Alarcos, Friedrich Schlegel

Drama del crítico alemán Friedrich Schlegel (1772-1829), representa­do en Weimar en 1801, en presencia de Goethe que impuso silencio a la multitud bulliciosa que, acertadamente, lo desapro­baba. De hecho el tono enfático y la vio­lencia de los efectos eran tales, que, como dijo Kórner, parecía «una parodia de tra­gedia». El argumento procede de un antiguo «romance» español dramatizado varias veces por los autores del Siglo de Oro (Lope de Vega: La fuerza lastimosa; Guillén de Castro, Mira de Amescua y, en nuestros días, Jacinto Grau, El conde Alarcos). El conde Alarcos, por quien suspira Solisa, hija del rey, había sido una noche su amante y ella le había arrancado pro­mesas de amor eterno. Pero Alarcos, sintiéndose indigno de aspirar a su real mano, se ha casado con Doña Clara, muchacha piadosa, bella y dulcísima, a quien ahora ama tiernamente.

Solisa, que se desespera, confiesa su falta a su padre y le persuade para que obligue a Alarcos a reparar su daño. El cruelísimo rey llama al conde y le impone, por su honor, que mate a su mujer y se case con Solisa. Alarcos se ve obligado a perpetrar el infame crimen, pero vengará a Clara matando al rey y matándose a su vez. Pero le anuncian que Soli­sa ha muerto de melancolía y el rey, en una crisis de terror y de remordimientos por los crímenes cometidos, también ha muerto. Esta obra, más teorizadora que artística, ofrece un interés puramente his­térico-literario, por la manera de pasar por todas las métricas, de las tradicionales alemanas a las españolas y a las clásicas, y sólo cuenta como documento del drama «universal» proclamado por los románticos, o sea de la tragedia clásica con vestidos modernos, donde el Destino es sustituido por el Dios cristiano, como se manifiesta en la plegaria de Clara moribunda.

G. Federici Ajroldi