Nació en el caserío de Condomine en la tierra de Lantosca, condado de Niza, el 8 de mayo de 1713; murió en Milán el 26 de diciembre de 1803. Muy joven fue enviado a Milán a casa de un tío suyo sacerdote, para estudiar; pero hubo de trabajar como maestro en una escuela que tenía su tío. En 1727 fue admitido en las Escuelas Arcimboldi y en 1731 en las escuelas de los jesuitas de Brera. Estudió así para sacerdote, y en 1737 volvió a Lantosca; pero sólo para ser ordenado e investido con un beneficio reservado a su familia. De nuevo en Milán, comenzó a publicar algunas poesías, y muy pronto se hizo estimar por los Imbonati, quienes solicitaron su colaboración en la Academia de los Transformati, que fue renovada por él, y en la que más tarde hizo Passeroni admitir al joven Parini.
Fue preceptor en casa del marqués Lucini, y terminado su cometido acompañó como secretario a Roma y más tarde a Colonia (1743 y 1760) al nuncio apostólico Lucini, alumno suyo. Tras siete años de ausencia, regresó a Milán, y fue otra vez preceptor del último hijo de Lucini. Pero, desaparecidos sus protectores, Passeroni se vio reducido a vivir con la renta de las misas y se retiró a un cuartito; rechazó la hospitalidad de amigos y patricios y no quiso los empleos que le ofreció el conde de Firmian; sólo aceptó, en 1770, una pensión de 500 liras milanesas que le dio la emperatriz María Teresa, y que perdió a la muerte de su protectora; tuvo después otros pequeños beneficios, que también le fueron retirados por la Revolución francesa. En 1802 la República italiana le concedió una nueva pensión y al año siguiente fue nombrado miembro del Instituto Nacional, con una modesta asignación.
Pero en el mismo año moría, pobre como siempre, aunque su obra más importante había enriquecido a sus editores; de lo cual se asombraba Sterne cuando, al llegar a Milán en 1765, manifestaba su admiración por el poema que debía ofrecerle quizá el motivo inicial de su Tristán Shandy (v.). Entre sus obras menores son dignas de recuerdo una traducción de Epigramas griegos (1786), un volumen de Rime giocose, satiriche e morali (1776) y siete volúmenes de Favole Esopiane (1778-1788). Su obra más importante es el poema El cicerón (v.), que Passeroni pretendió que fuera el más largo de la literatura italiana: 11.097 octavas, es decir, 88.776 versos: prolijo y algo endeble, el poema tiene, sin embargo, momentos agudamente felices, hasta el punto de haber sido elogiado por Rousseau y Manzoni.
P. Raimondi

