Las Aventuras de Tom Sawyer, Mark Twain

[The adventures of Tom Sawyer]. Obra de Mark Twain (Samuel Langhorn Clemens, 1835-1910), publicada en 1876. Como el mis­mo autor escribió, su narración recoge mu­chas vicisitudes realmente acaecidas en ex­periencias personales suyas y otras de mu­chachos que fueron compañeros de colegio de Mark Twain. Pero si Huck Finn (v.), está tomado de la vida, Tom Sawyer (v.) no proviene de un solo individuo; es, por el contrario, la combinación de las caracterís­ticas de tres muchachos a quienes el autor conoció; pertenece pues este personaje a una arquitectura compuesta. También las supersticiones de que se habla en el libro parece que predominaban entre los esclavos del West por la época de esta narración. Twain dedicaba su libro a un vasto público de lectores para recordarles lo que fueron sus tiempos y cómo sentían y pensaban y hablaban, y en qué extrañas empresas se empeñaban a veces. Con esta obra iniciaba, pues, una vasta epopeya realista, un pano­rama americano de los primeros habitantes de las llanuras del Oeste Medio que con­cluiría con las Aventuras de Huckleberry Finn (v.), manteniendo los mismos perso­najes en ambos libros.

Las aventuras de Tom Sawyer giran alrededor de lo ocurrido a los dos amiguitos, Huck y Tom, que han ido a enterrar un gato a medianoche en el cementerio de la aldea, más que en las aventuras escolares de Tom, o sus compañe­ros y los demás que sirven de pretexto al autor para mostrarnos los varios aspectos del pueblo en que viven nuestros héroes y en los cuales la ingeniosidad de Tom se manifiesta triunfalmente. En el cementerio, aquella noche Tom y Huck son invisibles testigos de un asesinato. En efecto, Joe el indio y un tal Muff Potter que, borracho, ha sido inducido por Joe a seguirle, han ido con el médico de la comarca a desen­terrar a un muerto; se produce una disputa sobre el precio que el indio exige por la tarea, y por guardar el secreto, y de aquí, a causa de antiguos rencores del indio, se origina una pelea en la cual el doctor con­sigue aturdir de un golpe a Potter, pero luego le mata el indio que pone el arma del delito, un cuchillo perteneciente a Pot­ter, en manos del desmayado; y, cuando éste vuelve en sí, le hace creer que ha sido el autor de la fechoría. Por la mañana se descubre el delito, se encuentra el cuchi­llo ensangrentado de Muff Potter junto al cadáver del doctor y Muff es detenido, mientras la aldea se entera del suceso inu­sitado que ha turbado su tranquilidad. El proceso; el desenmascarar al indio, que huye por una ventana cuando Tom Sawyer se decide a hablar; el extravío de Tom por una gruta; su encuentro con el indio que quiere vengarse de él; y, en fin, la muerte del indio, todo ello son pretextos para pin­tar al eterno muchacho, que en sus esca­padas y en lo pintoresco de la acción hu­morística, se agranda aquí hasta alcanzar las proporciones de un héroe, mientras la narración de que es protagonista adquiere carácter épico.

Con todo, el Tom Sawyer resulta inferior al Huck Finn, cuya exce­lencia se descubre en ser Huck la figura en la cual el autor se complace más en detenerse; porque ve con sus propios ojos y sigue el hilo de su infancia sin turbaciones ni sacudidas, además de ser, en el universo de Twain, la única criatura viviente en po­sesión de un cerebro y de un corazón. [Trad. española de E. M.a Martínez y Silvino Imaz (Barcelona, 1909) y de S. Santainés (Bar­celona, 1943). Trad. catalana de J. Carner (Barcelona, 1918)].

