Relato de Georges Courteline (1860-1929), publicado en 1892. Boubouroche (v.), un próspero y pacífico burgués, vive beatíficamente en el amor confiado hacia su Adela, una viuda a la que ahorra las pequeñas molestias de la existencia, pagando por ella el alquiler de la casa y todo lo demás. Un vecino de la mujer le avisa que ésta le traiciona. Furioso, acude a la casa, creyendo encontrar a un hombre; ella niega serena, quiere que su amigo registre todos los rincones del piso. Casi convencido, obedece sin embargo; y descubre un jovencito encerrado en un gran armario. Adela no se altera y todavía convence a Boubouroche de su inocencia, pero sin decirle el nombre del joven; es un secreto que se refiere a otra persona. Boubouroche la cree porque tal es su deseo y su necesidad. Y desahogará su ira con el vecino de Adela que de ese modo ha turbado su paz. Es la eterna e inagotable hipocresía de la mujer, la eterna ingenuidad del hombre que acaba creyendo lo que agrada a su cómodo egoísmo. Viejo asunto tratado con original relieve en las figuras, en el idioma gustosamente colorista. El autor, humorista algo burdo pero divertidísimo en sus historias de cuartel y de tribunales, ha dado con ésta su obra maestra, con su fondo de amarga melancolía. Después la convirtió en la comedia del mismo nombre, en dos actos (estrenada en 1893), muy parecida al relato, con detalles más vivos, un atrevimiento más descarado en la mujer y en el hombre un abandono más credulón; puede considerarse una farsa de estilo literario y de agudo sentido humano.
V. Lugli
Tenía la imaginación cómica, es decir, la facultad de aproximarse con la intuición, de modo que suspendía y emocionaba, rasgos que en la vida real están dispersos e incluso muy alejados unos de otros. (Fernández)

