Las aventuras del valeroso soldado Schwejk (Jaroslav Ha?ek)

El 28 de junio de 1914, el archiduque Francisco Fernando, heredero de la corona imperial austríaca fue asesinado en Saravejo por un nacionalista serbio dando comienzo en la práctica, la Primera Guerra Mundial. Ese mismo día comienza igualmente Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, libro que narra las aventuras (y desventuras) del soldado Schwejk en esta contienda.

La Primera Guerra Mundial supuso el comienzo real del siglo XX, que hasta 1914 había continuado con la dinámica del siglo anterior. Los horrores de una guerra deshumanizada que afectó tanto a civiles como a militares, el nacimiento de la Unión Soviética y las revoluciones consiguientes. los fascismos, la tecnificación de la sociedad son sólo algunos de los nuevos rasgos que definirán este siglo. Pero también, la Gran Guerra supuso el fin de una época, de un modo de entender las relaciones internacionales, la estructura de los estados, etc. Nada como el final del Imperio Austrohúngaro ejemplifica mejor este derrumbe. La monarquía austriaca agrupaba diferentes nacionalidades (checos, bohemios, húngaros, austriacos, ..) que ya desde finales del siglo XIX trataban de abrirse paso y consolidarse como realidades jurídicas independientes y soberanas a todos los niveles, tanto cultural como político.

Por ello no es de extrañar que el comienzo de la guerra fuera acogido con tremendo desentendimiento por parte del pueblo checo, que se vio inmerso en un conflicto con el que nada ganaba y mucho perdía. El reclutamiento obligatorio llevó a muchos checos a los campos de batalla en defensa de un Imperio con el que no se identificaban y que usaba como lengua oficial el alemán con claro desprecio del resto de lenguas nacionales. El propio Hašek participó en la guerra, primero como soldado del ejército austriaco para desertar posteriormente y pasarse a las filas rusas donde se integró en una unidad militar formada por desertores checos. El fin de la guerra trajo consigo la caída del Imperio Austrohúngaro y la proclamación de la República Checa.

Y es en este momento, cuando el nuevo Estado comienza a dar sus pasos y la nación checa aprende a ser libre y dueña de su destino, cuando Hašek comienza a inicia la escritura de este libro. Los lectores contemporáneos del soldado Schwejk pudieron disfrutar de la enorme carga política que rezuma la obra. Los mandos del ejército austriaco son mostrados como maniáticos, borrachos, indolentes, incapaces o, simplemente, locos; su organización militar es caótica y nada consigue resultar como se planea: los transportes militares se extravían, la intendencia es corrupta, la formación de los oficiales es nula, el sistema de claves es risible y las altas instancias son incapaces de situar la línea del frente en un mapa. Todo ello es descrito por Hašek bañado por una ironía tal que, en lugar de rebosar crueldad y ánimo de revancha, destila comicidad.

La novela se iba publicando por fascículos según iba siendo escrita. Hašek se instalaba en cervecerías y tugurios sin parar de beber y escribir. Cuando completaba unas páginas las leía a sus amigos quienes se morían de la risa según oían las locuras extravagantes del buen Schwejk. Muchos personajes populares de la Praga de entonces aparecen retratados en la novela (con cariño o saña, según la estima que les tuviera el autor). Tenderos, panaderos, empleados públicos, policías, etc, desfilan por sus páginas haciendo que la lectura actual pierda gran parte del encanto que pudo tener en su día pero dejando una idea de los tipos populares checos.

En este ambiente tabernario fue creciendo la historia del soldado Schwejk hasta comenzar a ser publicada y distribuida de puerta en puerta por el propio Hašek y ver la luz como libro una vez muerto el autor. De hecho, la obra quedó incompleta al fallecer éste en 1923 en la población de Lipnice a donde se había trasladado precisamente para conseguir (sin éxito) alejarse del alcohol.

