Herodas (o Herondas)

Poeta griego helenístico a quien nos descubrieron los papiros egipcios a fines del siglo pasado. Acerca de él lo ignoramos todo: la patria, quizá Siracusa o Cos; la época de su exis­tencia, que por algunos indicios que apare­cen en su obra podría ser establecida con cierta aproximación en la primera mitad del s. III a. de C., y la vida entera. La única circunstancia presumible con cierta probabilidad es su permanencia en Cos y, aun con mayor seguridad, en Alejandría, ciudad de la que algunos pasajes de su obra reflejan el pomposo ambiente metropolitano y las divergencias y envidias de los cenácu­los literarios.

Esta es, precisamente, la sola nota personal que alienta sus Mimiambos (v.), o sea mimos — ocho, en conjunto — en metro yámbico; las piezas del género en cuestión son cuadritos de cierto movimiento dramático y notable realismo. En una de tales composiciones, titulada El sueño, el autor habla de los perjuicios ocasionados a su obra por adversarios malévolos, y mani­fiesta una conciencia no exenta de orgullo de su valor poético, gracias al cual podría ser juzgado sucesor y émulo — en cuanto al mérito — del antiguo Hipónax. Este fragmen­to presenta un notable interés por cuanto, además, nos ayuda a situar conveniente­mente la figura de H., uno de tantos poetas- literatos tan abundantes en la época hele­nística, los cuales vivían una existencia oscura entre disputas y celos literarios, pero se complacían a veces — como nuestro autor — en el contacto con la realidad coti­diana y los ambientes y personajes más comunes y hasta menos nobles: rufianes, alcahuetas, zapateros y mujeres viciosas.

Sin embargo, la descripción que de ello ofrece el poeta presenta siempre matices un tanto literarios. La vida de tales autores carece de historia; menos la tiene aún la de H, de quien es necesario adivinar en su mayor parte dichos aspectos, por cuanto de él nadie nos ha transmitido sino el nombre.

Q. Cataudella