Jeremy Bentham

Nació el 15 de febrero de 1748 en Londres, donde m. el 6 de ju­nio de 1832. A los siete años leía ya en el texto original los clásicos de la literatura francesa; a los trece ingresó en Oxford, y salió de allí cinco años después con los títulos de «bachelor of arts» y «master of arts».

Reveló también precozmente su ca­rácter anticonformista llevado, por natu­raleza, a la crítica de cuanto había sido legado por la tradición; suscribió, en efec­to, los 39 artículos de la Iglesia anglicana sólo porque ello resultaba necesario para su admisión en el colegio, y no sin haber criticado antes su falta de correspondencia con los dictámenes de la razón.

Su padre, procurador, le indujo a la abogacía; pero B. dejó muy pronto la profesión para dedi­carse a la investigación científica pura de la jurisprudencia. Fruto de tales estudios fue el Fragmento sobre el gobierno [A Fragment on Government, 1777], que, ya a su aparición, obtuvo un gran éxito y fue juzgado obra de algún autor famoso.

Tras haber escrito en 1780 su texto más impor­tante para la definición exacta de sus ideas, la Introducción a los principios de la moral y de la legislación (publicado en 1789, v.), donde formulaba la doctrina de la utilidad como principio de todas las virtudes huma­nas y fundamento de cualquier legislación, B. empezó a viajar por Europa.

Además del francés hablaba corrientemente el ita­liano, el alemán y el ruso, y no desconoció el chino. En 1786 dirigióse a Rusia, donde tenía un hermano arquitecto, y allí em­prendió el estudio de una reforma del régi­men penitenciario, entonces muy atrasado; pretendió asimismo llevar a cabo una aplicación práctica de sus ideas, y, a tal fin, planeó un edificio destinado a ser la nueva prisión modelo, proyecto que defendió por espacio de veinticinco años sin resultado concreto alguno.

También en Rusia, país en el que permaneció durante dos años, escribió Defensa de la usura (1787, v.), obra con la cual deshizo muchos prejuicios res­pecto a la cuestión. La Revolución fran­cesa tuvo en él un benévolo observador; en 1792 Francia le otorgó incluso la ciuda­danía, actitud que B. agradeció enviando varias cartas a las diversas asambleas a fin de orientar mejor sus actividades.

La debi­litación de su salud le indujo a retirarse del contacto social en Ford Abbey, cerca de Chard, donde vivió una existencia aislada y de estudio intenso. Activo, infatigable, además de colaborar a menudo en revistas y diarios publicó ensayos, tratados y obser­vaciones acerca de los más variados temas: política, religión, filosofía, economía, dere­cho, etc.

Citemos entre ellos Tratado de legislación civil y penal (1802, v.), Llama­miento para la Constitución [A Plea for the Constitution, 1803], Reforma escocesa [Scotch Reform, 1808], Examen de intro­ducción a la racionalidad de la evidencia [An Introductory View of the Rationale of Evidence, 1812], Tabla de los impulsos a la acción [A Table of Springs of Action, 1817], Sobre la libertad de prensa [On the Liberty of the Press, 1821], Análisis de la influen­cia de la religión natural sobre la felicidad temporal de la humanidad [The Analysis of the Influence of Natural Religión Upon the Temporal Happiness of Mankind, publicada en 1823 bajo el nombre de Philip Beauchamp], Propuestas de codificación [Codifization Proposals, 1823], y Libro de las fala­rias (1824, v.).

Tales obras le reportaron una importante influencia y le convirtieron m jefe indiscutible de las corrientes radi­cales. Como director de la Westminster Review, por él fundada en 1824, sostuvo una campaña muy enérgica para la reducción de los gastos públicos, y divulgó su ideo­logía a través de artículos.

Típico repre­sentante de la burguesía inglesa más racio­nalista, desdeñoso y refinado, y tan severo consigo mismo como generoso y benévolo para el prójimo, halló entre sus amigos a los más fervientes partidarios de sus doc­trinas.

Mantuvo amistad con lord Shelburn, James Mill, lord Chatham, Pitt, Ricardo, Grote, Camden de Dumont, quien dirigió la edición francesa de sus textos, y Rowring, autor de su famosa biografía. Incitado por el deseo, muy propio del siglo XVIII, de llevar a la práctica sus ideas, pudo ver finalmente concretadas en realidad sus pro­puestas para la asistencia a los pobres. Con carácter póstumo, en 1840, apareció su Deontología o ciencia de la moral (v.).

F. Catalano