Del Medio Eficaz, Stanislaw Konarski

[O skutecznym rad sposobie]. Obra política en cuatro volú­menes del escolapio polaco Stanislaw Konarski (1700-1773), publicada entre 1761 y 1763. En esta obra, la más amplia e impor­tante de las que el autor escribió, combate con implacable lógica la ley del «liberum veto» que concedía a cada diputado del «Sejm» el privilegio de protestar contra las mociones discutidas, y gracias a la cual, a menudo, una sola voz de oposición anulaba un largo trabajo de la Dieta. El «veto» era el privilegio preferido de la nobleza y, aun­que no pocos reconociesen que las frecuen­tes clausuras de las sesiones del «Sejm» po­dían tener efectos desastrosos, los nobles se ilusionaban con la idea de poder reme­diar dicho mal conservando inalterable su privilegio.

Rechazados varios proyectos de modificación de la Dieta, que no eran sino sencillos paliativos, era posible que el ca­pricho de un diputado, detrás del cual a menudo se ocultaba el interés del extranjero, con el uso del veto suspendiese todos los trabajos. Konarski propone decidida­mente la abolición del «liberum veto» como «el único medio eficaz» para mantener la Dieta. Enumera luego todas las Dietas in­terrumpidas y disueltas desde tiempos de Segismundo el Viejo Jagellón, y demuestra que las razones para ello habían sido fú­tiles y las consecuencias frecuentemente desastrosas. A continuación Konarski res­ponde a las eventuales objeciones contra el voto de la mayoría y concluye con la proposición de introducir esta forma de deliberaciones. En el cuarto volumen, que es el más interesante, basándose en nocio­nes políticas sacadas de fuentes inglesas, suecas, holandesas, venecianas y genovesas, el autor propone un nuevo régimen en el que la Dieta, compuesta de 200 senado­res, escogidos por el rey entre los candi­datos de las «dietinas», y de 600 diputados elegidos por los distritos, sea el supremo órgano legislativo y funcione continuamen­te. El órgano ejecutivo ha de ser el Con­sejo de los residentes compuesto por 45 miembros, responsables ante el «Sejm» lo mismo que el «Sejm» ante la nación. El rey habría de ser elegido por mayoría de votos, pero Konarski no se muestra con­trario a la monarquía hereditaria.

La obra de Konarski tuvo una influencia enorme; baste decir que, después de la publicación del tercer volumen, los trabajos del «Sejm» no volvieron a sufrir interrupciones. Aun­que muchas de sus reformas no pudieron ser efectuadas debido a la intervención de Rusia y de Prusia, que se oponían a cual­quier manifestación de renacimiento po­lítico de Polonia, la votación «per pluralitatem» y la abolición del «liberum veto» fueron aprobadas en la memorable Dieta de los 4 años, terminada con la Constitu­ción del 3 de mayo.

W. De Andreis

Meditaciones Algebraicas, Edward Waring

Medi­taciones algebraicae]. Obra del matemático Edward Waring (1734-1798), publicada en Cambridge en 1770. El autor es quizás el más eminente matemático inglés de la épo­ca postnewtoniana, y se distingue de todos los matemáticos de su tiempo por no ha­ber tomado parte en el progreso del aná­lisis infinitesimal, para el cual se mostró siempre indiferente. Las Meditaciones al­gebraicas (que obtuvieron tres ediciones) son su obra principal; constan de dos par­tes distintas, dedicadas la primera al álge­bra y la segunda a la teoría de los núme­ros, examinadas separadamente. La pri­mera consta de cuatro capítulos.

