Los Cuentos del Cirujano Militar, Zacharias Topelius

[Faltskarns beráttelser]. Ciclo de na­rraciones históricas de Zacharias Topelius (1818-1898), escritor finlandés en lengua sueca, publicadas primero como apéndice al periódico «Helsingfors tidningar» de 1851 a 1866, y después en cinco volúmenes (1853- 1867). El autor finge que el narrador es un viejo cirujano militar que, después de no pocas aventuras en varios países, se es­tableció en una pequeña ciudad de Finlan­dia septentrional y cuenta historias de tiem­pos pasados a un auditorio de amigos y de amigas, viejos y jóvenes. En este cua­dro está evocada la historia sueco-finlandesa del tiempo de la Guerra de los Treinta Años hasta la segunda mitad del siglo XVIII.

Es­tas narraciones tienen un fuerte color ro­mántico no privado de elementos maravi­llosos. Un motivo dominante es el de un anillo de cobre que proporcionará a su po­seedor gloria militar, fuerza y prosperidad, pero también graves peligros. El argumento se desenvuelve en torno a la noble familia de Bertelskóld, descendiente de un hijo que se dice que el rey Gustavo Adolfo tuvo de una campesina finesa, y en torno a la lucha secular entre dos potencias: la nobleza fuer­te y arrogante y el pueblo, partidarios del rey. Estas Narraciones, escritas unas tras otras sin plan unitario, tienen un valor bas­tante desigual: las últimas son manifiesta­mente las peores. Son un eco más bien tar­dío del género literario romántico de la novela histórica, y fueron popularísimas en­tre la juventud de ambas orillas del Báltico.

T. Tunlio

Crónica del Emperador Clarimundo, Joáo de Barros

[Chrónica do Emperador Clarimundo]. Novela caballeresca del escritor portugués Joáo de Barros (1496-1570); pu­blicada tal vez en 1520. El autor finge ha­ber traducido la obra de un original hún­garo. Clarimundo, hijo de Adriano, rey de Hungría, y de Briaina, hija de Claudio, rey de Francia, niño aún, es confiado a la cus­todia del conde Drangel, pero por intri­ga de una esclava, es sustituido por el hijo de éste y dado por muerto. El conde huye. El verdadero Clarimundo, raptado por la esclava fugitiva, es abandonado junto a una fuente, donde lo encuentra y recoge doña Grionesa, viuda de Minarte y marquesa de Módena, desposeída por su cu­ñado Fileno, duque de Ferrara. Clarimun­do, con el nombre de Belifonte, es edu­cado por Grionesa y al llegar a la edad adecuada es armado caballero por el rey Claudio de Francia y da principio a sus aventuras. Reconquista el marquesado de Grionesa y mata a Filenore; combate con Asquinante, su tío, y le vence; encuentra a Diñarte, que es su hermano, vence gi­gantes y caballeros, deshace un atentado contra el rey Claudio, que es su abuelo, salva de un gigante a Briaina, su madre, y es reconocido como Clarimundo y recibido triunfalmente en la corte. Pero pronto re­anuda su vida caballeresca y es vencido por Amor.

Con el nombre de Caballero de las Lágrimas Tristes da cima a infinitas em­presas, hasta que liberta a Clarinda, hija de Polinario, emperador de Constantinopla, y la acompaña a la corte. Se enamora de ella, pero luego pierde la memoria y se aleja de nuevo. Después de varias aventu­ras acompañado del mago Fanimor, va a las costas de Cintra donde vence a un gi­gante y Fanimor le predice las gestas de sus descendientes en Portugal. Vuelto a la corte imperial se casa con Clarinda y es coronado rey de Hungría y emperador de Constantinopla. De él nace don Sancho, que por encanto desaparece de la corte y va a España, donde ayuda al rey Alfonso en la guerra contra los moros, se casa con su hija Lucinda y hereda el reino. Su hijo, el conde Enrique será padre de Alfonso Enríquez, cabeza de la familia real y fundador del reino de Portugal. La novela, compuesta en prosa y en verso (la tradicional octava), repite mecánicamente, a caballo de fórmu­las fantásticas y estereotipadas, situaciones y motivos comunes en la literatura caba­lleresca avivándolos, no obstante, con cierto interés poético. Pero la obra es notable so­bre todo por el tono de exaltación patrió­tica que adquiere la genealogía de la casa reinante, exaltación que tomará una forma más decidida y concreta en Décadas asiáti­cas (v.), donde parece anticiparse a Los Lusiadas de Camóes (v.).

