El Millón, Marco Polo

Obra de Marco Polo (1254- 1323), exactamente titulada según la tra­dición El libro de Marco Polo ciudadano de Venecia, llamado Millón, donde se cuen­tan las maravillas del mundo [Le livre de Marco Polo citoyen de Venise dit Million oü Von conte les merveilles du monde] y comúnmente llamado Millón, por el sobre­nombre dado a Marco y a su padre para distinguirlos de otros homónimos.

La obra narra las aventuras del gran explorador y mercader que entre embajadas, negocios y misiones políticas, vivió en la corte de Cublay, emperador o Gran Khan de los tártaros, y pudo conocer tierras y costum­bres de las fabulosas regiones del Catay y de Cipango, esto es, de la China y del Japón. El libro está constituido por las narraciones hechas a Rusticiano de Pisa por el autor, vuelto a su patria y hecho prisionero por los genoveses en 1298 en el combate naval de Curzola. Rusticiano (há­bil literato a quien se debía desde 1271 el Meliadús, v., compilación de materia novelística bretona) redactó en lengua de «oil» el relato de su ilustre compañero de penas. El texto original de El Millón fue durante siglos diversamente transfor­mado y deformado en sus varias redaccio­nes francesas, italianas y latinas, y sólo en nuestros días ha sido reconstruido por Luigi Foscolo Benedetto según una redac­ción más integral, restituido a su primitiva redacción francesa, y después divulgado en una nueva traducción italiana. Se manifies­ta en el relato de Marco Polo al volver de las riquísimas y misteriosas regiones orien­tales el tono maravillado ante los espec­táculos de la naturaleza y los pueblos.

Son famosísimas sus páginas acerca del Viejo de la Montaña (de cuya leyenda se hallan rastros en muchas novelas medievales), so­bre la vida de la residencia veraniega del Gran Khan en Chandú (la moderna Shangtu) y los usos del antiguo Imperio chino. Es bella por ser de aliento épico y fabu­losa la descripción de la batalla entre el rey Alan (Halagu, khan de Persia) y el rey Barca (Berke, khan de la Horda de Oro); está reproducida de manera lograda la lu­cha entre los dos pueblos conquistadores, en el sentido sangriento de la lucha por la vida y por la gloria. Aquí Marco Polo siente su orgullo de europeo, habituado a una civilización milenaria; pero del mismo modo que intuye una nueva vida de pue­blos errantes llena de hechizo y de mis­terio, sabe sostener un tono muy suyo de moderación y prudencia, debido al cono­cimiento de los hombres de tierras tan lejanas de su patria. Un importante docu­mento histórico es el constituido por la narración de la laboriosidad de Marco en Jan-Chu, donde fue gobernador durante tres años. En sus actos se observa siempre una gran pericia de hombre que sabe apreciar los hechos y las cosas, y en toda ocasión aplica un espíritu de moderación justa y precisa que consigue dominar los acontecimientos.

Así brilla su cordura de guiador de hombres — veneciano de antiguo cuño — aun en medio de difíciles reveses. Estu­pendas por sus descubrimientos de tierras nuevas son las descripciones de sus largos viajes a caballo por landas infinitas, pasan­do a vado los ríos, encontrando gentes desconocidas aún para los mismos orientales, y conociendo animales hasta entonces con­siderados como fabulosos. Son notables por su aspecto estrictamente documental en lo que se refiere a su actividad de mercader, las noticias sobre especias raras, como por ejemplo la pimienta y el jengibre, acerca del petróleo de Armenia, el carbón fósil del Catay, y las piedras preciosas. Pero lo que más sorprende en la narración de Mar­co — y constituye el hechizo que . han ex­perimentado siempre sus lectores europeos aun a través de malas refundiciones de su narración — es aquel sentido de estupor y maravilla por un mundo aparecido como por encanto a los ojos de un hombre habi­tuado a la dureza de la vida cotidiana, entre la industria y el tráfico y los riesgos de marineros y mercaderes: palacios de oro y de plata, jardines fragantes de mil raras flores, ceremonias solemnes entre muche­dumbres prosternadas ante ídolos y auto­ridades reales, tropas de guerreros en lucha tremenda por la posesión de una tierra, y costumbres, lenguas, sentimientos nunca co­nocidos por la antiquísima civilización me­diterránea, si no eran vislumbrados a tra­vés de alguna leyenda lejana.

