Manuel José Quintana

Nació en Madrid el 11 de abril de 1772 y murió en la misma capital el día 11 de marzo de 1857. Oriundo de Extremadura, estudió en Salamanca, donde fue discípulo de Meléndez Valdés, el poeta más representativo de la llamada escuela salmantina del siglo XVIII, y una de las más delicadas voces de aquel siglo. Desde el primer momento, sufrió Quintana la influencia de su maestro — como puede verse en las Poesías (1878, v.) de juven­tud —, pero buscó después una expresión más personal, espectacular y enfática, muy alejada por el tono y por los temas de la poesía más característica de su modelo. En 1791 escribió Quintana Las reglas del drama, en donde recogió las ideas de Boileau y defen­dió el uso de las tres unidades.

Fundó más tarde la revista Variedades de Literatura y Artes y comenzó a adquirir fama con odas notables como Al combate de Trafalgar (1805) y con la obra en prosa Vidas de es­pañoles célebres (1807). Ya antes, en 1801, había representado sin éxito El duque de Viseo (v.), tragedia a la manera de Alfieri. De 1805 es otra tragedia, Pelayo (v. Pelayo), compuesta según los cánones neoclásicos. Los sucesos de 1808 hicieron que Quintana se enfrentara con la invasión francesa, desem­peñando el cargo de primer oficial en la Secretaría General de la Junta Suprema Gubernativa del Reino. Se advierte el ardor con que canta Quintana la guerra de la Indepen­dencia en sus colaboraciones en el Sema­nario Patriótico — que fundó y dirigió — y en sus poesías de esta época.

Al fin de la guerra, por sus ideas ilustradas y liberales, y por la defensa de la Constitución de 1812, se vio desterrado a la ciudad de Pamplona (1814-20). En 1823 fue director de Instruc­ción Pública, cargo que luego perdió. Pero a la muerte de Fernando VII lo recuperó y fue además nombrado preceptor de la reina Isabel II. En 1855 le coronó ésta so­lemnemente en el Senado, expresando de este modo, públicamente, el homenaje de la opinión pública que veía en Quintana el poeta más representativo de su época.