Ki-No-Kaion

(Vulgarmente Enami Kiue-mon). Nació en Osaka en 1663 y murió en 1742. Famoso autor japonés de «jōruri» (dramas para el teatro de marionetas), fue hijo de un tal Zenuemon, confitero y también escri­tor de «haikai» (género de poesía breve en diecisiete sílabas), y hermano del célebre poeta Yūensai Teiryū (1654-1734). Desde niño reveló una inteligencia notable, y du­rante su juventud abrazó la vida religiosa budista e ingresó en el Kakimoto-dera, tem­plo de la provincia de Yamato. Sin embargo, a los veinte años volvió al estado seglar. En tanto ejercía la Medicina, frecuentó la escuela de literatura de Keichū (1640-1701), con quien estudió a los clásicos de su país.

Fue también discípulo de Yasuhara Tei- shitsu (1610-73), que le inició en la compo­sición de «haikai», y de su hermano Teiryū, el cual le introdujo en los misterios de la «kyōka» (poesía cómica). De esta suerte iba preparando su actividad literaria. En 1703 Toyotake Wakadayū (1681-1764) inauguró su famoso teatro de marionetas, el Toyo- take-za, y en 1706 invitó a Kaion a colaborar con él en la competición entablada con el Takimoto – za, teatro rival establecido en 1685 y apoyado nada menos que por el célebre Kikamatsu, el Shakespeare japonés. Allí inició nuestro autor su actividad tea­tral; en 1708 llevó a la escena su primer drama: Wankyū sue no Matsuyama (título de difícil traducción). A esta obra siguieron unas cincuenta del mismo género, entre las cuales cabe citar Osome e Hisamatsu, o las mangas estrujadas por las lágrimas (v. Osó­me Hisamatsu tamoto no shira-shibori, 1711), O Shichi, la verdulera [Yaoya O Shi- ki, 1711-15], La campana infernal de las geisas [Keisei mugen no kane, 1723], etc.

En esta última fecha, tras dieciséis años de actividad, abandonó el teatro y ocupóse del negocio familiar de confitería. En los últi­mos tiempos de su vida se dedicó a la ense­ñanza de los clásicos. Literariamente, sus dramas resultan, sin duda, inferiores a los de Kikamatsu, sobre todo en cuanto a la descripción de los sentimientos humanos. Además, Kaion trató en particular aconteci­mientos históricos, y sus personajes apare­cen dominados más bien por la razón que por las pasiones. A pesar de todo, nuestro autor fue, indudablemente, uno de los dra­maturgos más eminentes de su época. In­trodujo en la escena eficaces innovaciones técnicas.

Y. Kawamura