El Sueño del Rey Rojo (Rodolfo Martínez)

Entre las pertenencias de un cadáver anónimo se halla un disco con fragmentos de un patrón para crear una inteligencia artificial, el mismo que usó Álex para recrear a Lúrquer poco antes de que se suicidara. Mientras Álex y Andrea investigan, un personaje misterioso prepara de un plan que lo convertirá en el dueño y señor de la red…

La novela comienza con un primer capítulo brillante.
Y eso que está contada en primera persona, y eso que utiliza abundantes flashbacks.

Ambas cosas me molestan y suelen chirriarme, y encima en este caso van juntas. Sin embargo, es un capítulo fascinante, en que el protagonista va entregando los datos poco a poco, dosificando la información y la intriga de forma tan ingeniosa que ni siquiera parece tramposo. Y es que lo hace de forma natural, siguiendo el orden de los pensamientos del personaje.

El interés se mantiene alto en parte de la novela, en la mejor tradición del género negro, aderezada también con interesantes reflexiones de Alex, y no sólo sobre el caso, también sobre la vida, las relaciones humanas (remordimientos, fantasmas del pasado de los tres protagonistas) y su propia forma de ser.

En este apartado, el de los personajes, Martínez se ha esmerado con un protagonista lleno de matices, desluciendo poco a poco el resto de los personajes.

Lúrquer, el amigo “recreado” aún mantiene el interés, los enfrentamientos entre ellos son sumamente ingeniosos y muy humanos, con eventuales accesos de humor.

El personaje que sale más perjudicado de esta redacción en primera persona es Andrea, la mujer que ambos aman, tratada con una distancia tal que resulta difícil “verla”, incluso comprender las razones de tanto amor.

Hay otro personaje femenino, cuyo nombre no recuerdo, que aparece en el último tercio de la novela y que , sin ser una mujer “real” es mucho más interesante que Andrea en cuanto a descripción y personalidad.

En la publicidad dicen que es una novela cyberpunk. Yo no sé qué es eso, sólo puedo decir que funciona como novela de intriga, de ciencia ficción, fantástica y de personajes.

El argumento es interesante, la trama se sigue sin dificultad y el final no es decepcionante. ¿Qué más se puede pedir?

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Paisaje pintado con té (Milorad Pavic)

Paisaje pintado con té (Milorad Pavic)
Se cuenta la vida del arquitecto Atanás Svilar, luego Razín, y de su esposa, la cantante Vitacha Milut. Al parecer es una novela de amor.
La novela comienza contando situaciones extrañas, para las que utiliza un vocabulario lleno de definiciones de una minuciosidad extrema, exagerada e innecesaria, ya que el relato no parece tener la menor utilidad.
Esas imágenes poéticas, a veces poderosas, están al servicio de un texto que relata hechos con una frialdad distante, ignorando la descripción de los pensamientos y emociones de los personajes.
Con esto el autor consigue alejarme más a cada página que pasa. No sé cómo son sus personajes. Pormenoriza sus excentricidades, pero no les siento vivos ni me puedo identificar con ellos, porque lo único que se me comunica son sus tics, costumbres, actos.

Cuando se llevan más de doscientas páginas de lectura, el autor comenta el porqué de esta nueva forma de leer. Algo así como que leer la novela tal como él propone, es “una forma del hombre de resistir la inexorabilidad del tiempo, al menos en la literatura”. En fin…

A estas alturas de la novela, ya se ha deducido lo que pretende con su propuesta de leer a modo de crucigrama (¿?), esto es, agrupar los capítulos según traten de uno u otro tema: el romance, los cuadernos que escribe el protagonista, la historia de su amada y las de otras personas…

Vale, no es mala idea, no es original("Rayuela", de Cortazar, propone algo similar en cuanto al orden de lectura) ni sorprendente, pero puede tener su interés y resulta más coherente que la proposición de Georges Perec en “El secuestro”.
Lo que no entiendo es porqué todos estos “experimentos” suelen estar al servicio de obras aburridas, monótonas y sin el más mínimo interés argumental. ¿Por qué no se puede hacer con una novela menos atípica, una que tenga personajes y trama?

