Parece que debe atribuirse a este florentino, que, en su calidad de prior, fue uno de los principales actores del motín de los cardadores, la crónica de dicha revuelta, publicada por primera vez en el siglo XVIII por Muratori, el cual la atribuyó a Gino Capponi (v. Motín de los «ciompi»).
De Capponi son conocidos los Recuerdos que, en su ancianidad, dedicó a su hijo Neri, redactados para enseñanza y guía del joven. El relato de la revuelta, por el contrario, no revela esta tendencia moralizadora, y se advierte en él una total dedicación a la narración directa del suceso.
Alguien ha hecho notar que si bien A. insiste de un modo crudo sobre el espanto y la turbación de los magistrados de la ciudad ante la sublevación popular, no es menos cierto que critica igualmente de un modo rudo la «impaciencia» y los excesos de la plebe.
La verdad es que con motivo de aquellos dramáticos episodios el hombre veía alejarse la posibilidad de un gobierno moderado, el único que le parecía deseable, y de aquí deriva su vigorosa e indignada crudeza.
F. Catalano