En el I se obtiene un método basado en la consi­deración de las funciones simétricas de las raíces de una ecuación que sirve para deducir de ésta otra cuyas raíces tengan con la primera determinadas relaciones: en él se leen en forma explícita las relaciones que dan las sumas de las potencias similares de las raíces de una ecuación en fun­ción de los coeficientes de la misma, así como las fórmulas inversas (éstas llevan precisamente el nombre de «fórmulas de Waring»); y, además, el primer indicio de la ecuación de los cuadrados de las dife­rencias, que tan útil se demostró en manos de Lagrange. En el capítulo II se leen ori­ginales consideraciones sobre las raíces rea­les e imaginarias de las ecuaciones; con­sideraciones dirigidas a iluminar y com­pletar la conocida «regla de los signos» de Descartes. En el capítulo III el autor se ocupa de la disminución de grado de una ecuación con objeto de conseguir su re­solución; habiendo logrado resolver una ecuación de cuarto grado haciendo desapa­recer los términos II y IV, con generaliza­ción demasiado apresurada, afirma equi­vocadamente la posibilidad de transformar cualquier ecuación de grado n en una ecua­ción binomia, resolviendo una ecuación auxiliar n — 1, de donde resultaría la re solubilidad de todas las ecuaciones alge­braicas.

Son notables las consideraciones expuestas en el capítulo III sobre las ecua­ciones recíprocas, y sobre las binómicas; en cuanto a estas últimas, da la expresión general de una función simétrica de las raíces. Al capítulo IV concierne la teoría de la eliminación y demuestra que Waring no ignoraba el llamado «teorema de Bézeot». Resultados todavía más notables se hallan en la parte aritmética. Afirma mu­cho antes de Goldbach (cosa todavía no establecida, y que sigue «sub judice») que «todo número par es descomponible en la suma de dos números primos» y añade que «cualquier número, si no es primo, es suma de tres primos». Bajo forma de hipótesis y como generalización del teorema según el cual «todo número puede expresarse co­mo suma de cuatro cuadrados», afirma (pro­posición demostrada sólo un siglo más tar­de) que «todo entero se puede expresar mediante un cierto número de potencias nme, siendo este número siempre infe­rior a cierto límite que depende exclusi­vamente de n». En la misma obra se lee que «si p es un número primo, y tan sólo en este caso, la suma (p — 1) 4-1 es divi­sible por p»; es un teorema que fue demos­trado por Lagrange y que lleva el nombre de «teorema de Wilson» por el de su des­cubridor: mientras que a Waring se deben estos otros enunciados:

I. Si tres números primos están en progresión aritmética, su diferencia debe ser un múltiplo de 2:3, a menos que el primero no valga 3.

II. Si cinco números primos están en progresión aritmética, su diferencia había de ser di­visible por 2:3:5, a menos que el primo no sea 5.

III. Si siete números primos están en progresión aritmética, su diferencia ha­bía de ser divisible por 2 : 3 : 5 : 7, a menos que el primero no sea 7.

En las últimas pági­nas del libro, Waring se ocupa de geometría analítica. Ante todo establece las fórmulas para la transformación de las coordenadas octogonales en un plano, aplicando la expresión de la distancia entre un punto y una recta, que aparece aquí por primera vez. De las fórmulas antedichas hace apli­cación a la clasificación de las cuártieas planas, que él reparte en doce clases que comprenden 84.551 géneros. A él se debe también la consideración y el estudio en general de las curvas, generalizaciones de la ordinaria cicloide, generada por la ro­tación de una curva sobre otra. El autor se ha ocupado también de la geometría del espacio, llegando, entre otras cosas, a calcu­lar el número de puntos que determinan una superficie general en su orden. El es­tilo extremadamente pobre, la mediocre elegancia de los cálculos y, sobre todo, el gran número de aserciones no demostradas, obligando al lector a una incesante cola­boración con el autor, impidieron que las Meditaciones algebraicas ejerciesen una gran influencia en los contemporáneos; pero el tiempo, también en este caso honrado jus­ticiero, ha sacado a la luz del día su pro­fundidad y su originalidad.

G. Loria

El Medio de Triunfar, François Béroalde de Verville

[Le moyen de parvenir]. Obra atribuida a François Béroalde de Verville (1558-1612), publica­da en 1610. El libro «contiene la razón de todo lo que ha sido, es y será», como em­pieza diciendo el largo subtítulo, que ya resulta burlesco en su deliberada obscu­ridad, y representa uno de los documentos más característicos de la cultura francesa de la segunda mitad del siglo XVI.

