Charles-Marie-Photius Maurras

Nació en Martigues (Bouches-du-Rhône) el 20 de abril de 1868, y murió en Tours el 16 de no­viembre de 1952. Hijo de una familia per­teneciente a la pequeña burguesía, recibió una excelente formación humanística en un colegio de religiosos de Aix, A los dieciocho años llegó a París para iniciar la actividad periodística. Atravesaba entonces una época de plena anarquía espiritual (de la que son testimonios su confesión novelada Le mont de Saturne y Au signe de Flora; su infan­cia se había visto perturbada por el drama de una inesperada sordera); disgustado por el «funeste Pascal» (Pascal puni) y entu­siasta de la Grecia antigua, había perdido la fe. Mientras tanto, tras la influencia del pesimismo de Baudelaire y Schopenhauer, que se dio asimismo en muchos jóvenes de su generación, había descubierto muy pron­to a otros guías: Anatole France, que le hizo secretario suyo y le confirmó en el culto a Grecia; Barres, el cual sugirióle un itinerario que llevaba del «diletantismo» de Renan a una reconciliación con la tierra y con los muertos que en Maurras aparecería expresada en el amor a su Provenza natal (L’étang de Berre); y, finalmente, Auguste Comte y su positivismo, que le permitía mantener un orden intelectual y político sin referencias al absoluto (El porvenir de la inteligencia, v.).

En el año 1895 tuvieron lu­gar dos revelaciones decisivas para el autor. Ante todo, en la primavera, una estancia en Grecia (Le voyage d’Athènes, Anthinéa), la meditación apasionada ante las estatuas antiguas y, en la Acrópolis, el maravillado descubrimiento de la «razón» como arte de los sacrificios, expansión del sentimiento a través de normas rigurosas; ello provocaría la crítica del romanticismo pasional que se da en las fábulas del Chemin de Paradis, en el estudio psicológico del caso George Sand-Musset (Les amants de Venise) y en la crítica literaria de las obras de Chateau­briand, Hugo y los herederos parnasianos y simbolistas de este último (Un débat sur le Romantisme, Poètes, Barbarie et poésie, etcétera). En 1895, también, se inició el «affaire Dreyfus», y Maurras, convencido de la culpabilidad del capitán, vio en la campaña dreyfusista contra el ejército sólo un caso extremo del doble mal de la moderna Fran­cia: el individualismo y el internacionalis­mo. Buen discípulo de Comte, propugnó como oposición al primero las «leyes natu­rales» que hacen de la política una ciencia superior a la voluntad humana; contra el segundo defendió el progreso constante de los nacionalismos a través de la historia moderna, debido al cual hoy menos que nunca puede el individuo subsistir fuera del Estado.

El organismo estatal, empero, im­plica duración, libertad respecto de los in­tereses privados y jerarquías, así como la doble necesidad de monarquía y herencia; las dos ideas de Estado y democracia se revelaban, pues, incompatibles, y Maurras encon­trábase ante un dilema radical: «O Francia y el rey, o ningún rey, pero tampoco Fran­cia» (Mes idées politiques). En 1900 La en­cuesta sobre la monarquía (v.) procuró llevar a los intelectuales hacia este realis­mo de nueva especie, no sentimental y tradicionalista como el de Chateubriand, ni tampoco místico como el de De Maistre, sino empírico, científico y realista «por cuanto nacionalista». En 1908, Maurras, quien había reunido a su alrededor a hombres como Léon Daudet, Bainville, Lemaître y Bourget y disfrutaba de la confianza de Barrés, fundó el periódico L’Action Fran­çaise; en adelante, su vida se confundiría con la de este movimiento, y sus etapas principales serían la campaña de 1913 para una preparación militar de Francia, la de 1920 contra el tratado de Versalles (considerado excesivamente favorable a Alema­nia) y la política de Briand, el movimiento de 1935 en favor de un acuerdo con Italia, y el de 1939 opuesto a la declaración de guerra.

La extrema violencia de la polémica, que hacía de Maurras el enemigo por excelencia de los partidarios del régimen republicano, contribuía, al mismo tiempo que a la pu­reza clásica de su estilo y a su nueva y personal manera de apoyar las demostra­ciones políticas con todos los recursos de una amplia cultura, a atraerle, sobre todo entre la juventud estudiantil, cierto número de fervientes discípulos, como Maritain y Bernanos, quienes, sin embargo, habrían de separarse de Maurras por razones de cristianismo, o Brasillach, el cual evolucionaría hacia la posición fascista. Ninguna generación lite­raria francesa del período 1914-1939 se ha visto absolutamente libre de la influencia de nuestro autor. Y así, en 1926 la Iglesia decidió condenar L’Action Française: admi­rador del catolicismo en cuanto principio de orden, Maurras permanecía, en efecto, resuelta­mente agnóstico; pocos han demostrado, al mismo tiempo, como él, tal simpatía por Roma y tanta repugnancia a la admisión del aspecto trágico del cristianismo. El movimiento no iba ya a sacudirse esta condenación, y llegó a su fin en 1944, con motivo de la pena de reclusión perpetua impuesta a Maurras por su incondicional apoyo a la política del mariscal Pétain. Encarce­lado en la prisión de Riom y luego en la de Clairvaux, fue indultado en la prima­vera de 1952, después de lo cual se retiró a una clínica de Tours, donde murió tras su retorno a la fe católica.

M. Mourre