L. Panarese

El Corsario Negro, Emilio Salgari

[Il corsaro nero]. Novela de aventuras de Emilio Salgari (1863-1911), publicada en 1899. Sobre el fondo histórico de la lucha de los fili­busteros contra las colonias españolas, en el siglo XVII, campea la romántica figura de un noble italiano, Emilo di Roccanera, señor de Ventimiglia. Éste se ha hecho corsario para vengar a un hermano, que mu­rió víctima del traidor Wan Guld, goberna­dor a la sazón de la ciudad de Maracaibo, y ha jurado solemnemente que acabará con el culpable y con toda su familia. En sus correrías captura una nave española, en la que encuentra a una noble y bellísima jo­ven de la cual se enamora, quedando ella fascinada, a su vez, por su porte caballe­resco. Pero un día descubre que se trata de la hija de Wan Guld, y aunque atormen­tado por la pasión, no se atreve a violar su juramento; hace abandonar a la joven en una chalupa, sola y en medio del océano.

En una novela siguiente (La reina de los caribes) [La regina dei caraibi] (1901) el Corsario Negro hallará a la mujer, que fue salvada por los indios y se hizo su reina, y morirá junto a ella en una dramática fuga. Los dos volúmenes figuran entre los mejores en la extensa y atropellada obra de Salgari. Mal escritos y llenos de erro­res e incoherencias, logran, sin embargo, y sobre todo lo alcanzaron en su tiempo, cap­tar la fantasía de los adolescentes por la ra­pidez casi cinematográfica de los hechos, el dramatismo de algunas escenas y la cons­tante exaltación del valor y de la voluntad. Los motivos científicos y las digresiones didácticas, introducidos con profusión, imi­tando a Julio Verne, constituyen un ele­mento bastante superficial de semejanza en­tre la obra del escritor italiano y la más meditada y orgánica de su modelo.

E. Ceva Valla

El Corsario, Géorge Gordon Byron

[The Corsair]. Poema corto en tres cantos en dísticos «heroicos» de Géorge Gordon Byron (1788-1824), pu­blicado en 1814. Para prevenir una expe­dición del bajá turco Seyd, Conrado, jefe de unos piratas del mar Egeo, hombre de muchos vicios y de una sola virtud (cierto espíritu de caballerosidad), tras despedirse de su amada Medora, llega por la noche al campo del bajá y se presenta como un derviche diciendo que fue preso de los pi­ratas y que consiguió huir. El prematuro incendio de las galeras del bajá por los hombres de Conrado echa a perder sus pla­nes. Conrado es herido y preso, pero ha salvado la vida a Guiñara, la primera con­cubina del bajá; ésta se enamora de él, consigue que aplacen el momento de su muerte, y por fin le provee de lo necesario para deshacerse de Seyd, matándole mien­tras duerme.

Este acto le repugna, y la mujer misma, entonces, mata al bajá y huye con Conrado. Llegan a la isla y Con­rado encuentra a Medora muerta de dolor por el anuncio de su supuesto fallecimien­to. Desde aquel momento el hombre des­aparece y nada más se sabe de él. Conra­do, lo mismo que los demás héroes efe los Cuentos en versos de Byron, es al fin y al cabo una repetición del tipo de Harold (v.), el hombre fatal (v. Peregrinación de Childe Harold). El Corsario tuvo gran éxito, y existen varias versiones de él. [Trad. en verso de Vicente W. Querol y Teodoro Llórente (Valencia, 1863); trad. anónima, en Obras completas, tomo II (Madrid, 1930); trad. de B. del A. (Buenos Aires, 1940)].