Así, lo que en esta obra intenta ser profundo se queda en absurdo, frases de aparente contenido casi trascendental se descubren vacías de forma y fondo, la historia de amor brilla por su ausencia y los personajes carecen de garra, de personalidad, son lineales, el autor explica, pero no consigue que vea, que viva, lo que ha intentado crear, por lo que la impresión al acabar la novela es de indiferencia, ni siquiera aburrimiento. Pavic no ha conseguido llegarme, aún menos impresionarme.

http://reginairae.blogcindario.com/2005/02/00097-paisaje-pintado-con-te-de-milorad-pavic.html

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Antes de que te duermas (Linn Ullmann)

Antes de que te duermas (Linn Ullmann)

Karin Blom está en la cama abrazada a su sobrino Sander, al tiempo que rememora hechos importantes de su vida y de la de su familia: la boda de su hermana Julie y su posterior y fracasado matrimonio con Aleksander; la vida de su abuelo Rikard en Nueva York, el regreso de su familia a Noruega, sus novios, la muerte de familiares, sus novios…

Esta es la primera novela de Linn Ullmann, hija del director de cine sueco Ingmar Bergman y de la actriz noruega Liv Ullman.
Escrita con una prosa limpia, lírica y con aires mágicos, y narrada en primera persona y en presente, la novela fluctúa entre la realidad y la ficción. La narradora, Karin, una joven muy suya, que se confiesa mentirosa, va desgranando sus recuerdos y las historis que le contaron sobre sus parientes más antiguos, introduciendo grandes dosis de fantasía. Esto crea algunas situaciones surrealistas como cuando narra su relación con Carl, un joven que tenía unas botas mágicas que jamás se quitaba, y que se transformó en pez, al quitárselas por primera vez o sus impresiones al ver el rostro operado de su madre. Tampoco se respeta el clásico orden cronológico. La narradora va saltando del pasado al presente continuamente, de las historias de unos personajes a otros. Karin, por cierto, es un personaje peculiar que cuando se proponer seducir a un hombre no ceja en su empeño para lograrlo, aunque no retiene a los novios durante mucho tiempo. A lo largo de la novela abundan las situaciones irreales con las que la autora trata de reflejar diversos aspectos de la vida familiar o de pareja. El tono es muy intimista, frío, nórdico, fabuloso, triste y como deprimido, desencantado. El tema se presta a ello. Se profundiza en los sentimientos de los personajes, que sufren muchísimo con el desamor, llegando algunos de ellos a intentos de suicidio. Pero no está contado con pasión, aunque en algunos momentos (pocos) sientes el desgarro de los protagonistas.
No está mal escrita. La autora tiene ambición y estilo, y está considerada una de las escritoras noruegas de más proyección. Aunque con esos genes artísticos… lo tenía fácil.

http://reginairae.blogcindario.com/2005/02/00099-antes-de-que-te-duermas-de-linn-ullmann.html

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Lágrimas de luz (Rafael Marín Trechera)

Lágrimas de luz (Rafael Marín Trechera) 



Mis primeros contactos con la ciencia ficción escrita fueron las novelitas pulp que publicaba Bruguera. Los autores que más recuerdo fueron Clark Carrados, Curtis Garland, A. Thorkent, Kellton McYntire, Ralph Barbie, Glenn Parrish. Como tenía nueve años de edad, y en ese entonces el mundo era ancho y ajeno, suponía que dichos autores eran, como sus nombres lo sugerían, estadounidenses o ingleses.

Como (casi) todos sabemos, dicha suposición es errónea. Clark Carrados se llama en realidad Luis Gonzáles Lecha, A. Thorkent es Angel Torres Quezada, y de los otros ya no recuerdo los nombres. De gringos nada: españoles de los pies a la cabeza. Chapetones pues. De los que desayunan churros y dicen ¡hostias!

¿Y por qué esos seudónimos tan ánglófilos? Lo más probable es que las editoriales de esos tiempos, igual que los estudios cinematográficos, tienen el gran objetivo de VENDER sus productos, y los directivos pensaron que un autor con nombre supuestamente anglosajón vendería más libros que uno con nombre hispano. No es una mala idea, ¿ o ustedes creen que Clark Gable, Cary Grant y demás realmente se llamaban así?

Lo malo de esta práctica es que, si bien tal vez no lo creó, reforzó un prejuicio: que los hispanohablantes no podíamos producir ciencia ficción. Si el autor era español, debía escribir sobre la guerra civil . Si era sudamericano, sobre el realismo mágico. Pero de ciencia-ficción, nada.

Lo confieso, yo también fui víctima de este prejuicio. Cuando en Perú se vendieron las ediciones de Orbis, ignoré los títulos cuyos autores eran Rafael Marín Trechera, Gabriel Bermudez Castillo, Domingo Santos, Manuel de Pedrolo y algún otro que no recuerdo, lo cual ahora lamento profundamente, por que esa colección no volvió a imprimirse.