L. Berti

*    El autor volvió a tomar estos dos per­sonajes para sus narraciones, Tom Sawyer Detective [Tom Sawyers, Detective] y Tom Sawyer en el extranjero [Tom Sawyers, abroad], publicados en 1878. La aventura es de las de «clave», y el crimen, por declara­ción del autor, está calcado sobre el informe de un antiguo proceso penal que se desarro­lló en Suecia. Los dos hermanos gemelos per­fectamente idénticos, uno que se vuelve la­drón, y es perseguido por los compañeros a los cuales ha sustraído el producto de una fechoría que han cometido juntos; el otro un haragán que vive en el campo; matan a uno, y todos en la comarca piensan que se trata del segundo, porque el primero hace ya años que ha desaparecido. Es acusado del delito el viejo tío de Tom, que tenía motivos de rencor hacia la presunta vícti­ma. Tom, en cambio, logra descubrir que el muerto era el otro hermano, y que ha habi­do substitución de personas, efectuada entre otros motivos con objeto de acusar y arrui­nar al anciano tío Silas. El descubrimiento lo hace Tom en plena audiencia, cuando ya el destino del anciano parecía decidido. En­tre tantas narraciones de Twain ésta es una de las menos características. En la edición definitiva de sus obras, se hallan en el mismo volumen la famosísima «El elefante blanco robado» y «Un encuentro con un interviuvador», que figuran en cambio entre los productos más típicos de su humorismo satírico, aunque tengan un valor literario inferior al de otras obras suyas. [Trad. es­pañola de S. Santainés (Barcelona, 1943)].

C. Pellizzi

*    Tom Sawyer en el extranjero refiere un viaje en globo del héroe a través del Océa­no, el desierto del Sahara y Egipto. El via­je es narrado, en pocos y entrecortados epi­sodios, por el inseparable Huck; otros com­pañeros de viaje son el esclavo negro Jim y el loco constructor de globos, que después se arroja al Océano y deja a los tres aban­donados a su suerte. Frente a todos los problemas que se presentan, Tom ofrece la solución del hombre inteligente, tranquilo y dispuesto a la acción; los otros dos dis­cuten y oponen objeciones. En estos diá­logos, que a menudo provocan la carcajada, Twain consigue pintar no sólo tres figuras humanas, sino también tres tipos de men­talidad, y a menudo la descripción equivale a una sátira algo dura. También en esta obrita destinada principalmente a un públi­co juvenil resaltan la seriedad y la amar­gura que constituyen el substrato de todo el humorismo de Twain. [Trad. española con el título Tom Sawyer a través del mun­do, de Pr Elias (Barcelona, 1943)].

C. Pellizzi

Tom Sawyer y Huckleberry Finn cons­tituyen una vasta epopeya realista, un pa­norama americano notable tanto por la de­licadeza de los detalles como por la gran­deza del conjunto. (R. Michaud)

Las Aventuras de Telémaco, Fénelon

[Les aventures de Télémaque]. Novela pedagó­gica que Fénelon (François de Salignac de, 1651-1715), escribió para instruir a su regio discípulo el duque de Borgoña, sobrino de Luis XIV y preconizado heredero del trono. Fue publicada en París en 1699. Inspirándose en la narración del viaje de Telémaco de los primeros cuatro cantos de la Odisea, el autor lleva a su héroe (siempre acompa­ñado de Minerva bajo la apariencia de Mentor) a través de una serie larga y com­plicada de aventuras, que llenan veinticua­tro libros de la obra. Primero, el joven Te­lémaco, arrojado con Mentor en un naufra­gio a la isla de Ogigia y allí acogido por Calipso, le cuenta todas sus vicisitudes, des­de el día en que dejó Itaca para ir en bus­ca de su padre, y sus curiosas aventuras, después de sus visitas a Pilos y Esparta, a Egipto, a Fenicia, a Creta, etc. La estancia junto a Calipso se interrumpe casi brusca­mente; porque Telémaco, amado por ella y enamorado por su parte de la ninfa Eucaris, se ve obligado a huir de la isla. Llega a Salento y allí encuentra al héroe homérico Idomeneo, arrojado del reino de Creta por su tiránico gobierno. En la Magna Grecia toma parte gloriosa en dos guerras, baja a los Infiernos, en busca de su padre, etc.; mientras tanto Mentor reordena sabiamente el reino de Salento. Los dos parten al fin para Itaca a pesar de la amistad de Ido- meneo, y el amor de su hija por Telémaco. Finalmente, Mentor se da a conocer al jo­ven como Minerva, le anuncia el inminente encuentro con su padre Ulises, y le deja prediciéndole un glorioso porvenir.