M. Praz

Byron, con esta poesía, dio al mundo otro corazón y nuevos latidos por los que segui­mos viviendo. (Tennyson)

El Corsario es una especie de Murat sin ejército y sin reino. (E. Cecchi)

*   Del poema corto de Byron, Giuseppe Verdi (1813-1901) sacó su Corsaro, ópera en cuatro actos, libreto de Francesco Maria Piave, representada en Trieste en 1848. Esta ópera pertenece al primer período de la actividad verdiana, y está escrita de prisa y sin mucho entusiasmo. El Corsario no es de las mejores óperas del gran maestro; sin embargo, Verdi incluyó unas cuantas pági­nas suyas en otros trabajos sucesivos.

*  En 1856 El Corsario de Byron fue adap­tado como ballet y pantomima con música de Adolphe Charles Adam (1803-1856).

*   En 1873 el compositor inglés Charles Deffell quiso volver al argumento byroniano con la ópera The Corsair, representada en Londres, y que pasó totalmente desaper­cibida.

*   Hay además otras obras del mismo tí­tulo: Le corseare, melodrama cómico de Ni­colás Dalayrac, representado en París en 1783, cuya música tuvo cierta popularidad en aquel tiempo; II corsaro, ópera de Giovanni Pacini (1796-1867), representada en Roma en 1831, que sin embargo no es de las mejores escritas por el fecundo compo­sitor catanés; II Corsaro, de Alessandro Nini (1805-1880), Turín, 1847; y Der Korsar, de Julius Rietz (1812-1877), Leipzig, 1850.

El Coronel Jack, Daniel De Foe

[The History of the Life and Surprising Adventures of Co­lonel Jack: Historia de la vida y de las sorprendentes aventuras del coronel Jack]. Novela de Daniel De Foe (1660-1731), apa­recida a fines de 1772. Dentro de las obras del autor, esta novela se coloca cronológi­camente entre el diario de la Peste de Lon­dres (v.) y Lady Roxana (v.). Es una no­vela muy larga (el autor trabajaba en ella por encargo y con el fin declarado de la ganancia inmediata), pero lo que vale de esta historia es sólo la primera parte, descripción realista de la vida de los mucha­chos pobres en los bajos fondos de Londres.

El protagonista es un expósito que entra en una banda de bribonzuelos y con la es­cuela de los muchachos mayores termina siendo un hábil ladrón de bolsos.  A esta parte, una de las más incisivas y vigorosas que han salido de la ruda pluma realista de De Foe, siguen como en las otras afor­tunadas obras de este autor, y con el fin de disfrutar del éxito antes de que el fa­vor del público se enfriase, innumerables aventuras de toda clase. Algunos militares (Jack sigue la carrera de las armas) pro­curan seguir las huellas de las Memorias de un caballero, otros tratan de enfrentarse con las peripecias amorosas de Moll Flanders (v.); igual que ésta tuvo cinco maridos, Jack toma cinco mujeres. Aunque inferior a sus obras precedentes, también el Coronel Jack tuvo mucho éxito.

De Foe supo hacerse querer de su público y podía im­punemente imitarse a sí mismo. En la era victoriana, esta obra, como sus hermanas, sufrió un eclipse temporal. En nuestros días, la crítica ha concentrado su atención sobre la juventud de Jack en los bajos fondos del latrocinio, parangonándola con la de Oliver Twist (v.) en la novela de Las aven­turas de O. T. (v.) de Charles Dickens: ésta, rica en elementos patéticos, aquélla tanto más toscamente poderosa y fiel a una verdad humana vertical y directa.

P. G. Conti