Balada de la Cárcel de Reading, Oscar Wilde

[The bailad of Reading Goal]. Pequeño poe­ma del escritor inglés Oscar Wilde (1854- 1900), compuesto durante su prisión y publi­cado en 1898, sin nombre de autor, sino sólo con la cifra con que había sido inscrito en la cárcel: C.3.3. Este poema, que es la obra maestra de Oscar Wilde, puede considerarse como una de las mejores baladas de la literatura inglesa; traducida a todas las lenguas europeas, pronto se hizo famo­sa, por su intrínseco valor artístico y por las circunstancias en que había nacido. Fue compuesta en memoria de C. T. V., soldado de la guardia real a caballo, condenado a la horca por haber matado a la mujer que amaba. En él ve el poeta a la humanidad condenada a destruirse ella misma — con una mirada de odio, con palabras acaricia­doras, o con la espada— el objeto de sus propios amores o de sus propias esperan­zas; y, sin embargo, pocos hombres expían sus delitos en la prisión.

Tres motivos fun­damentales tiene la balada: una profunda piedad por todos los que sufren en la cár­cel: «cada prisión que edifican los hombres está construida con ladrillos de infamia y está cerrada con barrotes, por miedo de que Cristo vea cómo los hombres destrozan a sus hermanos»; un estudio psicológico del condenado que no se retorcía las manos, que no lloraba, ni se atormentaba, pero res­piraba el aire a grandes sorbos, como si el aire contuviese alguna virtud desconocida y miraba con ojos ardientes «esa exigua es­trechura de azul que los prisioneros llaman cielo y a cada nube que navegaba por ella indiferente, libre y feliz»; y una compara­ción ideal entre la justicia de los hombres’, que siempre castiga despiadada, y la jus­ticia de Dios, que sabe convertirse en mise­ricordia, creando vida nueva, allá donde los hombres sólo ven ruinas. Todos los ver­sos brotan de este contraste entre la ciega razón humana, que juzga y condena, dejan­do que huya la verdadera vida del hombre, que necesita ser salvado y consolado, y la piedad divina que desciende sobre todos los pecadores, porque por todos vertió su pro­pia sangre el Hijo de Dios. Confinado dos años en la cárcel de Reading, Wilde, en contacto con el dolor, repudiado hasta en­tonces, y ahora aceptado y vivido con hu­mana plenitud, conoce el mundo de la hu­mildad y de la fe, y de esta experiencia nacieron, con la Balada de la cárcel de Reading y con el De Profundis (v.), sus obras más elevadas. [En 1898, año de su aparición, la tradujo al castellano Darío Herrera en el «El Mercurio de América» (diciembre, 1898). Más cuidada es la ver­sión de Ricardo Baeza (Madrid, 1911) a la que hay que añadir la de Julio Gómez de la Serna en las Obras completas (Ma­drid, 1943)].

B. Schick

*   Un poema sinfónico con el título de La balada de la cárcel de Reading escribió en 1921 Jacques Ibert (n. 1890).