Francesco Patrizi

Nació en 1529 en Cher- so, murió en Roma en febrero de 1597. A los nueve años abandonó la isla nativa embar­cándose con su tío, capitán de galera de Cherso en la flota veneciana, e iniciando así una vida de constantes peregrinaciones. Estudiante en Padua (1547), tuvo como maestros a Buonamici y a Robertelli, y fue condiscípulo del futuro papa Gregorio XIV. Vuelto a Cherso en 1554, lo encontramos de nuevo en Bolonia dos años más tarde, y en 1557 en Ferrara, donde publicaba, de­dicándolo a Hipólito de Este, el Eridano, poemita que representa una de las prime­ras tentativas de métrica bárbara. En 1560 está en Venecia, donde publica los diálogos De la historia (v.); entre 1561 y 1568 es­tuvo dos veces a Chipre, quizá al servicio del arzobispo Filippo Mocenigo, o, en cual­quier caso, de esta noble familia veneciana, a un miembro de la cual, Zaccaria, dedicó más tarde las Discussiones peripateticae.

De Módena, donde se había establecido a su regreso, aquella «fati quaedam vis», de la que se lamentaba, le impulsó de nuevo a viajar hacia España (1574), y allí perma­neció tres años. En 1578, Alfonso II de Este le confió la cátedra de Filosofía en la Uni­versidad de Ferrara, y allí enseñó Patrizi du­rante catorce años, que representan el pe­ríodo más fecundo de su vida. En 1581 aparecían las citadas Discussiones peripateticae, en cuatro libros, valeroso aunque desdichado intento de demoler la filosofía aristotélica. En 1585 mantuvo Patrizi una ani­mada controversia con Tasso acerca de la fidelidad de la Jerusalén libertada a los cá­nones aristotélicos, cánones que, por lo de­más, rechazó él en bloque en su Poética (1586, v.). En 1591 publicó su obra más im­portante, Nueva filosofía universal (v.), divi­dida en cuatro partes: Panaugia, doctrina de la luz; Panarchia, doctrina del primer principio; Panpsichia, doctrina del alma, y Pancosmia, doctrina del mundo.

En esta obra pretende Patrizi instaurar una filosofía platónica como fundamento del cristianis­mo. Entran a formar parte de su sistema doctrinas orientales y pitagóricas, y espe­cialmente el neoplatonismo con todas las desviaciones de la decadencia. El conven­cimiento de Patrizi de que sólo un retorno al platonismo podía renovar la religión cris­tiana, hace de él uno de los representantes más extremados de la ideología humanista. Esta filosofía platónica continuó enseñán­dola nuestro autor también en Roma, adon­de fue llamado en el año 1592 por el papa Clemente VIII.

M. Frezza