Este li­bro es una curiosa mezcla de motivos clásicomitológicos interpretados con espíritu novelescosentimental (en que puede percibirse alguna lejana influencia de las célebres novelas de Mlle. de Scudéry. y de La Calprenéde). En toda su larga narración, nues­tro autor, fiel a sus principios de educación atractiva y deleitosa, se propone infundir en el alma del joven lector el amor a la virtud, a la gloria y a la justicia. Continuas discusiones y sabias disertaciones de Minerva exponen los deberes propios de un monarca; muestran la ruinosa injusticia de la tiranía, las desventajas de un gobierno demasiado absoluto, el deber de respetar el buen derecho de los súbditos, de no descui­dar el bien de la comunidad por vanagloria o cosa peor, etc.; de manera que desde este punto de vista el libro es un claro testimo­nio de la reacción de mucha parte de los in­telectuales franceses contra el gobierno ex­cesivamente despótico de Luis XIV. El va­lor intrínseco de la obra no es muy grande; hoy parece monótona y farragosa. No fal­tan en ella, sin embargo, episodios intere­santes y páginas inspiradas: el armonioso y colorido estilo de Fénelon, cuya elocuen­cia es atemperada por una dulzura senti­mental, y está matizada de novelesca me­lancolía, vierte en muchas páginas un en­canto sutil que basta para explicar la gran fortuna del libro durante todo el siglo XVIII y hasta los primeros años del ochocientos. [La primera traducción castellana, anónima, se publica en París, en 1733. Existen ade­más las de J. de Covarrubias (Madrid, 1797- 98), A García de Arrieta (Madrid, 1799), F. Nicolás de Rebolledo (Madrid, 1803) y M. A. Collado (Valencia, 1823)]. M. Bonfantini

Para Fénelon no existe la oposición entre el cristianismo y lo griego; y el Telémaco es el único monumento de esta feliz y casi siempre imposible armonía. (Sainte-Beuve)

¡Y pensar que esto pasa todavía por bien escrito! ¡Qué estúpido y falso es desde to­dos los puntos de vista!  (Flaubert)

Hay que leer el Telémaco en la inocencia de la primera juventud, en la admiración de los primeros conocimientos, para sentir el encanto de la obra. Hay que leerlo en la madurez cuando se conoce bien la historia de la sociedad francesa, para comprender su importancia histórica. (Lanson)

Ya no se lee el Telémaco, y con razón; y la imagen que el público aún conserva de Fénelon es la de un prelado dulzón y florido. (M. Arland)

*       En 1704 en París se representó un cu­rioso Thélémaque ou fragments des modernes, obra musical en un prólogo y cinco actos de André Campra (1660-1744), entera­mente compuesta sobre las arias más cono­cidas de la época. Con el título Telémaco compusieron también óperas Alejandro Scarlatti (1660-1725), Roma, 1718; Christoph Willibald Gluck (1714-1787); Ignazio Raimondi (1733-1813); François Lesueur (1760-1837).

Aventuras de Rodrigo Random, Tobías Smollett

[The Adventures of Roderick Random]. No­vela picaresca de Tobías Smollett (1721-1771), publicada en 1748. Tiene por modelo el Gil Blas (v.) de Le Sage (1668-1747), a quien tradujo Smollett. Consiste la obra en una serie de episodios sorprendentes, horripilan­tes o grotescos, narrados con mucha viva­cidad y de los. que es protagonista Rodrigo Random, un escocés ayudante del médico de a bordo, aventurero, soldado, víctima de malos tratos, y a su vez brutal, egoísta, ex­plotador de su generoso amigo Strap, y por fin coronado por el éxito y la prosperidad, gracias a su óptimo matrimonio con Narcisa, tras haber descubierto que es hijo de un rico comerciante, don Rodrigo. El vir­tuoso Strap se casa con la esclava de Narcisa, Miss Williams. Siendo él también mé­dico de a bordo, Smollett puso mucho de sí mismo en el protagonista; así las pági­nas sobre el asedio de Cartagena (1741) es­tán sugeridas por la experiencia personal. El libro fue escrito rápidamente y es la obra más lozana de Smollett, quien jamás volvió a dar con aquel dechado de técnica narrativa y delineación de caracteres.

M. Praz

Aventuras de Setón Haemwóis.

