Conrad Ferdinand Meyer

Nació en Zurich, el 11 de octubre de 1825 de una familia del patriciado ciudadano, murió en Kilchberg el 28 de noviembre de 1898. Quedó pronto huérfano de padre, y se crió en soledad espiritual; era muy sensible, imaginativo, sometido a fuertes inhibiciones y enfer­mizo, tanto que necesitó de tratamientos médicos y psiquiátricos, en 1852, en Préfargier y al año siguiente en Lausana. Los años pasados en la Suiza francesa sirvieron para que equilibrara y aumentara sus fuerzas desde el punto de vista psíquico, intelectual y religioso, y asimismo para que se arrai­gara en la cultura francesa. Se dedicó en­tonces Meyer a estudios históricos y lingüísticos y tradujo del francés obras de historia. Fa­ses decisivas de su formación artística fue­ron sus viajes a París (1857), Roma, Floren­cia y Venecia (1858 y 1871-72). Miguel Án­gel y la pintura veneciana le impresionaron profundamente.

Una herencia le permitió dedicarse a la creación poética, que se anunció, de una manera incierta con las Zwanzig Balladen von einen Schweizer (v. Baladas), publicadas anónimas en 1864; también en Romances e Imágenes (1869, v. Baladas) se mantuvo al nivel de la lírica convencional. La predilección por la balada (la llamada «Schicksalballade») y más ade­lante por la novela histórica nos lo mues­tran bajo el influjo del tardío historicismo burgués y del entusiasmo característico de la época por el Renacimiento italiano (J. Burckhardt). Bajo la impresión de los movimientos en pro de la unidad de Italia y de Alemania, se agudizó su sensibilidad política. La fundación del Imperio germá­nico en 1871 le hizo sentirse íntimamente radicado en la cultura germano-protestante, y lo llevó a aquella síntesis de elementos meridionales y septentrionales, de lo que es germánicamente protestante con lo que es típicamente latino y sensual, síntesis de moral y de plenitud de vida, de conciencia y de sed de poder, de profundidad interior y de fantasía creadora inclinada preferente­mente a la representación plástica.

Las Poesías (v.), publicadas en edición definitiva en 1882, representan la evolución histórica del lenguaje subjetivo apto para expresar los estados de ánimo nacidos de la experien­cia personal hacia el lenguaje simbólica­mente objetivo y plástico. Los últimos días de Hutten (Huttens letzte Tage, 1871), auto- confesión político-religiosa y espiritual bajo el disfraz histórico, es el más alto resultado de la poesía épico-lírica del siglo XIX. Entre sus obras narrativas destaca la no­vela, sacada de la historia de los Grisones del siglo XVI Jürg Jenatsch (1876, v.). Sus Novelas cortas (v.) se sucedieron rápidas, fruto de un trabajo asiduo: Das Amulett (1873), Der Schuss Von der Kanzel (1878), El santo (1880, v.), Gustav Adolfs Page (1882), Plautus im Nonnenkloster (1882), Das Leiden eines Knaben (1883), Las bodas del monje (1884, v.), Die Richterin (1885), La tentación de Pescara (1887, v.), Ángela Borgia (1891). Meyer supo crear en sus narracio­nes una prosa magistralmente estilizada y es un clásico de la forma rigurosa de la novela, perfeccionada estéticamente en el tardío realismo alemán.

F. Martini