Discurso histórico sobre el texto del Decamerón, Ugo Foscolo

(Discorso storico sul testo del Decamerone]. Ensayo crítico- filológico pu­blicado en Londres, el año 1825, como pre­facio a una edición del Decamerón (v.), realizada por el poeta. Pretende ser una justificación de los criterios seguidos por el editor, pero da mucho más de lo que promete, ya que Foscolo, queriendo demos­trar por qué motivos la obra de Boccaccio se ha convertido en ejemplar por la exce­lencia de lenguaje y de estilo en prosa, traza a grandes rasgos una historia de la lengua italiana, con un sentido vivo de los problemas lingüísticos, fruto de la ex­periencia del escritor, y con la clara con­ciencia de que «la lengua es algo entrañado en la cultura de la nación» y por ello su historia se halla íntimamente ligada a la historia de su cultura.

La crítica de Boccac­cio apenas se esboza indirectamente en el Discurso; pero cuando Foscolo descubre la errónea pretensión de los críticos del si­glo XVI, que intentan deducir del Deca­merón la lengua y el estilo, sin recono­cer que esa lengua y ese estilo eran pecu­liares de Boccaccio, establece una clara dis­tinción entre la lengua y el estilo de Boccac­cio y el de sus imitadores y señala alguna de las características de aquella prosa, que si está alejada de su ideal artístico, que resume en los términos de «velocidad» y «evidencia», no por ello, a su juicio, es menos admirable. («Boccaccio se detiene en cada cosa, y la desarrolla, con esa ma­nera de aplicar las pinceladas, que los pin­tores llamarían prolija… Boccaccio mima su lengua como un enamorado. Se diría que en cada palabra veía él una vida propia, sin que sintiera la necesidad de ser ani­mada por el intelecto… La excelencia de cada una se la indicaba el oído, que para estructurar la prosa tenía delicadísimo»). Y acerca del «número» de la prosa de Boccac­cio y sobre los diversos medios utilizados por el escritor para obtenerlo, legítimos en él y absurdos en los imitadores, Foscolo ha­ce observaciones finísimas. Este Discurso es a la vez una batalla contra la retórica anti­gua y el comienzo de una crítica nueva.

M. Fubini