Cancionero de Jordi de Sant Jordi

Las 18 composiciones que integran el Can­cionero del caballero y autor catalán Mossén Jordi de Sant Jordi (que debió nacer en el Reino de Valencia a fines del siglo XIV y murió entre los años 1423 y 1425), signi­fican para la poesía catalana medieval, el punto de transición entre la tradición provenzal y la influencia petrarquista. Su vida junto al Magnánimo le dio ocasión de co­nocer y entablar amistad con otros poetas que estaban al servicio del mismo rey, no sólo catalanes, como Andreu Febrer y Ausiás March (v. los respectivos artículos de Poe­sías), sino con castellanos como el Mar­qués de Santillana, quien a raíz de la muerte del poeta catalán escribió la Coronagión de Mossén Jorde (v.), poema ale­górico en el que Homero y Virgilio coro­nan a nuestro poeta. Años más tarde, en­tre 1445 y 1449, el mismo Marqués de San­tillana había de referirse a Jordi de Sant Jordi en el famoso Prohemio (v.) que diri­gió al Condestable Don Pedro de Portugal. De su vida militar junto a Alfonso el Mag­nánimo nos ha dejado, el poeta, una com­posición como recuerdo, «Presoner» [«Cau­tivo»], escrita en ocasión de la toma por sorpresa de Nápoles por el «condottiere» Sforza (1423). La totalidad de los temas que hallamos en las poesías de Jordi de Sant Jordi (tema de la nostalgia, el debate entre ojos, pensamientos y corazón y sobre cuál de ellos ocupa el primer lugar en el amor de la dama, el tema de la muerte de amor, del sitio de amor, etc.) así como los géne­ros, están entrañablemente vinculados a la tradición trovadoresca. De cada uno de estos temas de la poesía de Jordi de Sant Jordi es fácil hallar precedentes en la poesía trovadoresca. Ahora bien, el tópico, en nuestro poeta, viene salvado por el fondo de autenticidad que hay en sus versos y por la interpretación que de él realiza el poe­ta. Esto aparece claramente en algunas de sus composiciones, como «Presoner», «Stramps», etc.

En la primera el tópico medieval de la prisión viene avalado por la experiencia de haber permanecido, el poeta, cautivo de Sforza: «Desert d’amichs, de béns e de senyor, / en estrany loch y en stranya contrada, / luny de tot bé, fart d’enuig e tristor, / ma voluntat e pensa caytivada…». Al principio de los «Stramps» — una de las piezas antológicas de toda la historia de la poesía catalana — Jordi de Sant Jordi nos propone una originalísima versión del tema de la muerte por amor. Este tema se conjuga, en unos versos ad­mirables, con una creencia popular, según la cual la imagen del asesino queda gra­bada en la retina de la víctima: «Jus lo port vostra bella semblanza / de que mon cors nit e jorn fa gran festa, / que remiran la molt bella figura / de vostra fía? m’és romassa l’empremta / que ja per mort no se’n partrá la forma, / ans quant seray del tot fores d’est segle, / gels qui lo cors por­taran al sepulcre / sobre ma fag veuran lo vostre signe». El poema continúa con una estrofa en la que el poeta compara la con­templación de que es objeto la amada con la del niño que mira un retablo y se exta­sía ante las figuras y el oro, y afirma que le ocurre lo mismo ante su dama: «atres- sí’m pren devan l’amorós sercle / de vos­tre cors, que de tants béns s’enrama». Si­guen unas estrofas encomiásticas en las que el poeta llama a su dama «blanca paloma», «hermosa sin par»; dice que es semejante al carbunclo, que es el «hermoso árbol de todos los buenos frutos», etc. En esta com­posición hay influencias concretas de al­gunos trovadores, especialmente de Bernart de Ventadorn, Bertrán de Born y Arnaut Daniel. Lo mismo que ocurre con los temas ocurre con los géneros que usa Jordi de Sant Jordi. Ejemplo de ello pueden ser su «Escondit» y «Los enueigs». Las poesías res­tantes obedecen a las mismas característi­cas: «Lo setge d’amor» desarrolla el tema del amor que sitia el corazón del poeta (tema que tratará Santillana en su soneto «Sitio de amor con grand artellería»); «Enyorament, enuig, dol e desir» es una compo­sición laudatoria al igual que «Aymia»; en «Midons» recurre el poeta, en sus alabanzas a la dama, a comparaciones bíblicas; «Pas- sio amoris» es un poema colectivo, con una influencia de la doctrina ovidiana del amor, lleno de personificaciones y alegorías, que Santillana cita en el Prohemio.

En esta misma obra aparece citada otra composi­ción de Jordi de Sant Jordi, «La cangión de oppósitos» — como la llama Santillana —, que principia con el verso «Tots jorns aprench e desaprench ensemps», derivada, en su género, de la «cohtentio» de las re­tóricas latinas medievales. En ella junto a la influencia provenzal aparece clara la de la lírica de Petrarca. «Crida» es una espe­cie de pregón en la que el poeta afirma que ha decidido no amar ya a ninguna dama; de tono semejante es «En mal poders, en- queres en mal loch», que responde al géne­ro del «maldit»; «L’estat d’onor e d’amor» desarrolla temas de caballería y de amor cortés: «Lo canbiador» es una sátira contra los traficantes y mercaderes; etc. La tradi­ción trovadoresca, que desde mucho tiem­po vivía una época de decadencia y que en otros países había sido substituida por otras escuelas poéticas, tiene en Cataluña, con Jordi de Sant Jordi, un intérprete feliz que sabe dar vitalidad a los viejos temas. Los versos del poeta poseen gran agilidad y están escritos en un lenguaje sumamente expresivo, con provenzalismos (e incluso ultraprovenzalismos). Las imágenes y com­paraciones son escasas, pero de gran efecto literario. En cuanto al verdadero nombre de la dama que se esconde bajo los «senhals», el prof. Martín de Riquer (cfr. Jordi de Sant Jordi. Estudio y edición. «Colec­ción Filológica», n.° XV. Universidad de Granada, 1955) ha propuesto la identifica­ción con doña Margarita de Prades, viuda de Martín I el Humano, dama cantada tam­bién por Santillana en El planto de la reina doña Margarida.

En estos nuestros tiempos floreció mossén Jorde de Sanct Jorde, cavallero pru­dente, el qual ciertamente compuso assaz fermosas cosas, las quales él mesmo aso- nava, ca fué músico exgellente, e figo, entre otras, una Cangión de oppósitos, que comienga: «Tosjorns aprench e desaprench enseras»; figo la Passión de Amor, en la qual copiló muchas buenas canciones antiguas… (Marqués de Santillana)