Pedro Lombardo

Nació a principios del siglo XII en Novara y murió en París en 1160, se conocen de él muy pocas noticias biográ­ficas. Se sabe que nació en el seno de una familia de humilde origen (parece que su madre era lavandera) y que sólo a fuerza de ayudas logró atender a sus estudios (¿en Novara?, ¿en Bolonia?). Su más influyente protector fue quizá San Bernardo, quien lo alojó durante algún tiempo en Reims y lo presentó después (hacia 1135-36) a los canónigos de San Víctor de París. Sólo ha­bría debido estar unos meses en la capital francesa, para completar sus estudios; pero no la abandonó nunca más. En 1142-43 se le conocía ya como autor de la Collectanea in omnes D. Pauli epistulas (pero había escrito también In Psalmos davidicos co­mentara) y probablemente enseñaba ya (¿en Notre Dame?).

Debía tener fama se­guramente en 1148, si Eugenio III lo nom­bró para formar parte de la Comisión que juzgó la doctrina de Gilberto Porretano en el Concilio de Reims. Aquel mismo año comenzó Pedro la redacción del Libro de las sentencias (v.) (que terminó en la época de su viaje a Roma, 1151-52), la obra que, durante la Edad Media y en los primeros tiempos de la Edad Moderna, tuvo más ma­nuscritos, ediciones y comentadores, excep­ción hecha de la Biblia. Tal éxito se debe en cierto modo más a las dotes morales que intelectuales de su compilador; es decir, a su paciencia como trabajador sistemático y a su cuidadosa información sobre los movimientos teológicos de su tiempo, a su equilibrio entre las contrapuestas posicio­nes de los dialécticos sin freno y de los conservadores sin tolerancia, y en fin a su garantizada ortodoxia. En junio de 1159 fué nombrado obispo de París, pero desem­peñó el cargo por poco tiempo, ya que mu­rió el año siguiente.

C. Falconi