Canciones Divinas, Fernán González de Eslava

Poesías líricas de Fernán González de Eslava (1534-1601?), poeta nacido en España y residente en la Nueva España, a donde se trasladó en 1558. Fueron publicadas (México, 1610) junta­mente con los Coloquios espirituales y sa­cramentales del mismo autor, y reimpresas con erudito prólogo por García Icazbalceta en 1877. Algunas de las más logradas pue­den leerse en los Poetas novohispanos (I, pp. 42-49) de Alfonso Méndez Planearte, el cual, al enjuiciar esta parte de la produc­ción de Eslava, reproduce el pasaje en que Menéndez Pelayo se refiere a «la suave y misteriosa vaguedad lírica» de este poeta. Las composiciones que aquí reseñamos son versos de Cancionero, que Planearte com­para con lo mejor de la tradición que va de Montesino a Valdivielso.

A. Millares Carlo

Canciones con Ocasión del Sitio y de la Liberación de Viena, Vincenzo da Filicaia

[Canzoni in occasione del’assedio e liberazione di Vienna]. Son seis canciones de Vincenzo da Filicaia (1642-1707), publicadas en 1684. El poeta se dirige a Dios para que impida el derramamiento de sangre cris­tiana: Él no puede querer que los turcos se adueñen de Europa, y por ello el poeta solicita su ayuda; el camino está abierto, dice, y la victoria es segura. Sigue en la segunda canción, después de la victoria, el agradecimiento a Dios. Los mahometanos vieron entrar en combate las tempestades y las estrellas, y trastornados echaron a huir llenando los valles de muertos; ahora hasta las piedras oran de gratitud a Dios, que ha sido quien decidió la suerte de la guerra. Él tiene que llevar a cabo su obra, porque de lo contrario la victoria será nula. Las otras canciones están dedicadas a los caudillos de la guerra, al emperador Leopoldo de Lorena, a Juan Sobiesky, rey de Polonia, y a Carlos V duque de Lorena; el poeta les incita para que persigan a los turcos y liberen el Santo Sepulcro e, inclu­so, para que lleguen hasta las orillas del Ganges. El poeta lamenta no poder empu­ñar las armas, pero espera contribuir a la victoria con sus versos; finalmente pide a Dios que le inspire para que narre cosas arcanas: compuso sus canciones bajo la ins­piración divina. Cuando los cristianos se lancen contra los turcos él los incitará con palabras encendidas. Las Canciones son una de las más famosas obras líricas de Filicaia, que quiso elevar la modesta capa­cidad de su expresión lírica a los marciales sonidos de un enfático lirismo heroico-bíblico. El sentimiento es escaso y, de todos modos, no está proporcionado con la apa­rente agitación oratoria y verbal.

C. Lelj

Con él, el énfasis y el color hebraico en­tran en la lírica italiana. (Carducci)

Cancionero de fray Iñigo de Mendoza

Poeta franciscano español de la corte de los Reyes Católicos. La «Vita Christi por coplas» es su poema más importante. Después de la invocación y de unos loores de Nuestra Señora, en los que hay alusiones satíricas a los devaneos y flaquezas de las damas de la época, nuestro autor poetiza el misterio de la Encarnación, la historia de la Natividad, la Circuncisión del Señor, la adoración de los Reyes Magos, la presen­tación de Jesús en el templo y la obra queda interrumpida con el cuadro de la degollación de los Santos Inocentes. Escrita en quintillas dobles, incluye elementos lí­ricos, himnos, romances y villancicos, así como una especie de égloga dramática, que constituye el más antiguo auto del Naci­miento de espíritu rústico de la literatura castellana. La obra abunda en digresiones morales y satíricas, habiéndose señalado, en ella, el influjo de las Coplas de Mingo Revulgo (v.).

