Giuseppe Marchi

Nació en Tolmezzo (Udine) el 22 de febrero de 1795 y murió el 1. ° del mismo mes de 1860. Perteneció a la Com­pañía de Jesús y fue nombrado en 1842 por Gregorio XVI «conservador de los Sa­grados Cementerios de Roma». A partir de entonces inició su actividad científica en el ámbito de la arqueología cristiana. Ya dos años antes, empero, había proyectado una gran clasificación de los principales monu­mentos conservados en las catacumbas, las iglesias y los museos; sin embargo, tal obra no iba a llegar a la realidad sino parcialmente. Y así, de 1844 a 1847 apareció Mo­numentos de las artes cristianas primitivas en la metrópoli del cristianismo (v.), pero sólo en su parte referente a la arquitectura, Marchi llevó a cabo esta labor con un método positivo y riguroso, y procuró resolver to­das las cuestiones pendientes.

Su mayor des­cubrimiento fue el del sepulcro de San Jacinto, hallazgo muy importante por cuan­to aclaró las ideas sobre la deposición de los cuerpos de los mártires y por tratarse de la primera tumba de su género que se encontraba desde el siglo IX. Iniciada la continuación del estudio sobre la arquitec­tura, el autor hubo de interrumpir su tra­bajo a causa de la revolución de 1848-49. A partir de entonces, y aun cuando Pío IX lo llamó para el desempeño de cargos de importancia, su actividad fue disminuyendo sensiblemente.

G. Bovini