Muchas de las anécdotas y gamberradas que se cuentan en el libro fueron hechos reales de la vida de Hašek. Así, se cuenta la anécdota de un redactor de la conocida revista Mundo Animal que comenzó a inventar extraños animales como una ballena del tamaño del bacalao, a cambiar el nombre de los ya existentes o a imaginar extravagantes descubrimientos del reino animal. Por increíble que parezca, Hašek fue ese redactor calavera. También Hašek se inspira en sí mismo cuando describe la actividad de Schwejk traficando con perros que secuestra con engaños arrebatándoselos a damas descuidadas, falsificando razas o engordando el pedigrí de perros vagabundos.

Pero la novela es mucho más que un conjunto de chascarrillos populares y de una crítica a la vencida armada austriaca. Para los lectores no checos, y para los que no conocieron los sufrimientos de la Primera Guerra Mundial, el soldado Schwejk tiene aún mucho que enseñar. Tradicionalmente, esta novela se ha presentado como una inolvidable sátira antimilitarista. Los lectores ven lo absurdo de la maquinaria militar, sus métodos alienantes en los que la violencia de los oficiales con sus soldados es proverbial o cómo los abusos con la población civil son vistos como normales por la jerarquía militar. Y este discurso antimilitarista es tanto más meritorio cuanto que, en todo el libro, sus protagonistas no se enfrentan con ningún soldado enemigo, la violencia siempre se ejerce dentro de la propia fuerza austriaca, sea en luchas y disputas entre soldados de distintas nacionalidades, por parte de los oficiales, etc.

Sin embargo, el auténtico valor que hace que esta novela sea perdurable y que su lectura resulte provechosa, al margen de las concretas circunstancias históricas que la engendraron, es la fuerza de su protagonista. El libro carece de argumento como tal: Schwejk, bondadoso praguense, aquejado de tontura como él mismo reconoce y algo mayor para verse llamado a filas, acaba (fruto de su propia estupidez) enrolado en el ejército austriaco donde pasará a servir a diversos oficiales y acabará siendo ordenanza de su batallón, ocasionando el caos allá por donde pase pese a su buena voluntad y a su fidelidad al emperador. Acepta todas las tareas y castigos que le son impuestos, con franqueza (e incluso con alegría), tratando de consolar a quienes le rodean con anécdotas de su Praga natal encadenando historias hasta que se le ordena callar.

Fiel a una tradición literaria que se remonta a Cervantes y a Rabelais, Hašek hace avanzar toda la obra por la mera fuerza de su protagonista que va saltando de desastre en desastre sobre un fondo rico en detalles, personajes secundarios, reflexiones, etc. La obra carece de un plan predeterminado, es pura invención. Al igual que en las obras de los autores clásicos citados y sus coetáneos, el humor es la piedra fundamental, un humor ácido que muchas veces se asienta en el surrealismo. Las borracheras son pantagruélicas, las bofetadas dignas de gigantes, la locura de algunos oficiales, propia de un caballero andante. Hašek no busca describir la realidad, pero quiere que el lector la descubra sutilmente a través de sus palabras. Discernir las grandes verdades que esconde el discurso del estúpido Schwejk es una tarea que se impone del mismo modo en que un lector del Quijote se pregunta a menudo quién es el loco.

Schwejk nos recuerda a Sancho Panza por su figura rechoncha, su zafiedad y su gusto por la comida y la bebida, pero también por su locuacidad indominable. Donde Sancho Panza hilvana refranes con la habilidad y rapidez de un chamarilero, Schwejk recita atropelladamente divertidísimas historias de personajes de su Praga natal; no hay afirmación que escuche o pregunta que se le formule que no le remita de manera inmediata a lo que le aconteció a Zarka, empleado de la estación de gas, o a Tynezkej que había bebido agua de pantano y creía reconocer a todo aquél con quien se cruzara, o al decano que en su vejez estudiaba a san Agustín y dedujo que Australia no existía y que era una invención del diablo.

Pero, de entre tanta palabrería, uno no puede dejar de admitir que sus juicios son, a menudo, certeros y dotados de mayor cordura que los de quienes le rodean. Sancho casi nunca cede a las locuras de su señor, permaneciendo anclado en el terreno de la cordura. Por el contrario, Schwejk aúna la figura sensata y prosaica de Sancho con el romanticismo idealista de don Quijote, de ahí que su personalidad sea tan atrayente y que, en todo momento, debamos preguntarnos ante qué Schwejk nos encontramos.

