Kamo-No-Chómel

Nació en 1153 y murió en Toyama en 1216. Descendía de una familia de sacerdotes sintoístas, y su progenitor, Chōkei, era «negi» (orante, graduación bas­tante alta de la jerarquía sacerdotal) del templo de Kamo, cerca de Kyoto, la capital. Huérfano de padre todavía muy joven, fue educado por su abuela. Poseía un- ingenio singular, y pronto adquirió gran habilidad en la música y la poesía; en cuanto a esta última actividad fue discípulo del bonzo Shun-e, uno de los poetas más ilustres de la época. La abuela, que desde su juventud servía en la corte, introdujo en ella al nieto.

Cuando en 1201 quedó reorganizado el «Waka-dokoro» (departamento de poesía), el ex emperador Go Toba (1184-98) pensó en K. para la provisión del cargo de «yoriudo» (seleccionador); ello manifiesta la notorie­dad que había alcanzado en el arte poética y la consideración en que le tenía el mismo soberano. Poco después, empero, como no lograra obtener un puesto de carácter sacer­dotal en determinado templo, presa de la desilusión y el disgusto abandonó el sintoísmo y abrazó el budismo. Rapó su cabeza, adoptando el nombre religioso Ren-in, y marchó a vivir a la soledad del monte Ohara, cerca de Kyoto, después de rechazar las invitaciones del soberano a reintegrarse al cargo que desempeñara en el «Waka-dokoro». Luego se trasladó a la localidad de Toyama, en la montaña Hiño, donde pasó los últimos años de su vida y com­puso el Hōjōki (v.).

Desde allí se dirigió en 1211 a Kamakura, al encuentro de Minamoto-no-Sanetomo (1192 – 1219), asimismo buen poeta; no tardó, empero, en regresar a su anterior aislamiento. Ello es cuanto permiten deducir de su existencia diversas fuentes. Las restantes obras de K. — o a él atribuidas — llegadas hasta nosotros, como los Apuntes sin nombre [Mumyōshō], el Shiki Monogatari (v.) y otras, presentan escaso valor literario; por ello la fama de nuestro autor se halla vinculada exclusiva­mente al Hōjōki. Por lo demás, en cuanto poeta no puede compararse, por ejemplo, a su contemporáneo Jien (1155-1225), y to­davía menos al mucho más ilustre Saigyō (1118-90).

M. Muccioli