Esta entrega a un mundo de contrastes y de esplendores anima esta extensa narración, le confiere los caracteres de un universo poético y la sitúa entre los más ricos testimonios de la Europa medieval y de la época de los primeros descubrimientos geográficos. Y con justicia se ha podido decir que con su li­bro Marco Polo dio a Italia precisamente la obra épica y robusta que le faltaba, en comparación con la literatura caballeresca de los demás pueblos. [Existe una traduc­ción clásica del arcediano Rodrigo Fernán­dez de Santaella, publicada bajo el título Libro del famoso Marco Polo, veneciano, de las cosas maravillosas que vido en las par­tes orientales (Sevilla, 1503), de la que se hicieron por lo menos cinco ediciones en el primer cuarto del siglo XVI. Moderna­mente es preciso mencionar la cuidada tra­ducción de María de Cardona y Suzanne Dobelman bajo el título El Millón (Madrid, 1934)].

C. Cordié

Milton, William Blake

Poema en dos libros, del es­critor y pintor inglés William Blake (1757- 1827), compuesto en Londres en 1804-1809. La vertiginosa fantasía de Blake, su extra­vagante e ilimitada capacidad de dar vida a fantasmagorías estructuradas en drama, dieron forma a dos obras entre las más curiosas e interesantes de la literatura in­glesa de aquel período: Jerusalén (v.) y Milton.

En éste, el protagonista poco tiene del Milton autor del Paraíso perdido (v.), si no .queremos hablar de una idealización gigantesca del personaje real y al mismo tiempo de una deformación hiperbólica. Unas divergencias en el simbolismo de Mil­ton ponen de manifiesto que el poema en su presente forma es el resultado de una imperfecta revisión. Los dos episodios prin­cipales son el mito de Satanás (v.) y de Palamabron, y la llegada de Milton el Des­pertador. El primer mito es de difícil y complicada exégesis. Blake quiere corre­gir los errores — así le parecía — del Pa­raíso perdido, y combate la idea de que Satanás fuese castigado por la Providencia por sus pecados. El poeta quiere demostrar que la ética ideal es indulgencia y perdón. Las alusiones a la falsa amistad en este mito parece que se refieren a unos episo­dios de la vida del autor en Felpham.

El segundo tema del poema trata del impulso de conseguir la libertad en el arte y en la religión por medio del aniquilamiento del «enemigo espectral» («spectrous fiend») o egoísmo («selfhood»): en esta parte Milton es un símbolo del mismo Blake durante el período 1800-1803 en Felpham. La última parte del Milton está complicada de una manera rara por la introducción de Ololon, que aparece como una virgen de doce años, símbolo dramático quizá de la revelación en los términos de la existencia temporal, del plan divino de regeneración. Finalmen­te la Sombra Miltónica, Satanás, símbolo del conjunto de los errores mundanos, se enfrenta con Milton el Despertador, que está asociado con Los, símbolo de la inspira­ción divina. El lenguaje de la obra, que forma parte, junto con la Jerusalén, de los Libros proféticos, rebosa de alusiones sim­bólicas obscuras o totalmente herméticas.

 G. Pioli

Gran parte de la singularidad de su mun­do lírico se debe al empleo de figuraciones típicas de la mitología cristiana para la ex­presión de un contenido de esencia camal. (E. Cecchi)

Blake es un anárquico, ya que su cora­zón siente simpatía hacia la vida y sus manifestaciones espontáneas y alegres, y porque tiene el valor de seguir fiel a lo que ama. (W. Raleigh)

Milesias, Arístides de Mileto

Fábulas grie­gas atribuidas a Arístides de Mileto (si­glos III-II a. de C.), de quien no se tienen noticias: las informaciones relativas a ellas son muy escasas y se ha perdido toda la colección. Gozaron de extraordinaria noto­riedad en todo el mundo helenístico y ro­mano: la trama amorosa y erótica, que re­flejaba en colores vivísimos las costumbres decadentes de la época, el sentimiento de romanticismo melancólico, propio del Asia Menor, que sólo veía como empresas de amor y pasiones violentas trastornaban y consumían en sus llamas a jovencitas be­llísimas y valientes doncellas; la atmósfera saturada de aventura y concupiscencia se adecuaba perfectamente con la vida de lujo de aquel mundo en disolución.