El paisaje de fondo de la novela es muy rico, no sólo gracias a estas anécdotas, sino en gran medida por los numerosos personajes que siempre rodean a Schwejk. Muchos de ellos son meras caricaturas, como el teniente Dub, preocupado por el modo de imponer disciplina a sus soldados pero que siempre termina por quedar en evidencia, o el gigante Baloun, que pese a su fuerza y tamaño llora desconsolado si no logra saciar su infatigable apetito. Peculiar resulta también el voluntario de un año Marek, a quien se le encomienda escribir la crónica del batallón y que, en sus ratos libres, se dedica a redactar los gloriosos hechos de guerra del batallón que aún no han tenido lugar. También lee a sus compañeros cómo morirán heroicamente ante la indiferencia de estos más preocupados por el tamaño de sus ranchos.

Quizá el personaje más complejo de todos ellos sea el teniente Lukasch quien soporta todas las locuras de Schwejk sin apartarle de su lado, sospechamos que siente por él cierto cariño pese a los insultos que le regala a menudo. A pesar de ser un militar fiel al régimen imperial, no puede disimular su desprecio por el resto de oficiales y su incompetencia. También tiene su lado humano cuando intenta seducir a una hermosa joven casada con un hombre de avanzada edad al que claramente no ama. Sin embargo, el atolondrado Schwejk se interpondrá involuntariamente para frustrar el éxito de esta aventura amorosa.

Al igual que ocurre con otras obras de escritores checos (Yo que he servido al Rey de Inglaterra), los personajes son tratados de manera humorística y cariñosa al mismo tiempo, de manera que, pese a su crueldad, parecen completamente inofensivos. Y es en esta tradición, heredera de la corriente clásica citada anteriormente, en la que debemos enmarcar esta obra. Su lectura puede resultar tremendamente entretenida pero, entre sus páginas, de manera casual, nos asaltarán preguntas que alentarán reflexiones varias sobre muy diversas cuestiones que, sin duda, harán enriquecedor el esfuerzo de seguir a este esforzado buen soldado Schwejk.

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El autobús perdido (John Steinbeck)