Dos notables narraciones de la literatura egipcia de las épocas bajas que tienen como protagonista al príncipe Setón Haemwóis (v.). Una de ellas se nos ha conservado en el papiro demótico n.° 30.646 del Museo de El Cairo al final del cual, el desconocido copista puso la fecha del año 15.° del rei­nado de un rey, que se ha querido identifi­car con Tolomeo III Evergetes (247-222 a. de C.), y el papiro demótico n.° 30.692, también del mencionado Museo; la otra, sólo en el papiro demótico DCIV del Museo Británico, atribuible al siglo I d. de C. En la narración, al lado del protagonista figura su hijo Si- Osiris. El texto de la primera, a la que po­dríamos llamar Setón Haemwóis o el libro de Thout, carece de un largo fragmento ini­cial y narra las cosas extraordinarias ocu­rridas al protagonista, en sus tentativas para apoderarse de un famoso libro mágico del dios Thout, que poseía el difunto príncipe Noferko-Ptah, sepultado en la necrópolis de Menfis. Setón Haemwóis, penetrando en la tumba del príncipe, sostiene con él y con la difunta princesa Ahwére, su mujer, un largo coloquio en el curso del cual se en­tera de cómo los dos cónyuges entraron en posesión de libro tan anhelado.

Un día, en el templo de Ptah, en Menfis, Noferko-Ptah encontró un viejo, que le indicó cómo le se­ría posible adueñarse del libro del dios Thout, oculto en medio de las aguas de Koptos — hoy Kuft —, encerrado en cajas, unas dentro de otras, de hierro, de bronce, de madera de sicomoro, de ébano y marfil, de oro y plata, y custodiado por animales ho­rripilantes y por una serpiente inmortal. Noferko-Ptah se trasladó a Koptos con su esposa y con su hijo Merab y una vez allá, dejando en tierra a sus amados acompa­ñantes, se embarcó en un navío hecho de cera pura. Una vez en el lugar en que se guardaba el libro, pudo desembarazarse de los escorpiones y demás alimañas, pero tuvo que luchar rudamente para vencer a la ser­piente inmortal. Pudo, por fin, satisfecho del éxito de la empresa, volver a Koptos, con gran alivio de Ahwére, que durante su ausencia, con el pensamiento fijo en el ama­do, no había probado alimento alguno. Thout se quejó a Rie (v.) y, desde aquel momento, desventura tras desventura se abatieron sobre Noferko-Ptah. Primero su hijo Merab y después Ahwére misma per­dieron la vida. Noferko-Ptah no quiso so­brevivir a la muerte de los suyos: atándose al pecho el libro de Thout, se lanzó delibe­radamente al agua. Terminada la narración, Ahwére trata en vano de disuadir a Setón Haemwóis de la posesión del libro y No­ferko-Ptah propone que el libro sea para el que de los dos gane una partida de aje­drez. Gana Setón Haemwóis, con ayuda de su hermano Inaros; en el momento de salir de la tumba, Noferko-Ptah le profetiza que no pasará mucho tiempo sin que vuelva para restituírselo. Desde luego, la restitu­ción no se hace esperar, gracias a la in­tervención de Ahwére, vuelta a la vida con el semblante de Tbübü, la más bella entre las mujeres de Menfis, hija de un alto sa­cerdote de la diosa Baste. Ella subyuga a Setón Haemwóis de tal modo que, por complacerla, consiente en el asesinato de sus propios hijos. Mientras perros y gatos de­voran las carnes de los asesinados, la pare­ja se embriaga con los aromas, que ardían profusamente, y sorbe vinos generosos en copas de oro. Por fin, Haemwóis se halla, inesperadamente, fuera de la casa de la mu­jer, desnudo y caído. De vuelta en Menfis encuentra ilesos a sus hijitos y, obedeciendo el mandato de su rey, se apresura a des­cender a la tumba de Noferko-Ptah, para devolverle el libro de Thout.

