Capitulares de Carlomagno

Son los célebres ordenamientos dictados por Carlomagno desde el año 789 al 813 para regu­lar la vida religiosa en el reino franco. La parte principal de ellos está constituida por la «Admonitio generalis» que contiene las directrices fundamentales para el clero, las cuales consisten en predicar y enseñar la fe católica de la Santa Trinidad, la oración del domingo y el símbolo apostólico. Siguen luego varios capitulares («capitulare missorum, capitula e canonibus excerpta, capitula de presbyteris admonendis, etc.») en los qué se van repitiendo las reglas sobre la confesión, las oraciones, el bautismo y la predicación. La recomendación más insis­tente en las directrices al clero es «praedicare et docere»; todos los capitulares quie­ren imponer principalmente dos cosas: de un lado el conocimiento y el estudio pro­fundo, y del otro la enseñanza y la ins­trucción de las masas. Precisamente por ello tienen gran importancia no sólo para la vida religiosa, sino también para la vida cultural de la época carolingia.

M. Pensa

Cantos y Plegarias, María Barbara Tosatti

[Canti e pregliiere]. Poesías de María Barbara Tosatti (1891-1934), publicadas en Roma en 1932. Dulce y melancólica piedad de sí misma, nostalgia de una juventud transcurrida sin amor, combatido repudio de las vanas apa­riencias terrenales, sin embargo tan llenas de ilusiones: son éstos los motivos de hu­mana y dolorida contradicción que hacen poéticamente viva la inspiración religiosa de estas diecinueve poesías, publicadas dos años antes de la precoz muerte de la auto­ra. Se habló de Leopardi, a propósito de esta poetisa, y no sabríamos decir con qué criterio, pero quizás deteniéndose ante la complaciente evidencia de la forma rotun­damente clásica. Cierto es que una sustan­cial fijeza psicológica, común a mucha poe­sía contemporánea, excluye la supuesta inactualidad de su arte, y basta para diferenciarla de los clásicos. La atención dolorosa al desarrollo de la trama psicoló­gica, que enriquece con mucha humani­dad la poesía de un Leopardi, se distrae pronto, en la Tosatti, por una luz, un color, que bastan para polarizar la poesía alre­dedor de un fragmento de paisaje, a una inflexión del canto. La voz más sincera de Tosatti, en su modesta humildad, en su renunciación a la vida, su religiosidad, que no es argumento de profunda meditación sino más bien una asustada e infantil peti­ción de protección, nos pueden llevar, en cierto modo, a la situación espiritual de Corazzini y de los «crepusculares» en general. De manera que las llamadas formales a la tradición, y principalmente a Leopardi, que constituyen el factor más exterior de esta poesía, aparecen casi siempre bajo la for­ma de residuos de una educación escolar no perfectamente superada.

G. Bassani

Canto Secular, Quinto Horacio Flaco

[Carmen saeculare]. En ocasión de los juegos seculares del 17 a. de C., Quinto Horacio Flaco (65-8 a. de C.) recibió el encargo de componer este himno que fue cantado, según el ritual li­túrgico, por dos coros de niños y vírgenes. Es un himno en honor de Apolo y Diana, divinidades astrales simbolizadas por el sol y la luna, que, con su periódico acerca­miento y poder fecundante, gobiernan el curso de las cosas humanas: nacimiento, procreación y muerte. Pero, si bien ellos ex­tienden su protección a todos los hombres sin distinción, para los romanos, que rei­vindican su origen troyano y la piedad del progenitor Eneas, han de reservar en mayor abundancia sus favores y en primer lugar la paz, que aun los mismos pueblos del lejano Oriente ese año habían aceptado. Y tales plegarias a fin de que resulten más amables a todos los dioses, salen de las puras e inocentes bocas de niños y donce­llas. Es un himno sagrado merecidamente famoso por sus dotes de serena belleza y clásica estructura; pero acaso su fama se deba más a las circunstancias que a su va­lor intrínseco. Estos solemnes festejos que, a pesar de darse cada cien años, habían si­do suprimidos y olvidados por mucho tiem­po, perdiéndose su memoria en las tinieblas de sus orígenes, fueron restaurados por Augusto precisamente en el año en que la Eneida (v.) empezó a ser leída y admirada, y en que, cerrado el templo de Jano, la paz del prestigio romano se imponía a los pue­blos orientales.