La obra de Steinbeck se reparte entre grandes novelas con resonancias míticas, grandiosas (Al este del Edén, Los hechos del Rey Arturo o Las uvas de la ira) y narraciones sobre pequeñas historias (De ratones y hombres, La perla, …). Sin embargo, en todas ellas subyace una corriente pasional soterrada, callada, que se pone de manifiesto en las tensiones que surgen entre los personajes de sus libros. En ocasiones esta tensión no se refleja explícitamente en el texto, adivinándose entre líneas, a través de conversaciones y, fundamentalmente, a través de sutiles referencias combinadas con silencios cómplices.
El autobús perdido responde plenamente al planteamiento anterior. La novela carece prácticamente de argumento y toda la trama se impulsa en el comportamiento de unos personajes condenados a relacionarse pese a sus diferencias insalvables. Esta convivencia forzada da lugar a transacciones, acuerdos, conflictos y luchas apenas disimuladas reproduciendo a pequeña escala la sociedad americana que trataba de recuperar la cordura tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el concreto marco histórico no condicional la lectura de la novela ya que los tipos que los personajes representan pueden ser fácilmente identificables en nuestros días.
Los pasajeros de un autobús local que conecta las líneas principales de San Isidro y San Juan de la Cruz quedan atrapados en Rebel Corners, un enclave ocupado únicamente por el área de servicio que sirve de base al negocio de Juan Chicoy como conductor de la línea de autobús y en la que trabaja su compañera (Alice) y una empleada (Norma). La avería que ha impedido completar el viaje es reparada a la mañana siguiente de modo que pueden iniciar el viaje nuevamente de camino a la civilización. Sin embargo, deben enfrentar un nuevo problema ya que un puente de la carretera amenaza con venirse abajo por la súbita crecida de las aguas. La novela ni siquiera despeja la duda de si la expedición logra llegar a su destino. No es relevante a ningún efecto, la esencia de la novela está en sus personajes.
Juan Chicoy, es un mejicano que ha asumido perfectamente los valores (y el idioma) americanos si bien, en su fuero interno comienza a aflorar la necesidad de cambio en la forma de retorno a su tierra natal. El principal obstáculo es su compañera, Alice, una mujer ya madura, consumida por las dudas sobre el atractivo que sigue ejerciendo sobre su compañero. Sus sueños rotos se aferran aún a esa relación como refugio último. Cuando su confianza se tambalea, cae en la depresión y en el alcohol como único remedio. Alice es la perfecta imagen de una perdedora, incapaz de asumir las riendas de su destino, sometida por tanto al dictado de Juan o de sus nervios.
Junto a esta extraña pareja tenemos a un joven ayudante de mecánico (con un problema de acné que le martiriza ya que cree que le impide relacionarse con mujeres y le priva de que los adultos le acepten como tal), con ambiciones por convertirse en operador de radar y quizá embarcarse en la marina y recorrer el mundo. Sin embargo, su mayor logro consiste en que su jefe, Juan, le reconozca como adulto y deje de llamarle por el despectivo apelativo “Pimples” que arrastra desde hace varios años por su acné.
Norma, la ayudante de camarera del área de servicio es una joven que vive engañándose a sí misma sobre su situación. Cree estar de camino a una vida de lujo y elegancia propia de los actores de Hollywood; sin embargo, su vida languidece haciendo tareas de camarera y descuidando su aspecto físico al que no sabe sacar partido. Vive en una continua indecisión entre lanzarse tras sus sueños o continuar en su monótona pero más segura vida. Un pequeño conflicto con Alice inclinará la balanza con resultados inciertos.
Junto a estos personajes, la avería del autobús ha dejado en tierra a un muestrario variado de la América de posguerra. Ernest Horton, un excombatiente que trata de comenzar su vida de cero como comercial de una compañía de artículos de broma. Se muestra confiado en sí mismo, en su talento; tiene iniciativa y planes para el futuro pero la guerra también le ha dejado un leve toque de cinismo que le aleja de la generación anterior representada por Pritchard, un directivo de una gran empresa que durante la guerra quedó en casa trabajando sin vacaciones en favor del esfuerzo bélico industrial. Sabe reconocer la ambición y el talento del joven Horton pero, al tiempo, desconfía de él. Ambos juegan en el mismo terreno pero con reglas distintas, la guerra lo ha trastocado todo. El desencanto del primero y su orgullo ante las propuestas aparentemente bienintencionadas de Pritchard acaban por desengañar a éste; un desentendimiento sintomático de que los tiempos están cambiando.
Al maduro directivo le acompaña su esposa (Bernice) y su atractiva hija (Mildred). Tras el fin de la guerra éstas son sus primeras vacaciones y la esposa ha elegido como destino Méjico (mejor aún, ha permitido que su marido crea haber elegido él mismo). Considera que es un lugar que combina exotismo y cierto grado de peligrosidad que le permitirán un regreso triunfal plagado de anécdotas que no encontrarán réplica entre su círculo de remilgadas amigas. Su ordenada vida se apoya en la imagen de un matrimonio feliz, de su propia imagen de madre y esposa abnegada. Sin embargo, por momentos, el matrimonio parece herido de muerte si no fuera porque la pasión desapareció hace tanto tiempo que ya no queda nada que matar.
La hija de ambos, luce un atractivo sexual apenas disimulado por las conveniencias de la familia que la cobija, lo que no le ha impedido tener alguna experiencia de la vida de la que guarda gratos recuerdos. Su tendencia a la ligereza de conducta o sus sueños de vida independiente y libre son vistos por su padre como parte del juego natural de la madurez, esos deseos son deseables a cierta edad y son necesarios antes de ingresar definitivamente en la monótona y respetable vida adulta.
Sólo nos quedan otros dos protagonistas. Una atractiva mujer (Camille es el nombre que emplea para presentarse al grupo) se suma al grupo la misma mañana en que se reemprende el viaje. Inmediatamente atrae la atención de todos los varones, pese a que sólo pretende organizar una vida alejada de un pasado insatisfactorio. Su atractivo le conduce inevitablemente a continuos problemas con hombres y mujeres, pese a lo cuál lo cultiva con esmero su aspecto físico. En su visión de la vida, esa atracción es su única arma para ganar la batalla a una vida injusta y que le lleva dando tumbos por los más bajos caminos. Norma encuentra en Camille a su aliada natural cayendo en una rendida admiración, no sólo por su físico y recursos sino por su autonomía e independencia. Mildred, sin embargo, ve a Camille como un peligro, una amenaza, presiente algo turbio en su presencia y evita el contacto.
Finalmente, un anciano a punto de fallecer, amargado con el mundo, trata de atraer la atención sobre sí mediante continuas quejas y protestas. Nada le parece correcto ni suficiente, nadie le parece tener buen juicio. Sin embargo, no puede dejar de seguir unido al grupo, necesita su compañía y su existencia acaba por depender de que le agarren la lengua durante todo el viaje tras sufrir un ataque epiléptico.
Esta amalgama de caracteres interactúa de continuo en la obra, tejiendo una compleja red de relaciones, amistades, reparos y luchas, en la que Steinbeck no queda apresado. Estas relaciones, en continuo proceso de adaptación y cambio son la estructura sólida sobre la que yace la casi inexistente trama argumental. Como en un pequeño laboratorio de ciencias sociales, Steinbeck toma a sus pequeñas cobayas y las expone a las más diversas pruebas. No hay un sentimiento o un deseo que no quede sin explorar, en ocasiones desde varias perspectivas al mismo tiempo. Así, la atracción que ejerce Camille se manifiesta de manera diferente en el inmaduro Pimples (quien la ve como un trofeo inalcanzable), en el joven Horton (que desea tan sólo su compañía carnal) o en Mr. Pritchard, quien le propone convertirla en su secretaria como culminación de una fantasía erótica de la que ni siquiera llega a ser totalmente consciente.
Lo mismo ocurre con el temor a la pérdida de los seres que nos rodean, el sentimiento de orgullo o el ánimo de impresionar. La ternura y el cariño conviven con la hipocresía y el desprecio. El afán de superación, con el esfuerzo por escapar de una realidad atenazante. Como la vida misma, encerrada en la cabina de un autobús perdido en el medio de ninguna parte con unos pasajeros camino de ningún lugar.

