De la Vida del Cardenal Bellarmino, Daniello Bartoli

[Della vita del Cardinal Bellarmino]. Biografía en cuatro libros de Daniello Bartoli (1608-1685), publicada en 1678. El autor emprende la narración de la vida de un cristiano con la convicción de hacer algo útil a la Iglesia, a la cual somete sus juicios sobre las virtudes heroicas del per­sonaje.

Bartoli se acerca a la figura de san Roberto Bellarmino (1542 – 1621) con veneración, pero también con cierta perspicacia, en su intento de aclarar cuanto había de excepcional en la naturaleza de un vigoroso polemista. Por esto emprende su cometido de «renovar» la imagen de aquella vida con todos los medios de que dispone: testimonios orales, investigaciones de archi­vo y estudios de tesis. Bellarmino es el verdadero soldado de la Iglesia contra los heréticos, «un hombre a quien puede darse con verdad el glorioso sobrenombre de he­roico». Su gran ingenio y admirable senci­llez de vida muestran que la verdadera fe no se reviste de inútiles pompas, sino que se une a la llaneza y sinceridad. Hijo de Vincenzo Bellarmino y de Cinzia Cervini, hermana del papa Marcelo II, el joven Ro­berto tuvo los mejores auspicios por parte de su familia, cuya nobleza muy pronto so­brepasó con su fe en los destinos de la Iglesia y con la pureza de su propia vida.

Acogido por el padre general Laínez en la Compañía de Jesús, junto con su primo Riccardo Cervini, Bellarmino llama la aten­ción por el profundo conocimiento de la doctrina; predica en latín en Lovaina y con­quista verdadera fama, por lo que es soli­citado por San Carlos Borromeo para que vaya a Milán; y también es llamado a París. Los heréticos reformados intentan matarle para impedirle que combata con tanta efi­cacia sus doctrinas. Después de siete años de permanencia en Lovaina va a Roma a enseñar acerca de las controversias de la fe. Hasta los heréticos sienten la superioridad de su inteligencia (libro I). Enviado a Pa­rís por Sixto V, continúa su batalla por la fe: es el verdadero campeón de la Contra­rreforma, no admite tergiversaciones en ma­terias delicadas como los dogmas, e impide toda vacilación en las cuestiones funda­mentales de la fe.

En Roma lo nombran rector del Colegio romano. De él adquiere vigor para su propia fe también San Luis Gonzaga. Después de haber presidido el go­bierno de la provincia de Nápoles, es nom­brado cardenal (1599) por Clemente VIII, y después arzobispo de Capua. Su autoridad se hace cada vez más grande e indiscutible: mientras por pocos votos está a punto de ser elegido Papa en dos cónclaves, sigue mostrando su valor de colaborador de los pontífices, particularmente de León XI y Paulo V, y es el más fiel soldado de la Com­pañía de Jesús. Después de haber adminis­trado el arzobispado de su nativa Montepulciano por deseo del Gran Duque, conti­núa trabajando en sus obras de piedad has­ta su muerte. Quiso ser sepultado con suma modestia, pero por orden papal fue derogada esa voluntad suya para poder significar a todos la santidad de su vida (libro II).

Si­guen en esta biografía los testimonios de estima de amigos y de enemigos (libro III). Sus virtudes excepcionales están indicadas de modo preciso por catorce cardenales. Así, por su testamento, lleno de abnegación y de fe, y por los actos de su vida se puede sacar en conclusión que su existencia fue de sumo provecho para la Cristiandad (lib. IV). La obra de Bartoli, desarrollada en tono de apología y de propaganda religiosa (es de notar la elevación de Bellarmino a los alta­res, que se efectuó acto seguido), hace que en muchas páginas la figura del personaje sea revivida con calor y eficacia. Pero el escritor demuestra poquísimo interés por los problemas de la política pontificia de aquel tiempo.

C. Cordié

Daniello Bartoli, artífice habilísimo e in­superable de períodos y frases, de estilo a la vez preciosista y florido. (De.Sanctis)