Orígenes

Nació en 185 en Alejandría y m. en 252 ó 253, quizás en Tiro. Era de familia cristiana y su padre, Leónidas, fue martirizado en tiempos de las persecucio­nes de Severo, en 202. Orígenes debió entonces subvenir a las necesidades de su madre y de sus seis jóvenes hermanos, y adoptó la profesión de gramático. Pero como el obispo de Alejandría se veía con dificultades para encontrar catequistas en aquella época de persecución, Orígenes aceptó este trabajo y aban­donó la enseñanza profana. Eusebio nos lo muestra en este momento, entregado no solamente a enseñar los elementos de la fe a los catecúmenos, sino también asistiendo a los mártires y exhortándoles a la perseve­rancia. Pero al cabo de unos años, Orígenes se dio cuenta de que tal actividad era insuficiente para responder a las dificultades que plan­teaban los intelectuales paganos. Sintió en­tonces la necesidad de crear un centro de enseñanza superior, el «Didascaleion», y renunció por ello a sus funciones de cate­quista.

La iniciativa no era nueva del todo. Antes que él, Clemente había tratado ya de instituir en Alejandría una «gnosis» cris­tiana. Pero la originalidad de Orígenes consistió en fundar un centro donde se daba una enseñanza completa, que comprendía todas las ramas de la cultura pagana, tal como eran concebidas entonces, y coronada con el estudio de la Escritura, de la cual aquéllas constituían la preparación. El «Didasca­leion» es el primer esbozo de lo que será la Universidad medieval. Ello implicaba para Orígenes un estudio de la filosofía. Nuestro autor no es, como Justino, un filósofo que desemboca en el cristianismo, sino un cris­tiano llegado a la filosofía. Su «ambiente» filosófico es el del platonismo medio; su pensamiento ofrece evidentes contactos con los de Plutarco, Máximo de Tiro y Albino. La cuestión de sus relaciones con el neo­platonismo es compleja: es cierto que fue alumno, en Alejandría, de Ammonio Sacca, el maestro de Plotino; con todo, no pudo sufrir la influencia de Plotino, veinte años más joven que él, y no puede afirmarse que llegara a conocerle. Porfirio nos habla de un Orígenes en su Vida de Plotino; pero no es absolutamente seguro que se refiera al nuestro.

Uno de los rasgos que emparentan a Orígenes con la mentalidad filosófica de su tiempo consiste en su gusto por la sistema­tización, que también se encuentra en Va­lentino y en Plotino. Lo atestigua la primera gran obra de Orígenes, el tratado De los princi­pios (v.), tentativa genial de dar una expli­cación coherente del dogma cristiano, ha­ciéndolo partir de dos principios: el amor a Dios y la libertad humana. En esta obra aparecen también los más atrevidos temas de Orígenes que serán condenados después; en particular, la preexistencia de las almas, la salvación universal, la inferioridad del Verbo con respecto al Padre. Al mismo tiempo que fundaba la teología sistemática, inauguraba Orígenes la ciencia bíblica. Por una parte, trataba de establecer un texto crí­tico, reuniendo a este fin las diversas versiones de la Biblia en los Héxapla (v. Bi­blia), y haciendo también indagaciones para encontrar nuevas versiones; especialmente en las grutas del desierto de Judá, donde recientemente han sido hallados los manus­critos del Mar Muerto.

Junto a esta labor crítica, comenzó a redactar comentarios a todos los libros de la Escritura (v. Comen­tarios sobre la Biblia), en los que practicaba la exégesis tipológica y la alegoría moral, al mismo tiempo que la exégesis literal. La enseñanza de Orígenes en Alejandría terminó en 231 con un incidente que lo puso en oposi­ción con el obispo Demetrio: Orígenes había sido ordenado sacerdote sin su autorización. Ex­pulsado de Alejandría, Orígenes tomó residencia en Cesárea de Palestina, donde pasó los últimos veinte años de su vida. Allí conti­nuó una enseñanza semejante a la que había desarrollado en Alejandría y fundó también la célebre biblioteca en la que más tarde trabajarían Eusebio y San Jerónimo. El aspecto nuevo que tomó entonces su actividad fue la predicación. Comenta casi diariamente la Escritura ante el pueblo cristiano en la iglesia de la ciudad. De esta predicación nos ha quedado un gran nú­mero de Homilías (v.), el monumento más antiguo y uno de los más preciosos de la predicación cristiana. Orígenes es la personalidad de la Iglesia más importante de su tiempo.

Mantiene relaciones con los máximos per­sonajes de la época, con el papa Fabiano, con Julio Africano. Es reclamado por los obispos para que refute a los herejes. Re­cientemente se ha encontrado en Tura, Egipto, el informe de una de estas discusio­nes, el Diálogo con Heráclides. Particular­mente importantes son las relaciones de Orígenes con el ambiente imperial. Fue invitado a la Corte por Julia Marranea, tía de Heliogábalo y madre de Alejandro Severo. Estuvo en correspondencia más tarde con Felipe el Árabe, que era sin duda cristiano. Comenza­do un nuevo período de persecuciones, fue arrestado Orígenes bajo Decio y torturado; pero no condenado a muerte. Sobrevivió, sin embargo, pocos años. Continúa siendo el genio, sin duda más grande, que produjo la Iglesia cristiana de lengua griega. Marcó con su sello la teología oriental, como Agustín, el único genio que se le puede comparar, y dejó su huella en la occidental. Teólogo, exégeta, apologeta (en Contra Celso, v.) asceta y precursor de los Padres del desierto, y grande en todo orden de cosas, dio muestras de su genio en todas las activida­des que desarrolló.

J. Danielou