E. Scamuzzi

*       También la segunda narración que po­dríamos titular Aventuras de Setón Haemwóis y de su hijo Si-Osiris, ha llegado a nosotros bastante mutilada, en su comien­zo, y del final se han perdido las líneas don­de se hallaría consignado el nombre del copista y, quizá, la fecha exacta de la co­pia. Setón Haemwóis es el padre de Si-Osiris, el hijo largo tiempo esperado y obte­nido de los dioses tras largas y continuas plegarias. El niño muestra viveza de inge­nio y, a su debido tiempo, suscita la ad­miración de los doctos escribas del templo de Ptah. Un día, padre e hijo asisten a los pomposos funerales de un hombre rico y, poco después, a los de un mendigo. Cuando el padre expresa su deseo de ser enterrado como el hombre rico, Si-Osiris le muestra qué diferente debe ser el juicio que el rico y el pobre merezcan en Ultratumba. Guia­do por su hijo, Setón Haemwóis penetra entonces en la Ultratumba y recorre las sie­te vastísimas salas que la componen. Las condiciones en que se halla el papiro, no permiten comprender bien quiénes son las gentes que ocupan las tres primeras salas; en la cuarta, los que se preocuparon dema­siado por la subsistencia personal, trenzan cuerdas que los asnos colocados a sus es­paldas comen poco a poco; otros, que co­nocieron el bien, pero que no supieron alcanzarlo, se esfuerzan por hacer llegar a la boca los alimentos que penden de lo alto en tanto que caen en agujeros excavados de pronto a sus propios pies.

En la sala quinta, donde se recogen las almas nobles, Setón Haemwóis percibe que el perno in­ferior de la puerta está encajado en el ojo derecho de un hombre. Cada vez que la puerta gira, el pobre hombre grita y se lamenta; es el rico transportado con tanta pompa por las calles de Menfis, castigado ahora de este modo porque en la vida ni quiso ni supo realizar buenas acciones. En la sala siguiente se reúnen los dioses del consejo de Ultratumba. En la séptima, se halla Osiris sentado en su trono, en medio de las divinidades. Junto a Osiris aparece un personaje de espléndidas vestiduras: es el mendigo, que mientras vivió en la tierra supo ser recto y orar. Con esta profunda enseñanza, sale de la Ultratumba Setón Haemwóis. Cuando Si-Osiris cumple los doce años, no hay quien pueda comparársele en sabiduría. Un día, en Menfis, se pre­sentó al rey de Egipto un nubio preten­diendo que no había nadie capaz de leer el contenido de una carta sellada. El rey apeló al valer de Setón Haemwóis y su hijo Si- Osiris triunfó brillantemente, leyendo, en la carta sellada, que en tiempos de Thutmosis III (din. XVIII, 1490-1436 a. de C.) un rey nubio, por medio de un mago, obtuvo que el rey de Egipto fuese una noche transporta­do mágicamente a Nubia, donde le fueron dados quinientos bastonazos. Pero un alto funcionario egipcio, Hóro, logró con sus prácticas mágicas que le fuesen suministra­dos igual número de bastonazos al rey de Nubia. El mago nubio, impotente para de­fender a su rey, decidió irse a la corte de Egipto a desafiar a Hóro.

en persona, pero éste supo parar y anular las prácticas má­gicas del adversario. El nubio, al reconocerse vencido, dio su solemne juramento de no volver a poner los pies en Egipto. Al acabar la lectura de estos lejanos aconteci­mientos, Si-Osiris añadió que el dador de la carta sellada era el mago nubio de los tiempos del desafío, vuelto ahora a la vida para llevar a cabo los maleficios sobre Egip­to. En cuanto a sí mismo, él era Hóro, el egipcio que triunfó sobre el nubio. Dichas estas palabras, se desvaneció como si fuera una sombra, en medio del estupor general y del dolor de Setón Haemwóis. Amplia y conspicua muestra de la literatura narrati­va egipcia en escritura demótica, las Aven­turas de Setón Haemwóis se revelan como la genial creación de un autor provisto de vivida fantasía a la vez que de un vigilante sentido de la medida, por cuyas cualidades el mundo de la realidad va perfecta e in­mediatamente unido al mundo de las fuer­zas sobrenaturales y mágicas. Algunos pa­sajes de las Aventuras han dado lugar a comparaciones con motivos literarios y re­ligiosos de tiempos posteriores que figuran en las literaturas de otros pueblos. Recor­demos el pasaje relativo a la niñez de Si- Osiris, que recuerda fácilmente algunos ver­sículos del evangelio de San Lucas (II, 40 y sigs.); la historia del rico y el mendigo puede compararse con la de Lázaro y el rico Epulón, expuesta por el citado San Lu­cas en su evangelio (XVI, 19-31), por la equivalencia sustancial, además de la for­mal, que presentan ambas narraciones. Re­viste particular importancia el largo pasaje de las Aventuras donde se describe Ultra­tumba y el orden que reina en ella; orden subordinado a un concepto moral de pre­mio y castigo, orden completamente nuevo respecto a las ideas sobre la Ultratumba del Egipto más antiguo.