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El otoño del patriarca (Gabriel García Márquez)

Es la historia o descripción de un dictador latinoamericano, basada en una especie de compendio de muchos dictadores reales pero condensados en un solo personaje.

Jamás he leído una descripción tan precisa, tan detallada, sobre la figura de un dictador. No es que García Márquez descubra nada nuevo sobre este tipo de personajes, es que ahonda tanto en esos rasgos característicos, los escenifica de tal forma, que yo diría que no se le escapa nada.
Es de esas pocas novelas en las que fondo y forma están tan fuertemente unidos que si se hubiera elegido otra opción quizás sería una buena novela, pero tal y como fue creada la convierte en obra maestra.
Su lectura no es fácil, es de esas, como yo digo, que te sumerges en ellas y casi no puedes respirar, y no lo digo por la casi ausencia de puntos en su narración, es que es un retrato, una historia, que observas y casi percibes como real, la crueldad, el delirio, el absurdo…hasta el mal olor, y la tensión propia de ambientes cargados y opresores, y la destrucción, y lo grotesco, y la agonía, y la demencia, y…
Una narración como ya he dicho, casi sin pausas, con la voz de un narrador pero con múltiples puntos de vista.
Una novela abrumadora en todos los sentidos.

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El indiferente (Marcel Proust)

El indiferente (Marcel Proust)

Edición en la que también se incluye el relato "Antes de la noche".

"El indiferente"
Madeleine de Gouvres, Típica mujer de la alta burguesía, ama a Lepré, y a pesar de sus intentos por conquistarlo, Lepré, como el propio título indica, se mostrará indiferente ante el amor que ella le profesa.

"Antes de la noche"
Françoise se encuentra muy enferma y muy cerca de su final. Junto a ella se encuentra su amiga Leslie. Ambas mantienen una conversación donde destapan sus verdaderos sentimientos.