Dentro de esta misma línea de­bemos destacar una serie de poemas, con unidad propia, que vienen a ser como frag­mentos de un plan general de la «vida de Cristo»: las coplas sobre la «cena que Nues­tro Señor fizo con sus discípulos cuando instituyó el santo sacramento de su sa­grado cuerpo», la «lamentación a la quinta angustia, cuando Nuestra Señora tenía a Nuestro Señor en los brazos», etc. Fray Iñigo de Mendoza cultivó también la poe­sía política, de la que se nos han conser­vado tres largas composiciones: «Sermón trovado sobre las armas del rey Don Fer­nando», «Coplas en loor de los Reyes Ca­tólicos» y el «Dechado de la reina Doña Isabel», en las cuales la crítica ha señalado la huella de Gómez Manrique. Escribió también composiciones alegóricas, como la «Justa y diferencia que hay entre la razón y la sensualidad sobre la felicidad y bien­aventuranza humana», que sigue la línea de las «Coplas de los siete pecados morta­les» de Juan de Mena, y didáctico morales, como el «Dictado en vituperio de las malas hembras, que no pueden las tales ser di­chas mujeres, y en loor de las buenas mu­jeres que mucho triunfo de honor me­recen».

J. Molas

La Caída de una Virgen Consagrada, San Ambrosio y San Niceas de Remesiana

[De lapsu virginis consecratae]. Título de dos homilías latinas, de San Ambrosio y San Niceas de Remesiana; respecto a una obrita griega de igual título, de San Basilio, baste con su mera mención. La primera homilía fue atribuida por la mayoría, pero erróneamente, a San Niceas de Remesia­na (siglos IV-V) el probable autor del Te Deum (v.), pero con toda probabili­dad debe adscribirse a San Ambrosio. Es un vehementísimo dicterio contra la virgen consagrada Susana, por haber violado el voto de castidad y haber matado el fruto de su pecado: dolor, indignación, ira y pie­dad conmueven el alma del Obispo que aniquila a la infeliz bajo el azote de su te­rrible oratoria, amenazándola con los ho­rrores de las penas infernales si no se aviene a hacer espontánea y durísima pe­nitencia. El estilo es muy parecido al de las Controversias (v.) de Séneca el viejo (que ejercieron sobre esta obrita notable influjo); todo inclina a pensar que se trata de un ejercicio homiliario en torno a un tema irreal que cobra vida de la figura fingida, falsamente timorata y pecaminosa de Susa­na. Cierto es que por el calor de convic­ción, por el enojo y sentimiento de peniten­cia, éste figura entre los sermones más sig­nificativos de San Ambrosio, y quedó como insuperado modelo de ellos; es característico el estilo iconográfico de los últimos capítu­los. Una homilía sobre el mismo tema, pero presentada en forma de epístola (¿pasto­ral?), es la recientemente hallada (que al­gunos querrían, con poca consistencia, atri­buir a San Niceas de Remesiana), muy inferior en cualidades artísticas y en calor de sentimientos al precedente escrito’ de San Ambrosio, y que desde el siglo VII fue confundida con el escrito homónimo de Niceas.

I. Cazzaniga

Cada Cual, San Lucas

La leyenda de Cada cual es una de las más conocidas transcripcio­nes de la parábola evangélica (San Lucas, XVI, 19-33) del pobre Lázaro y del rico Epulón. En los países latinos el tema se mantiene fielmente al pie de la letra res­pecto al espíritu de la fuente evangélica; en los países septentrionales, más deseosos de interpretaciones alegóricas y morales, se despersonalizó asumiendo el carácter de «moralidad».

*      En Italia es conocido el Contraste del Rico y el Pobre, representación sacra de un anónimo de Umbría del siglo XIII. El Po­bre se presenta en casa del Rico, quien lo rechaza de una manera injuriosa y le gol­pea. Mientras un Ángel acoge al «pobre ex­pulsado», los Demonios enviados por Lu­cifer van a casa del Rico y lo llevan al in­fierno donde en vano ruega a Abraham que le envíe a Lázaro para refrescarle la boca con «el dedo meñique» mojado de agua. El contraste, en su brevedad escénica, estriba en la descarnada concisión de su lenguaje y en la evidencia realista que con­fiere a la representación un áspero relieve humano.

