife­rencia sustancial, cuya profunda ironía re­vela el autor: quien consigue escapar de la cárcel y sustraerse a la justicia es reci­bido con los brazos abiertos por todo el mundo; mientras aquel que, obedeciendo los dictámenes de la justicia, permanece en la cárcel hasta el fin expiando culpas que no ha cometido, cuando regresa a la sociedad se ve rechazado por todos y vuel­ve a caer en el vicio.

G. M. Mantegazza