Mirón Costin (o Costán)

Nació en 1633 y murió en 1691. Perteneció a una familia de boyardos de Moldavia y su padre, a conse­cuencia de las turbulentas circunstancias políticas, tuvo que refugiarse en Polonia, por lo que C. fue confiado a los jesuitas de la escuela de Bar, quienes le iniciaron (1646) en la cultura humanística.

En 1651 el joven Mirón formó en el Ejército polaco para combatir a los cosacos. No se conocen exac­tamente las causas que motivaron su re­greso a Moldavia, donde participó en las luchas que agitaron los distintos señoríos y tuvo ocasión de recorrer Muntenia, Ardeal y Maramures. En el curso de tales expedi­ciones armadas, el humanista no dejó de conmoverse ante los testimonios arqueológi­cos de la conquista romana y descubrió, a través de la viva realidad psicológica, la profunda afinidad existente entre la estirpe moldava y las ultramontanas.

El origen la­tino y la unidad del pueblo rumano habrán de ser los motivos ideales mantenidos por el escritor en todas sus obras y singular­mente en Acerca del pueblo moldavo y el origen de sus antepasados [De neamul Moldovenilor, Din ce tara strămoşii lor] y Cró­nica de Moldavia (v.). Muy apreciado por el valor de sus consejos y la convincente oratoria empleada en sus misiones, alcan­zó el grado más alto («logofăt») al servicio de la corte.

No obstante, en 1683, y a raíz de caer en desgracia el duque Vodă, tuvo que abandonar otra vez Moldavia y refugiarse de nuevo en Polonia, donde se acogió a la benevolencia del rey, quien lo utilizó como intérprete y emisario. En 1685 había regre­sado a Moldavia, donde se encontraba junto a Constantino Cantemir.

El conflicto entre este señor rural y las grandes familias no­bles resultó trágico para los Costineşti: Miron fue detenido mientras se disponía a acompañar los restos de su esposa a la sepul­tura, y su cabeza rodó sobre la nieve que cubría el suelo. Su amplia cultura, una inteligencia aguda y la apasionada energía de su temperamento hacen de C. uno de los cronistas rumanos más significativos.

De su producción cabe citar una Crónica de Mol­davia y Valaquia [Kronika ziem Moldawskich i Multanskich], puesta luego en ver­so, por deseo del rey de Polonia, en el poe­ma Descripción de Moldavia y Valaquia [Opisanie ziemi Moldawskiey i Multanskiey], y una pequeña composición poética titulada La vida del mundo, en la que re­suena el lamento bíblico de la «vanitas va- nitatum».

R. Del Conté