De un modo análogo a lo que pasa con otros textos de los tiempos del bajo Egipto, tales como La lucha por la coraza del príncipe Inaros (v.) o la Lucha por los bienes de Amón (v.), a las Aven­turas se las reconoce como una mues­tra apreciabilísima de la literatura narra­tiva egipcia, entonces viva pese a la deca­dencia política del país y al abandono de las demás artes; una literatura que, según el testimonio del novelista sirio Heliodoro de Emesa (siglo III d. de C.), «deleitaba en sumo grado a los griegos», y, añadamos nosotros, que hasta el siglo V d. de C. de­jaba sentir su vigoroso influjo en los es­critores grecoegipcios.

E. Scamuzzi

Las Aventuras de Quereas y de Calirroé, Caritón de Afrodisia

Novela en 8 libros de Caritón de Afrodisia. El descubrimiento de algunos fragmentos de papiros ha demostrado que ésta es una de las más antiguas novelas griegas que han llegado hasta nosotros (fin del siglo I d. de C. aproximadamente). Su argumento no se aparta, sino por una ma­yor sencillez, del esquema común de estos relatos de amor y aventuras. Los protago­nistas son siracusanos, y la acción está co­locada, aunque con varios anacronismos, en la época de la guerra del Peloponeso. El comienzo nos describe el enamoramiento sú­bito de Quereas y Calirroé, sus sufrimien­tos amorosos, y sus bodas. Poco después Quereas, en un arrebato de celos, da tal puntapié a su mujer, que la deja como muerta; Calirroé es sepultada, pero se des­pierta a tiempo para ser raptada por unos piratas que han ido a saquear el sepulcro. Transportada a Asia, cerca de Mileto, es vendida a Dionisio, noble señor del lugar, quien se enamora de ella, pero no se atreve a violentarla. Calirroé se siente embaraza­da, y para asegurar el porvenir de su hijo, consiente en casarse con Dionisio. Mientras tanto, Quereas, que ha descubierto el rapto de su esposa, y ha encontrado su rastro, llega a Mileto.

No consigue tampoco verla porque los intendentes de Dionisio, para evitar disgustos a su señor, le capturan, y hacen creer a Calirroé que ha sido asesi­nado. Sucede entonces que Quereas es ven­dido como esclavo a Mitrídates, sátrapa de Caria, el cual, a su vez, se ha enamorado de Calirroé. A consecuencia de una carta de Quereas, que a Dionisio le parece una estratagema de Mitrídates, este último es acusado de intento de adulterio, y todos los personajes se reúnen en Babilonia delante del gran rey de los persas. En el proceso, Quereas encuentra a Calirroé pero tampoco el rey puede resistir a la belleza sobrehu­mana de aquella mujer y aplaza la senten­cia, hasta que una revolución de los egip­cios que invaden Siria, obliga a todos a partir para la guerra. Quereas se pasa al campo egipcio y realiza prodigios de valor conquistando Tiro; después, a la cabeza de la flota, hace prisioneras a todas las muje­res persas, incluso a la reina, y se reúne con su Calirroé. Como en tanto los persas vencen por tierra, Quereas abandona la lu­cha y hace las paces con el rey, restituyéndole generosamente a la reina con su séquito. Calirroé manda secretamente una carta a Dionisio, dándole las gracias por su •bondad y encomendándole los hijos que le deja; y el buen hombre soporta juiciosa­mente su desventura. La novela se termina con la llegada espectacular de los protago­nistas a Siracusa.

El relato está escrito en un estilo precipitado y desaliñado, y sólo aquí y allá se entretiene en algún solilo­quio sentimental o desahogo oratorio, como en las escenas del proceso. En los protago­nistas el escritor ve casi únicamente su be­lleza física, causa de. tantas desdichas. Por lo demás sus acciones son mecánicas, como de fantoches, y su psicología se limita a unos pocos esquemas elementales, en los cuales el novelista no consigue infundir vida alguna. Como en las demás novelas griegas que conocemos, el sentimentalismo, la pasión por lo maravilloso, el gusto por las aventuras, en lugar de corresponder a las intenciones épicas y trágicas, van a parar con frecuencia a lo cómico y lo gro­tesco.

A. Brambilla