Cancioneros Castellanos

Grandes colecciones de composiciones poéticas, principalmente de amor, recopiladas duran­te los siglos XV y XVI de una manera aná­loga a las de la antigua lírica galaicoportuguesa (v. Cancioneros portugueses). Las más conocidas y estudiadas son:

1) El Cancionero de Baena, que toma el nombre de su compilador, Juan Alfonso de Baena, que lo dedicó (aproximadamente en 1445) al rey Juan II de Castilla y León. Publicado por primera vez en Madrid (1851) y más tarde en Leipzig (1860), este cancionero co­lecciona la producción lírica que floreció durante los reinados de Enrique II, Juan I, Enrique III y la menor edad de Juan II, y atestigua la contraposición de dos tenden­cias: la de tipo arcaico, que continúa la tradición galaicoportuguesa, y la más mo­derna, que introduce en las letras españolas el tipo de alegoría que deriva de la Di­vina Comedia (v.). Esta última tendencia, representada principalmente por micer Francisco Imperial, que preparará 2l triun­fo del italianismo y, por lo tanto, una de­cidida separación de la tradición medieval, es la que abre camino a Juan de Mena, a Santillana y a los Manrique. Sin tomar en cuenta las canciones de tipo arcaico, la métrica que en este cancionero se afirma es el empleo del endecasílabo con acento constante sobre la cuarta sílaba, y del ver­so de doce sílabas con dos hemistiquios de seis cada uno en estrofas de «arte mayor».

2) El Cancionero de Stúñiga, que toma el nombre del primer poeta que se encuen­tra en él, Lope de Stúñiga. Es una selec­ción recopilada en Nápoles después de la muerte (1458) de Alfonso V el Magnánimo y contiene composiciones de carácter esen­cialmente lírico, entre los que se encuen­tran poesías de tono popular («romances»). El poeta más notable de este cancionero es Carvajal, el más antiguo autor español que firma romances y escribe en italiano. Fue publicado en Madrid en 1872.

3) El Cancio­nero de Londres (en cuya biblioteca se en­cuentra) es una colección seleccionada des­pués del año 1471, que nos presenta una buena serie de poetas que vinieron después del reinado de Juan II hasta el de Fer­nando e Isabel. Fué publicado en Erlangen en 1895.

4) El Cancionero General de Her­nando del Castillo, su redactor, que sacó mucho material de los tres anteriores can­cioneros, dándonos una colección rica, aproximadamente, de un millar de composiciones, distribuidas según su contenido y su forma, y a veces reunidas por autores. Encontramos en él, bien documentada, la producción poética del tiempo de los Reyes Católicos, desde la lírica religiosa («obras de devoción») a la humorística («obras de burlas»), con abundancia que permite ha­llar en la literatura el color del tiempo. Publicado en Valencia en 1511, alcanzó nu­merosas ediciones por obra del mismo com­pilador que introdujo adiciones y enmien­das.

5) El Cancionero de Fernández de Constantina, que quizá deriva de la colec­ción de Hernando del Castillo, del que si­gue el mismo orden, pero con libre elección y con lecturas que demuestran en alguna composición una fuente distinta y más co­rrecta. El título que le dio el compilador es el de Guirnalda esmaltada de galanes y elo­cuentes decires de diversos autores. Publi­cado en Madrid en 1914.

6) El Cancionero de obras de burlas provocantes a risa (v.) reúne, ensanchando una sección que se encuentra en el Cancionero General de Her­nando del Castillo, todas las composiciones en las que se funden al mismo tiempo lo satírico, lo licencioso y lo abiertamente obsceno, haciéndonos conocer la otra cara del idealismo sentimental que en las poe­sías de amor caracteriza el gusto de la épo­ca. Fue publicado en Valencia en 1519.

M. Casella