Desde el punto de vista de la inspiración este himno es contemporáneo y muy próximo al libro cuarto de las Odas (v.), casi todo compuesto de poesías oca­sionales de ambiente áulico; pero se dife­rencia de él por una mayor simplicidad de estructura, por la exigencia de una inme­diata inteligibilidad y de la fácil rentabi­lidad o cantabilidad coral. El egoísmo horaciano hállase aquí completamente ausente; también está ausente toda referencia pre­cisa y determinada a personas y cosas de su pequeño mundo personal, pero a pe­sar de ser ésta la menos horaciana de las odas de Horacio desde el punto de vista del sentimiento y de la concepción artís­tica, es sin duda de las más perfectas en su expresión, tranquila, serena, límpida y redonda. [La primera versión castellana, en prosa, es la de Juan Villén de Biedma, en su traducción completa de las Obras de Horacio {Granada, 1599). Entre las moder­nas es preciso citar la del poeta uruguayo Francisco Acuña de Figueroa, en el Parna­so Oriental (Montevideo, 1835), y la de M. Menéndez Pelayo publicada en la Biblio­grafía Hispano-Latina clásica. ]

F. Della Corte

Cantos Litúrgicos de Gerhardt, Paul Gerhardt

[Geistliche Andachten]. Colección de poesías re­ligiosas de Paul Gerhardt (1607-1676), apa­recida entre 1666 y 1667. Representa la pri­mera recopilación de cantos litúrgicos pro­testantes que puedan compararse con los de Lutero, por su popularidad, aunque no tengan la fuerza de aquéllos. Frente al pe­simismo luterano y calvinista, estos cantos muestran un alma que vive en paz y alegría su rica vida interior. Particularmente nota­bles, entre los 120 que componen la obra, son los que se refieren a las solemnida­des, y entre éstos el del Adviento, to­davía hoy popularísimo, en el cual el mo­tivo de la esperanza ante la expectación de la Navidad está expresado con sereno goce. El optimismo de Gerhardt se revela más claramente en la «Canción de la mañana», donde, poeta y sacerdote, ofrece a su Dios como «incienso y mirra, su plegaria y sus canciones», poniéndose con infantil inocen­cia, en el alegre despertar a la vida, bajo la protección del Padre Celestial. Y toda­vía más en la «Canción de la tarde»: cuando las tinieblas descienden, siente brillar en su interior, con luz «más viva, a Jesús», la «pa­sión» de su «corazón», y el sueño res­taurador de fuerzas que está próximo, des­pierta en su alma una casi alegre y con­fiada nostalgia de la muerte. Muerte que pierde todo sentido angustioso y desespe­rado, y también es luminoso paso al me­recido reposo en el seno del Dios de mise­ricordia. Estos cantos de Gerhardt son la primera expresión no polémica, sino posi­tiva, del espíritu protestante, y su origina­lidad no estriba tanto en la inspiración, en su mayoría bíblica, cuanto en su gran sen­tido humano intimista, individual, que con­suela a cuantos sufren, da al pecador con­fianza en la misericordia divina, sabe hacer vibrar todas las cuerdas del alma al mismo tiempo que la suya, con el fin de encaminarlas, directamente, hacia la luz y el amor divino.

G. Federici Ajroldi

Cantos Devotos, Bálint Balassa

[Istenes énekek]. Poesías religiosas y paráfrasis de los salmos bíblicas del magnate magiar Bálint Balassa (1551-1594), en orden cronológico el pri­mero de los grandes líricos húngaros. Son creaciones eminentes de la poesía religio­sa magiar. El poeta hace hablar a la voz de la conciencia, del pecado y de la peni­tencia, se humilla ante Dios con amor y confianza filiales, confiesa sus culpas y pide perdón. La vida de Balassa estaba realmen­te llena de todos los pecados de su época, y es casi incomprensible tan profunda reli­giosidad en un caballero bandolero como él. Su actitud respecto a Dios, en quien ve casi el deber de perdonarle, es característica en la época del protestantismo triunfante y muestra un interesante parentesco con la del gran poeta del siglo XX, Endre Ady. Durante algún tiempo sólo estos cantos fue­ron conocidos y populares, entre las poesías de Balassa. Sus Cantos de amor (v.) no fueron descubiertos y publicados hasta fi­nes del siglo XIX.

M. Benedek