Bel-Ami, Guy de Maupassant

Novela de Guy de Maupassant (1850-1393), aparecida en 1885. Georges Du- roy, de humilde origen, mediocremente ins­truido, resuelto, de ingenio rápido y, sobre todo, guapo muchacho, después de haber sido durante algunos años suboficial en África ha ido a París para probar fortuna. Trampea al principio en un miserable em­pleo; pero el encuentro con un antiguo compañero de armas, Charles Forestier, que se ha hecho una situación en el periodismo, le ofrece la ocasión tan esperada. La mujer de su amigo, Madeleine, mujer hermosa, ambigua e intrigante, le ayuda a redactar el primer artículo en la «Vie Fran?aise», que tiene éxito. Duroy agrada al dueño del pe­riódico, el rico Walter, astuto negociante; es aceptado para los sucesos y las crónicas y su ánimo descarado substituye a la habili­dad literaria que le falta. Pero, sobre todo, gusta a las mujeres: Madeleine le dirige sabiamente con sus consejos, Cleotilde de Mareile, joven señora elegante y corrom­pida, se convierte en su amante, la misma mujer del dueño del periódico y su joven hija se vuelven locas por él, y a la vez un duelo afortunado aumenta su prestigio. To­das estas amistades femeninas ayudan na­turalmente a subir a Duroy, convertido ya en Bel-Ami (v.): el nombre le ha sido dado por la hijita de una amiga suya que sufre también su fascinación.

En verdad Bel-Ami no se lanza con un plan bien definido de vulgar explotador de mujeres sino que le colocan en aquella vida, las mismas mujeres que le aman, por el ambiente equívoco que le envuelve; sólo lentamente su carácter de arrivista sin escrúpulos surge y se impone la idea de abrirse camino con aquel medio: de lo cual resulta una desenvoltura y cierto aire de ingenuidad en su hipocresía, que engaña incluso a los menos sencillos. La conquista de madame Walter ya no respon­de a una sencilla curiosidad de vicioso; ya la despiadada habilidad con la que más tarde guarda las distancias, después del primer capricho, con la pobre mujer, reve­la de lleno su propósito. Su amigo Fores­tier muere tísico; Bel-Ami casa con la viuda Madeleine, concluyendo con ella una espe­cie de pacto de alianza. También muere el viejo conde de Vaudrec, amigo asiduo de casa Forestier y luego de casa Duroy, de­jando a Madeleine un millón. Para que ella pueda heredar es necesario el consentimien­to del marido: Bel-Ami pretende que es indispensable «salvar las apariencias», y concede a su mujer el consentimiento a cambio de la donación de la mitad del ca­pital. Entre tanto «La Vie Française» ha conseguido el éxito: el hombre político que la misma apoyaba, el joven Laroche-Mat- hieu, llega a ministro y es asiduo en casa de Duroy, quien en adelante se hace llamar monsieur Du Roy, y está más en auge que nunca.

Pero eso no le basta, si lo compa­ra con la inmensa fortuna de su patrón, el negociante Walter. Bel-Ami, que está ena­morando a su hija de dieciséis años, Susa­na, hace sorprender en el momento opor­tuno a su propia mujer y el ministro en ín­timo coloquio, obliga al ministro a la dimi­sión y se divorcia de su mujer. Luego rapta a Susana y persuade a Walter para que se la dé como esposa, sin preocuparse de la madre de la joven, que se vuelve loca de dolor. El libro tuvo enorme éxito y promo­vió un gran escándalo: Maupassant, acusado de demasiado pesimismo y de haber cargado las tintas, respondió que había querido, sen­cillamente, hacer la sátira de «cierto pe­riodismo» y de «ciertos ambientes» políti- comundanos de la capital. Pese a la extre­ma habilidad de los pasajes, la novela, cen­trada en un solo personaje de psicología bastante sumaria, queda quizás demasiado como una cadena de cuadros independien­tes. Es sin embargo una obra de brío irre­sistible, de un estilo veloz y preciso, muy eficaz, altamente característica en la pro­ducción literaria del tiempo. [Trad. espa­ñola de A. Riera con el título de El buen mozo (Barcelona, 1905)].

M. Bonfantini