*       La más antigua transcripción nórdica de la parábola es el Espejo de eterna salud de Elckerlyc [Spyghel der Salicheyt van Elckerlyc], drama edificante del holandés Pieter van Diert, compuesto en 1495. Elcker­lyc es la representación del hombre que vive sin preocuparse de Dios ni de la salud de su alma. Es llamado por la Muerte para emprender un largo viaje sin retorno du­rante el cual tendrá que rendir cuenta a Dios de su vida terrenal. La única cosa que se le concede es que le acompañe alguien. Elckerlyc se dirige entonces a Gheselscap (la Compañía) y a «t’Goet» (los Bienes), pero éstos se niegan; ni siquiera Deucht (La Virtud) le puede ayudar, debilitada por la vida pecaminosa de Elckerlyc. Pero le aconseja vaya buscar a Kennisse (el Cono­cimiento), el cual lo manda en busca de Biechte (la Confesión) que le obligará a confesar sus pecados; después de la confe­sión, Deucht sana y Kennisse le envía a buscar un sacerdote para recibir los Santos Sacramentos y los Santos óleos. Así Elcker­lyc muere rodeado de Ducht, Kennisse, Schoonheid (la Belleza), Cracht (la Fuerza), Vroescap (la Sabiduría); pero todos deben por fin abandonarle, a excepción de Deucht que acompaña a Elckerlyc cuando llega el ángel para llevarlo a la beatitud del cielo. El drama de tipo alegórico, que fue refun­dido en latín por Christian Ischyninius, el cual, a su vez, fue traducido al alemán y al holandés, proviene de la conocida novela de Barlaam y Josafat (v.).

H. Henny

*   Sobre el mismo tema en alemania, ade­más de la refundición de Ischyninius y una redaccción del texto holandés titulada Jedermann, es conocido el drama latino Hecastus del humanista Gregorius Macropedius (hacia el 1475-1558), compuesto en 1539. Hecasto es un sibarita que vive sin preocu­paciones que no sean las del fugaz placer. Pero he aquí que, en el segundo acto, un enviado del Señor, Nomodidascalus, le tras­mite un mensaje en hebreo que aterra a Hecasto y contra el cual tampoco su hijo médico puede hacer nada. En el tercer acto aparece la Muerte en persona a anunciar a Hecasto que dentro de una hora vendrá a llevársele. Entonces éste empieza a lamentarse y a buscar un amigo que le acompañe en el difícil tránsito: pero parientes y ami­gos se niegan a hacerlo; a su «amiga» no tiene ni siquiera el valor de interrogarla; la riqueza no le sirve, y se queda comple­tamente solo. Pero en el cuarto acto se le presenta la Virtus, por él tan olvidada, que a poco trae consigo a la Fides. En el últi­mo acto Hecasto va a morir, sus hijos se pelean por la herencia, el diablo quiere ya apoderarse de su alma, pero él, en el últi­mo instante, se reconcilia plenamente con la Virtus y la Fides, que le defienden de Satanás, y muere salvado. Un diálogo lleno de devoción entre el sacerdote y los here­deros cierra el drama. Éste, con sus 1.900 versos es mucho más amplio que Everyman, que consta solamente de 900. Es interesan­te que Macropedius, católico, haya repre­sentado aquí la redención de un pecador de una manera que recuerda la Reforma, como se puede notar en el repudio de la justifica­ción por medio de las obras. El Hecasto es la mejor obra de este autor.

