El Verdadero San Ginés, Jean de Rotrou

[Le Véritable Saint Genest]. Tragedia de Jean de Rotrou (1609-1650). Estrenada en 1646, la obra, además de sacar su motivo de Lope de Vega (Lo fingido verdadero, v., Madrid, 1621) parece clara y directamente inspirada en Polieuctes (v.) de Corneille; sin embar­go, el extraño genio de Rotrou consiguió darle un sello de inconfundible personali­dad, complicando libremente la leyenda con elementos historicofabulesos y logrando unos efectos técnicos realmente sugestivos.

Ginés es un actor pagano que por necesi­dades de su oficio tiene que representar en una ocasión, en presencia de los emperado­res Diocleciano y Maximiano, un drama cristiano, «El martirio de Adriano». Se ensi­misma de tal manera en su papel, que se siente transformado en su interior por un sentimiento que todo lo domina: milagrosamente alcanzado por la gracia, en el pun­to culminante de la representación introduce en su papel unas inspiradas variantes, sin­tiéndose él mismo atraído por el martirio, que afronta e invoca, proclamando la Ver­dad que lo ha conquistado irrevocablemente, y despreciando serenamente las insistentes súplicas de sus compañeros y las amenazas de los dos emperadores. Hay en la obra aquel motivo del «teatro en el teatro» que era particularmente apto para tentar a un autor ingenioso y de talento como Rotrou; además, la vida de la compañía de cómicos dirigida por Ginés, el drama que tienen que representar y la íntima vicisitud del protagonista, en sus reflejos sobre el público que nada sospecha, forman casi una triple acción, ofreciendo al poeta la ocasión para lucir toda su habilidad.

La cual, en esta obra, a diferencia de las otras del mismo autor, contribuye efectivamente a profun­dizar el drama y crear la atmósfera más pro­picia para aquellos arrebatos poéticos en los que Rotrou hace sentir todo su valor. Se explica, pues, que muchos consideren el San Ginés como su obra maestra, dándole un sitio aparte en la producción dramática del «Grand Siècle», junto a obras más fa­mosas, aunque no siempre más originales.

M. Bonfantini

Rotrou puso en esta tragedia una tal ori­ginalidad de concepción, un olvido de las reglas convencionales, una mezcla de inge­nuo y profundo, de cómico y sublime, que hacen de ella una obra única en la lite­ratura francesa. (Sainte-Beuve)