[Dagli atrii muscosi]. Coro en once estrofas de seis dodecasílabos rimados AABCCB, que cierra el tercer acto de los Adelchi (v.) de Alessandro Manzoni (1785-1873). Este coro, llamado también «de los longobardos» a diferencia del coro La batalla de Maclodio (v.), del Conde de Carmagnola (v.), emana directamente de la inspiración del drama; y su pesimismo cristiano, concepción dolorosa de la propia historia del protagonista, queda redimido por una viril aceptación de la realidad, en la cual sólo quien tiene valor para las grandes renuncias y las grandes acciones obtiene la libertad. El coro se abre a un panorama doloroso y solemne de ruinas y servidumbres;
«de los atrios musgosos, de los foros cayentes / de los bosques, de las rojas fraguas estridentes / de los surcos regados con siervo sudor»,
el ítalo «vulgo disperso» se despierta y tiende el oído a un lejano rumor de batalla; en su rostro se mezcla el «sufrido desprecio» con el mísero orgullo de un glorioso pasado, mientras que para los opresores longobardos ha llegado la hora de la fuga y del terror, y llegan de todas partes los francos. El vulgo itálico «con alada esperanza prevé el acontecimiento» y «sueña» el fin de la larga servidumbre. Pero, advierte el poeta, aquellos fuertes lo han dejado todo para acudir prontos al grito de guerra; mas, el premio esperado y prometido a sus fatigas, ¿consistiría sólo en restituir la libertad a un «vulgo extranjero» e impotente y que no merecería la libertad por ser incapaz de conquistarla? Si ésta es vuestra esperanza, podéis volveros a vuestras «soberbias ruinas». Vencidos y vencedores se reconciliarán en perjuicio de los opresores y el pueblo italiano quedará «como un vulgo disperso que nombre no tiene». Admirable por la perfecta fusión de tonos y motivos y por su ritmo grave, austero, solemne, el Coro de los longobardos se eleva en muchos puntos a la grandeza y a la solemnidad de la verdadera lírica coral. La inspiración politicocivil adquiere sustancia de poesía en la representación; y los tres grandes cuadros del pueblo itálico, de los longobardos en fuga, de los francos vencedores, se funden en una unidad lírica e ideal. Junto a Pentecostés (v.), Himnos sacros (v.), la Muerte de Hermengarda (v.) y el Cinco de mayo (v.), el Coro de los longobardos figura entre las expresiones más altas, mejor fundidas y más solemnes de la poesía manzoniana, mientras que por su finalidad política y civil se enlaza directamente con el coro La batalla de Maclodio y la oda Marzo 1821 (v.).
D. Mattalía
Un ritmo animado y sometido gobierna los versos, y hasta cada una de las palabras; y quizá nunca Manzoni mostró tanto atrevimiento verbal, jamás buscó palabras más intensas y plásticas que en este coro, en que la idea majestuosa está plagada de imágenes, como en una arquitectura en que resplandecen los frescos y las estatuas. (F. Flora)