La di­fusión de aquellas fábulas fue tal que ofi­ciales y soldados romanos las llevaron con­sigo hasta la lejana Partía, donde fueron descubiertas entre los bagajes abandonados después de la infausta batalla de Carras: y su contenido era tal que hacía ruborizar al propio rey de los partos, como nos lo refiere Plutarco. Históricamente fueron el origen de la novela, entendida como gé­nero literario; literariamente, imprimieron su carácter e influyeron en la tradición elegiaca alejandrina, ya inclinada por na­turaleza al erotismo decadente, y, de modo indirecto, reviven todavía en algunas si­tuaciones escabrosas de los cuentos de Boc­caccio. Las Metamorfosis (v.) de Apuleyo y el Satiricón (v.) de Petronio nos conser­van, entre su fárrago, algunos ejemplos, como la narración de la «Matrona de Éfeso»; los romanos las conocieron o directa­mente en griego, o por la traducción de Sisena (II a. de C.), la cual, probablemen­te, más o menos refundida, corría en manos de los muchachos «que se reían a carca­jadas con ella en las escuelas» todavía en tiempos de San Jerónimo.

De un núcleo primitivo, sacado de tradiciones locales, por vía literaria se llegó a colorear con vivísimas tintas, aplicadas con finura de penetra­ción, situaciones tomadas de la vida coti­diana, de la cual, en sustancia se venía a ofrecer un modelo deformado y acaso ca­ricaturesco, pero vivo y fácilmente reco­nocible. Sin embargo, la gradación y la medida de esta elaboración deformadora se nos escapan, por haberse adaptado su­tilmente a los géneros literarios en los que estas novelas iban influyendo, por ejemplo la elegía o la novela, y hallamos matronas descaradas y adolescentes ingenuos, mucha­chas violadas y mujeres hábiles en la magia amorosa, piratas, esclavos, encubridores, amores incestuosos, padres y hermanos desnaturalizados, vírgenes desgraciadísimas, brujos y hechiceras, encantamientos, enga­ños : las situaciones más imprevistas ante las cuales no sabríamos juzgar si son ma­ligna fantasía o realidad vivida, expuestas con naturalidad ingenua, proyectadas so­bre un mundo alegre y feliz, cuyo humo­rismo nos obliga a reconocer en él a una civilización fértil y adelantada, que sabe complacerse, juzgar, sonreír bonachonamen­te y hasta aplaudir con sincero entusiasmo ante la representación grotesca y deforme de sí misma.

I. Cazzaniga

El Milagroso Nido de Pájaro, Hans Jacob Christoffel von Grimmelshausen

[Das wunderbarliche Vogelnest]. Cuento del escritor barroco alemán Hans Jacob Christoffel von Grimmelshausen (1625-1676), publicado en 1672. Está en relación con las demás obras del mismo autor y particu­larmente con el Curioso Saltamontes (v.), pues narra las aventuras que giran en torno a un maravilloso nido de pájaro, en­contrado por la mujer de Saltamontes (Springinsfeld), nido que tiene la facultad de hacer invisibles a quienes lo poseen. El autor se sirve de ello como del marco para reunir una serie de cuentos que narran lo que sucede a los poseedores del nido que, invisibles gracias al mismo, penetran en las casas y asisten a escenas familiares de todas clases y adquieren un conocimien­to preciso de lo que es la vida. Pero al fin el nido maravilloso lleva desgracia a sus poseedores, de modo que éstos se deshacen de él, pasando a una vida de penitencia. Es evidente, en esta obra, como en todas las de Grimmelshausen, el sentido trascendental del relato que se reduce a una afirmación figurada de la inanidad de la vida y de la sola felicidad del más allá.