Y es que con la internet, vine a enterarme que los hispanoamericanos también escribían ciencia-ficción, y muy buena por cierto. También me enteré, mal de muchos consuelo de tontos, que en otras latitudes (incluida la propia España) el prejuicio anti autores hispanohablantes seguía existiendo. Y me enteré también que, gracias a "Lágrimas de luz", el prejuicio que tan reiteradamente he mencionado estaba en retirada. Bueno, tal vez no únicamente gracias a la novela en mención, pero creo que es la más destacada en ese sentido. Al menos, así lo deduzco por lo que he podido leer en la internet. Si acaso me equivoco, me encantaría que me corrigieran.

Los comentarios que pude leer respecto a la novela eran mayoritariamente elogiosos. ¿Habría algún error, algún caso de "amiguismo" como suele suceder en nuestro medio peruano? La reedición de "Lágrimas de luz" por la editorial Gigamesh confirmó que no se trataba de un "clásico" inflado o de una obra del montón, sino de un libro que pertenece ya al colectivo de los "libros de ciencia ficción", ya sin etiquetas nacionales. Rafael Marín escribe buena ciencia-ficción, y punto.

Y yo había desdeñado aquel libro. Y no había forma de conseguirlo (en Perú, las librerías no venden los libros de Gigamesh). Pero la generosidad de Rafael no tiene límites, y tuvo a bien enviarme un ejemplar, el cual me puse a leer en cuanto rompí el sobre de envío.

La novela nos relata los avatares de un poeta, de un bardo de un futuro tan decadente que ha vuelto a una especie de medioevo con grandes masas de incultos y harapientos. En dicha sociedad, los poetas sirven de ayuda (no se sabe si a su pesar) para apuntalar dicho estado de cosas. El protagonista, Hamlet Evans, aspira a ser poeta con el fin de escapar de la Tierra y emplearse al servicio de la Corporación, entidad que mueve los hilos del universo humano del futuro. Evans inicia su aprendizaje como poeta en el asteroide Monasterio, suerte de colegio o academia donde aprende técnicas básicas de lenguaje. Al fin, es enrolado en una nave como poeta oficial (o algo así), y se inicia su peregrinar de mundo en mundo, ganándose la vida empleando su arte cantando las hazañas (y ocultando las vilezas) de los poderosos de turno, ya sean militares o meros ricachones.

El universo de "Lágrimas de luz" es despiadado. Es interesante, pero no provoca vivir en él. No hay final felíz, y uno comprende que, ya sea en nuestro planeta o desperdigada por el universo, la humanidad está condenada a arrastrar sus vicios y su violencia a la par que su tecnología y su creatividad. Los viajes espaciales y los ambientes exóticos de diversos mundos, cada uno con su fauna y sociedades bastante peculiares, nos muestran un futuro saturado, donde conceptos como libertad y felicidad no existen: sólo existe la Corporación , el poder por encima de todos, el poder del cual no se puede escapar, salvo mediante la imaginación y la poesía. Y eso, sólo para algunos afortunados. Hamlet Evans sabe que sus poemas hacen más soportable la vida a la gente, pero no la cambia ni le ofrece esperanzas de un futuro mejor. No se si eso sea un mérito o un demérito de la novela, pero esa sensación de pesadumbre – que tiene Hamlet Evans – es tan real, tan vívida, que pareciera que Rafael Marín realmente hubiera vivid
o en ese futuro.

En cierta manera, "Lágrimas de luz" me hace recordar a "Dune", que recrea un futuro medieval. Sólo que la novela de Herbert está escrita desde el punto de vista de los poderosos, de los que gobiernan, los que, pese a todos sus dramas y tragedias, tienen la voz cantante en el universo. En cambio, en el universo conocido de Rafael Marín tenemos la otra cara de la moneda: los buscavidas, los poetas, las masas sometidas, ignorantes, degradadas. Tiene sentido. Herbert es americano, y para los americanos la época medieval nos parece algo romántico y heróico, pues la conocemos más que nada por las versiones hollywoodenses. Rafael Marín es europeo, español, heredero de un conocimiento más veráz de lo que fue el medievo y de lo que significó en la historia. Y tal vez por eso no se hace ilusiones respecto al futuro, o al menos, respecto a un futuro renacer de esa forma de vida. Sabe que no hay caballeros en brillante armadura, sino opresores. No hay sencilla vida campesina, sino servidumbre. No hay gloriosas batallas, sino el sangriento saldo de guerras sin sentido.

