János Vaida

Periodista y poeta húngaro. Nació en Pest el 7 de mayo de 1827 y murió en la misma ciudad el 17 de enero de 1897. Des­tinado por su familia a la carrera eclesiás­tica, abandonó, no obstante la escuela antes de terminar los estudios y se incorporó a una compañía de cómicos ambulantes. Tras un año de fatigoso vagabundeo y de miseria, desempeñó durante algún tiempo un em­pleo de funcionario, sin lograr adaptarse a una vida regular. Su juventud, su físico vigoroso y atractivo le valieron ser aceptado en el círculo de amigos de Petófi, en Buda­pest. Con ellos frecuentó el café Pilvax, se entusiasmó por los franceses, Napoleón, las ideas y el lirismo de Petófi. En 1855 publica El príncipe Bela y una colección de versos, Poemas. En 1857 funda una revista feme­nina: El mundo de las mujeres, En 1860 da a la luz un nuevo libro de poemas, Gritos de alarma, y en 1862, uno tras otro, dos libe­los: Crítica de sí mismo y Civilización.

Con todo, V. no alcanza la notoriedad y pasa años difíciles, aun cuando en este período iban madurando en él los rasgos característicos de su personalidad. Rebasan­do el marco de la «canción popular», he­rencia de Petófi, el poeta se forja un ideal femenino que se convierte en el tema cen­tral de su obra: este tipo de mujer fatal, lo encuentra en Gina, pequeña burguesa ambiciosa y coqueta, que prefiere los aman­tes ricos a un poeta todavía oscuro. Tal pasión inspira a V. acentos baudelerianos. Pero este lirismo, en el que la sed de grandeza alterna con el gusto por la muerte, no es aceptado por el gran público. Natural­mente inclinado al pesimismo, el poeta se desliza, bajo el golpe de la adversidad, hacia la misantropía: el aislamiento a que se viera reducido por sus libelos políticos de 1862, la pérdida de su puesto de redactor, la muerte de sus padres en un accidente, su desgraciada pasión por Gina, una enferme­dad en los ojos, todo contribuye a confir­marle en su desesperación y su desprecio de un mundo que él considera «fracasado». Este destino eminentemente «romántico» acentúa el carácter subjetivo de su lirismo.

La inspiración autobiográfica de Nuevas poesías (1867) pasa a ser una confesión apenas velada en La novela de Alfredo (1875), narración en verso a la manera de Byron, en la que se relata, en forma de sueño, los amores del poeta con Gina. Otra novela también en verso, Los encuentros (1875), describe los infortunados amores de Andor y Leona. En 1880, V., ya cincuentón, se casa con una muchacha cuyo tipo le recuerda el de Gina. Esta unión sólo durará quince meses y estará marcada por terribles escenas de celos, en una de las cuales el poeta llega a amenazar a su esposa con un revólver. Entretanto, en el terreno literario, la fama de V. crece y se ensancha; ante la admiración que su obra despierta en los jóvenes, la crítica se suaviza. En 1881 pu­blica una serie de cuentos en versos de tema popular, Relatos, y el mismo año sus poesías completas (v. Poesías) en dos volúmenes, reeditadas en 1895. Pobre, amargado, muere cuando el Estado se disponía a concederle una pensión.

La vida y la obra de V. refle­jan las contradicciones comunes a casi todos los románticos. Si, por su forma, la produc­ción de nuestro autor puede parecer reza­gada, constituyó, en realidad, por sus temas y su espíritu, el antecedente inmediato del simbolismo magiar, hasta el punto que V. es hoy día considerado como el precursor de Ady. Cabe mencionar además: El hijo del rey (1860, v.) y Las canciones de Gina (1860).