M. Pensa

Miles Glorsosus, Plauto

[El soldado fanfa­rrón]. Comedia que Plauto (255?-184 a. de C.) escribió alrededor de sus cincuenta años, cuando, hacia el final de la segunda guerra púnica, las esperanzas de los ro­manos estaban puestas de nuevo en el gran Escipión, con el cual el protagonista de la comedia tiene acaso algún punto de con­tacto en ciertas fanfarronadas militarescas, que no resultaban del todo agradables ni al Senado ni al pueblo romano.

Prescin­diendo de la aguda pero velada parodia ca­ricaturesca, el tema presenta las acostum­bradas características de la intriga y de la sustitución de personaje, organizadas según la fértil fantasía de un esclavo. Pleusicles ama a la cortesana Filocomasia que Pirgopolinices (v.), grotesco tipo de militar fan­farrón, rapta, llevándola a Éfeso. Palestrión, criado de Pleusicles, corre a infor­mar a su amo. Pero durante el viaje, caído en manos de los piratas, es vendido al sol­dado y encuentra a la muchacha raptada. El esclavo y la mujer avisan a Pleusicles, que llega y es acogido en la casa contigua a la del soldado, en la de Periplecómeno. Gracias a esta vecindad, se puede abrir un agujero en la pared que separa las dos ca­sas, y Filocomasia tiene libre acceso a las citas de amor con Pleusicles. Pero Esceledro, criado de Pirgopolinices, encargado de custodiar a la muchacha, los ve desde el tejado unidos en amoroso abrazo; para con­vencer a Esceledro de que se trata de una equivocación, se le hace creer que una su­puesta hermana gemela de Filocomasia lle­gó el día anterior con su amante, de ma­nera que Esceledro no sabe qué pareja ha visto desde el tejado: si la de su ama o la de la hermana de ésta.

Ahora Palestrión y Periplecómeno fingen que este úl­timo tiene una esposa que, cansada de su marido, desea casarse con Pirgopolinices, de quien está enamorada. El soldado, hala­gado por su nueva aventura, se dispone a despedir a su concubina. Y como le han dicho que han llegado la hermana y la madre de Filocomasia con la intención de llevarse a su cónyuge, él no sólo la des­pide, sino que le cede los obsequios que le había hecho, incluido el esclavo Palestrión que le había dado como regalo. Pirgopoli­nices entra después en la casa de Periple­cómeno, donde encuentra, en lugar de la mujer al marido, que, con un grupo de criados y una descarga de palos, pone fin a la burla. Esta afortunada comedia ha creado un tipo que, lejano progenitor de los innumerables capitanes Matamoros o Fracassa (v.), resucitó siglos después en la «commedia dell’arte» italiana. Pero la exa­geración caricaturesca y la intención polí­tica perjudican sin duda el equilibrio de la representación escénica y hasta al ca­rácter del protagonista, que queda algo amanerado y superficial. Con todo, precisa­mente a este tono de farsa que domina la intriga y los personajes, y esboza un tipo cómico haciéndolo vivir por sus solos rasgos fundamentales, fuertemente marcados, se debe el triunfo de esta obra, que se ha con­vertido en modelo de su género. [Trad. es­pañola de P. A. Martín Robles en Comedias de Plauto, tomo III (Madrid, 1945), con el título El militar fanfarrón].

F. Della Corte

Ciertamente la gracia de Plauto no es siempre feliz, o mejor dicho, no es tal que pueda ponerse de buen grado en boca de todos; pero la comedia de Plauto es la representación viva y animada de varios tipos en variadísimas situaciones cómicas, y Plauto ha de hacer sentir a sus espectado­res la chanza ora descarada, ora picante, ora desabrida, y el lenguaje injurioso y el juego de palabras obsceno o insípido de sus criados, de sus juerguistas o de sus alca­huetes. (C. Marchesi)