Pero, no vaya a creerse que estamos ante otra novela que se cuelga de la moda de hacer "literatura malditista", tán fácil de imitar como de olvidar. Siendo una novela de ciencia-ficción, ambientada en un futuro distante y en universo más vasto, la tristeza y el pesimismo que impregnan la obra son producto de la comprensión de la naturaleza humana y de su posible devenir antes que actitudes acartonadas. Te fregaste, Hamlet Evans, por que tu visión del futuro es más realista que muchas supuestas visiones del presente.

Creo que el título de "Lágrimas de luz" está más que justificado para esta novela. A un universo así, no le queda otra cosa que llorar.

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La estación de la calle perdido (China Miéville)

La estación de la calle perdido (China Miéville)
 

Originalmente, esta reseña le otorgaba al libro una recomendación de 3 y medio, que, me parece, no está mal. Sin embargo la reseña data de hace dos años (evidentemente estaba reseñando una edición inglesa), y recalcitrantemente, me he visto obligado a subirle la nota (como si le importara realmente a alguien lo que opine acerca de este libro un idiota como yo), aunque no me desdiga de lo que he dicho hace dos años.
La razón del aumento es fácil: este libro en particular con sus muchas virtudes y (unos cuantos) defectos no ha abandonado mi cabeza desde que lo leí hace ese tiempo. No hay forma de que me lo quite de encima, me ha invadido desde entonces, me descubro pensando en determinado aspecto de la narrativa o en algún truco sucio que usa Miéville para con el lector (especialmente en alguno de los momentos de la historia o algún pedazo de pseudobiología fantástica de lo mas retorcido) con una sonrisa en la boca en los momentos más insospechados a riego de mi salud: como cruzando la calle mientras un conductor decide que voy a ser la siguiente muesca en su volante.
Y un libro así, capaz de colonizar tu cerebro por sorpresa hasta el cuerpo calloso, evidentemente merece una reconsideración. Así que aquí está la reseña original con la nueva puntuación.

SI MIÉVILLE ESCRIBIERA ciencia ficción, posiblemente alguien lo compararía con Jack Vance por dos motivos. El primero es esa extraña facilidad para lo alienígena que ambos tienen. Lo segundo es, por decirlo de alguna manera, el descaro con el que escriben. Pero como Miéville no escribe ciencia ficción, sino algo más bien que podría ser definido como Gran Fantasía Racionalista, se salva de la odiosa analogía y queda campante en su propio rincón de escritor.

La estación de la calle Perdido es una obra de muchas cualidades, algunos defectos y otra cualidad más que elimina algún defecto. Esta es la historia de Isaac Grinembulin, diletante en muchas ciencias y maestro de pocas, pero dotado de una poderosa intuición. Es la historia de una ciudad innegablemente construida con una imaginación poderosa y un par de tópicos al uso, Nueva Crobuzón, una cosmopolita entidad que da cobijo a numerosas criaturas y muchas pequeñas historias. Es la historia oculta de Yagharek, el garuda, hombre-pájaro que contrata a Grimnebulin para que le devuelva el don de volar que perdió (o le fue arrebatado) por un crimen incomprensible para los humanos de Nueva Crobuzón. Es la historia de Lin, la escultora Khepri que es la amante de Isaac Grimnebulin y que acepta un trabajo que se revelará tan arriesgado como las imprevisibles consecuencias del contrato de Isaac con Yagharek. Es también una historia de revueltas ciudadanas, maniobras políticas, investigación y creación, y, sobre todo, la historia de una amenaza que destruirá a los habitantes de Nueva Crobuzón, ya sean malvados, justos o indiferentes, si alguien no hace frente al terrible genio que la curiosidad y el vicio de los hombres ha permitido escapar de su botella.