M. Pensa

*   Everyman que parece ser una versión del texto holandés traducido por un personaje anónimo entre el 1509 y el 1530, es la más célebre de las antiguas obras moralizadoras inglesas y acentúa el carácter alegórico de la representación. En una serie de escenas vemos a Dios que manda a la Muerte a llamar a Cadauno a su presencia, el cual, angustiado, implora que le dejen volver, pero no obtiene más que unas pocas horas para reunir a sus amigos que le acompa­ñarán en el viaje supremo. Pero, en vano, Cadauno se dirige a Amistad, Parientes, Riqueza: todos se niegan a escucharle, deshaciéndose de él con vanas palabras; en­tonces solamente es cuando piensa en Buenasobras, que había tenido olvidada desde hacía tanto tiempo y que yace en el sue­lo, encadenada por sus Pecados. Buenasobras le escucha, le asiste, lo recomienda a su hermana Conocimiento que lo manda a la Confesión. Cadauno, así purificado, llega ante la tumba dispuesto a presentarse ante Dios; y en este momento, Belleza, Fuer­za, Razón, Cincosentidos, se alejan de él a pesar de que habían prometido seguirle. Conocimiento querría seguirle pero no pue­de. Solamente Buenasobras se queda: es el único que no ha sido vano y que interce­derá por él; finalmente muere puro y per­donado. De entre la profusión de morali­dades de la época, casi todas dominadas por la nota cómica que cae a menudo en la vulgaridad, Cadauno se destaca por su pro­funda seriedad moral, por su construcción severa, por la simplicidad clásica de su for­ma que lo hacen aún hoy representable y apasionante.

A. Prospero Marchesini

*    Con el mismo tema puede enlazarse la «comedia» Vida y muerte de San Lázaro del español Antonio Mira de Amescua (1574-1644), publicada en la colección Co­medias escogidas de los mejores ingenios de España (Madrid, 1623). Esta obra mezcla elementos del «Antiguo» y del «Nuevo Tes­tamento» haciendo que la acción se des­arrolle en tiempo de David entre Nabal (el rico) y Lázaro (el pobre) que aman a la prudente Abigail. El padre de Abigail la da a Nabal, que con sus riquezas humi­lla a Lázaro. Pero cuando llega la muerte, Lázaro halla justicia ante Dios gracias a sus sufrimientos, mientras que Nabal, por sus riquezas, es presa del demonio. La obra termina con la entrada de Lázaro en el cie­lo y de Nabal en el infierno.

*    Modernamente, el tema ha sido recogido por Hugo von Hofmannsthal (1874-1929) en el drama en un acto en verso Jedermann, publicado en 1911 y reeditado en 1924 en las Obras completas. El tema del hombre que se encuentra sin preparación ante el juicio de Dios, tema que fue argumento de primitivas tentativas teatrales de humanistas alemanes (todo esto lo explica el autor en el prólogo), este drama vuelve a presentarlo con una sensibilidad contemporánea pero conservando en el ritmo y en la locución su carácter popular. Cadauno es, esta vez, un joven libertino, de la libertina Viena, despreocupado pero no malo, ligero sin ser estúpido, débil pero de buen corazón. Cuan­do la muerte se presenta ante él se queda aterrorizado: el hombre sociable se encuen­tra solo para resolver su problema, puesto que nadie quiere acompañarle en su viaje, ni la mujer que le amaba, ni los amigos; y esta soledad le arranca un grito altamente humano y poético. Pide misericordia a Dios y recobra la Fe. Pero cuando se le presenta la Obra de su vida, ésta es tan débil que ni siquiera puede sostenerse en pie. Sola­mente la Fe y una buena confesión reparan la Obra y salvan al desgraciado de la-con­denación. Y así desciende al sepulcro en espera de la resurrección final. Hofmanns­thal nos da en este drama una obra estéti­camente exquisita pero privada de la fuer­za religiosa del misterio medieval y de la eficacia escénica que más tarde tendrán al­gunos dramas barrocos jesuitas como el Cinodoxus de Bidermann. Tampoco la sal­vación del alma es apreciada con la clara visión del monje ni del clérigo, ni está en­raizada en la humanidad de un Fausto (v.), sino que más bien es sentida como algo indiscutiblemente problemático. La impor­tancia de la obra reside sobre todo en su estética: pero este punto de vista religioso corresponde a la sensibilidad de los últimos destellos de aquella Viena ya próxima a su disolución. Trad. italiana de Italo Zingarelli con el título Leggenda di Ognuno.

G. Federici Ajroldi