El ar­gumento se enlaza con los cuentos satíri­cos, a menudo anónimos, referentes a las polémicas entre católicos y calvinistas: no hay que olvidar que Verville — hijo de un hugonote mencionado honorablemente por el italiano Bandello en las Novelas (v.).—, después de la muerte de su padre, se hizo católico y llegó a ser canónigo de Tours. Pero en su obra se burla lo mismo de los católicos que de los hugonotes, de modo que, con razón, no puede considerarse par­tidario ni de unos ni de otros. El autor imagina una especie de banquete solemne donde se encuentran personas de todas con­diciones y de todas las edades, cuerdos y ra­zonables, en su mayoría dispuestos a di­vertirse apaciblemente discutiendo sobre los más variados temas. De cuento en cuento, la sátira alcanza, con actitudes libres, fra­ses atrevidas y juegos licenciosos, en ca­rrera endiablada que hizo pensar incluso en atribuir la obra a Rabelais.

El abigarrado desorden de los debates hace aún más rara una obra que se burla de costumbres y supersticiones de todas clases y pone en todas partes el sello de una alegre proca­cidad y la sutileza de un libertinaje inte­lectual aumentado por citas de los autores menos conocidos. Hace pensar en otra obra famosa, no tan mal reputada, cual es el Címbalo del mundo (v.) de Bonaventure Despériers. En el Medio se inspiraron, para sólo citar las obras más notables de una corriente literaria, las Aventuras del Barón de Foeneste (v.) de D’Aubigné y la Verda­dera historia cómica de Francion (v.) de Sorel.

C. Cordié

Mediocre y Rastrero o La Manera de Medrar, Louis-Benoit Picard

[Mediocre et rampant ou Le moyen de parvenir]. Comedia en cinco actos de Louis-Benoit Picard (1769-1828), representada en 1797. Dorival, secretario de un ministro, a pesar de hallarse privado de verdaderos méritos, tiene dos aspiracio­nes: obtener una embajada y casarse con la hija del ministro. Así, presenta, como prueba de su capacidad, un informe sobre la situación del Ministerio, y dedica un soneto a la muchacha. Pero luego se sabe que no es suyo, y la joven prefiere al verdadero autor. Después, en el Ministerio, donde se tienen algunas sospechas acerca de él, le dicen que el informe ha parecido al soberano obra revolucionaria y Dorival se apresura a indicar quién ha sido el cul­pable: un subordinado suyo, el cual se lle­vará el deseado cargo. La comedia, más ambiciosa y menos lograda que la Pequeña ciudad (v.), viene así a contradecir su enunciado; a lo menos por una vez el axioma de Fígaro será desmentido por los hechos. Estrenada durante el Directorio, esta comedia tiende a demostrar que los abusos, posibles bajo el antiguo régimen, no podrían ya salir bien en la nueva at­mósfera de justicia, creada por el nuevo estado de cosas.

G. Alloisio

El Médico Holandés, Carlo Goldoni

[Il medico olandese]. Comedia en cinco actos de Carlo Goldoni (1707-1793), en verso, representada en 1756. Monsieur Guden, que a causa de la muerte de su novia está oprimido por una sombría melancolía, busca a un mé­dico de Leiden, monsieur Bainer, y cura, no tanto por la habilidad del médico ho­landés, como por las gracias de su sobrina Mariana, en la que Guden ve renacer a la muchacha amada. En este sencillo argu­mento bullen figuras de segundo término que lo animan sin complicarlo ni nublar su sencilla serenidad. Guden, cuya hipocondría no es propia de su carácter, sino causada por un accidente, nos parece más bien un personaje del teatro romántico que del goldoniano; es propia de Goldoni, en cam­bio, la gracia alegre de la comedia, hasta en los motivos meramente coreográficos propios del teatro del arte, tan a menudo redivivo en Goldoni.

U. Déttore