Nueva Crobuzón es un engendro posmodermo que es parte Londres victoriano (con autómatas a vapor), parte Brazil de Terry William (un sistema totalitario, corrupto y represor), parte Castillo de Otranto (imaginería gótica), parte Gormenghast de Mervyn Peake y parte planeta alienígena. La prosa de Miéville lleva al lector a replantearse continuamente las suposiciones que hace con respecto a la ciudad y sus habitantes, como en el caso de las Khepri, la raza de mujeres con cabeza de escarabajo. Miéville describe detalladamente las sociedades Khepri, pero a un servidor que esto escribe le desconcertaba el extraño lenguaje de signos usado por Lin en su comunicación con Isaac, con descripciones de los órganos con los que Lin señaliza sus mensajes, hasta que caí en la cuenta: Las Khepri no son mujeres con cabeza de escarabajo. Son mujeres cuya cabeza es un escarabajo. Lin hace señales con los apéndices del escarabajo que es su cabeza, antenas, patas, mandíbulas y alas. Lo mismo puede decirse de muchas otras especies que habitan en las páginas de esta novela, como los Garuda (que no son simplemente hombres con alas) o los anfibios Vodyanoids y sus poderes sobre el agua o los mismos seres humanos de Nueva Crobuzón, a los que una cruel ciencia puede Remodelar con partes animales o mecánicas con una inventiva infinita. El talento de Miéville para lo exótico se manifiesta de muchas maneras y contribuye a darle a esta novela una cualidad especial que de no tenerla la convertirían en un producto más para rellenar las estanterías.

La estación de la calle Perdido tiene demasiadas virtudes como obra de imaginación como para tener ese destino. Pero también tiene sus defectos, por supuesto, y algunos de estos defectos lastran la novela impidiendo que se convierta en algo más de lo que es. El principal es que a mitad de la misma ésta pierde impulso porque todas las situaciones se han planteado ya y el destino de los personajes está más o menos claro. Aunque Miéville se reserva una sorpresa o dos, la narración no tiene el mismo ímpetu que el principio, en el que se presentan a los personajes y las relaciones entre ellos, así como las consecuencias directas de sus actos. Actos que luego, por supuesto, deben redimir, pese a que la redención me parece menos interesante a veces que el que los personajes cometan los actos en sí.

La fuerza como escenario de Nueva Crobuzón está en que no es simplemente en ser un refrito de las posibles influencias que cito anteriormente (el steampunk, la distopía y el gótico), sino que por una extraña alquimia funciona más como una especie de bazar de las Mil Y Una Noches, un lugar regido por sus propias leyes y que el lector descubre poco a poco, con sentido de la maravilla. De ahí esa frase descriptiva del carácter de la ciudad al principio de la novela "Nueva Crobuzón es una ciudad a la que no convence la Ley de la Gravedad", preparando al lector para el dispositivo literario que hace que la ciudad en cuestión funcione mejor como personaje de lo que lo hacen los personajes principales de esta novela. A esta novela se le puede acusar de muchas cosas, pero no de no tener un trasfondo cuando menos ambicioso y complejo. Y tampoco es que sólo tenga un buen trasfondo y personajes poco definidos, Miéville tiene unas cuantas ocurrencias que le dan a la narración más sustancia de las que parecen posibles en ese contexto, como, por ejemplo, el intento de contratar a un peculiar "embajador" para que haga frente al problema actual de Nueva Crobuzón, o las inspiraciones monotemáticas de Isaac frente su teoría favorita acerca de cómo funciona el mundo, o la peculiar aparición de una Inteligencia Constructa que aspira a la deidad y su curiosa congregación de máquinas y mecánicos.

En cuanto al descaro al que me refiero al principio, en realidad he usado un eufemismo suave: Miéville tiene, en realidad, un morro que se lo pisa. Y por eso mismo se le perdonan algunas cosas. El ejemplo más claro es la aparición de una entidad, El Tejedor (Weaver) que cumple la función de deus ex machina en la estructura de la novela. En un momento determinado, esta entidad arácnida (y posiblemente más allá de definiciones tontas tales como "locura" o "cordura") rescata al grueso de los baqueteados héroes de Miéville de un asalto de las fuerzas del orden de Nueva Crobuzón (quienes, curiosamente, habían contratado a esa entidad para acabar con la amenaza que se cierna sobre la ciudad). La razón por la que lo hace me desarmó completamente. Más o menos, el Tejedor (siendo una entidad multidimensional y de conducta imprevisible) dice que le ha gustado la historia hasta ahora (o sea, el libro que uno está leyendo hasta esa intervención de esta entidad alienígena) y le gustaría que la historia continuase, así que rescata a los maltrechos héroes y les proporciona una nueva casilla de salida en el juego. Otro gran ejemplo de ese "descaro" es cuando el grupo de héroes a su pesar se ve obligado a contratar los servicios de un grupo de mercenarios. Antes de que el lector pueda terminar de pensar "esto me suena a partida de r…" uno de los personajes se adelanta y afirma que no confía en un grupo de sociópatas como esos que van metiéndose en jaleos varios sólo para conseguir "oro y experiencia".

Ante esto, tuve que reírme y perdonarle el truco.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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