Dos relatos aún discretos de Proust, donde comienza a perfilar personajes que posteriormente desarrollará en otras obras.
Cortas incursiones en el complejo mundo de los sentimientos amorosos. "El indiferente" mostrándonos la amargura que produce el amor no correspondido y en "Antes de la noche" un amor lésbico acallado por las costumbres o normas sociales.
Una lectura "anecdótica" pero aún así interesante para cualquier lector que comience a acercarse al mundo proustiano.

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La Lápida Templaria Nicholas Wilcox (Juan Eslava Galán)

Una lápida escondida en la Península Ibérica esconde la fórmula para dominar el mundo. Un grupo de personajes (un cura, una archivera, narcos, espías del Mossad) se pondrán en marcha para encontrarla.

Un bestseller bastante malo pero que ha tenido mucho éxito, más o menos en la misma línea del Código Da Vinci (pero más aburrido). Se publicó bajo seudónimo (Nicholas Wilcox es Eslava Galán). Al parecer, el autor no quería mezclar su nombre con un best seller. De todas formas, leyendo el libro te das cuenta de que difícilmente ha podido ser escrito por un inglés. Hace referencias a cantantes españolas tan castizas como Rocío Jurado y a ciertos detalles demasiado de aquí, dejando aparte las expresiones (pelo de la dehesa, ¿qué traductor traduciría eso del inglés?) las alusiones a hechos \’culturales\’ típicamente españoles como Chiquito de la Calzada (sí, el mismo) y otros…
Para dar mas verosimilitud a la ficción, Eslava Galán aparece como "traductor" de la novela. Pérez Reverte, amigo suyo, también colaboró en el "engaño", al reconocer a Wilcox como un "amante de España", que sabe tanto de ella como Kamen y otros fervientes hispanistas.
Aunque algunas personas dicen que el principio es lento, a mi casi me pareció lo mejor. El suicido del cura, etc. Luego ya empezamos con los topicazos de rigor (atención no leer, que van spoilers) El autor nos presenta a la novia al protagonista como con los pechos caídos, un poco mayorcita ya, la pobre, y se dice que no les une gran cosa. Deducción: la primera mujer que aparezca en el libro desbanca a la \’viejecita\’ puesto que el autor ya se ha encargado de \’disculpar\’ al protagonista para que el lector no piense que es un canalla, y Voila. ahí aparece la archivera con sus \’pechos prietos y pequeños\’ Desde luego, el ex cura es de un superficial que da asco. Por cierto, la protagonista del catón de la Asensi era monja, aunque ya se veía venir que el primer galán que se le cruzara la secularizaba fijo.
Y como me esperaba, cada cierto número de páginas hay una entrevista con un \’experto\’ que no hace más que soltar un rollo lleno de obviedades o directamente de cosas incomprensibles como la leccion de astrofísica o lo que sea tan pésimamente explicada. Me he tenido que saltar casi todos los rollos sobre la historia de los templarios, la geometría sagrada, etc,… son temas que he leido millones de veces y ya los tengo muy vistos. Por cierto, hace muchos años leí \’El enigma de la Mesa de Salomón\’ del mismo autor (Eslava Galán) y por tanto también estaba familiarizada con todo lo demás. El libro era mucho más entretenido. Por si no lo terminaba, a mitad de lectura, me fui ido directamente al final y la verdad es que no me entusiasmó. Con gran esfuerzo seguí adelante. La mesa es la pera limonera, pero el autor se priva de explicarnos sus grandísimos poderes y la deja ahí tirada de cualquier manera. Supongo que a Eslava le falta lo que hay que tener para ser un escritor de verdad: imaginación y atrevimiento. Se limita a poner informaciones de otras fuentes, pero no se atreve a ir más lejos, a inventar, a crear un mundo propio…
Lo peor es cuando de pronto y sin que venga a cuento empieza explicarte obviedades durante páginas y páginas, como cuando explica ¡lo que es el Vaticano! o la estructura del Mossad (dos interminables páginas) o las condiciones de vida en los barrios pobres de Colombia. Decenas de páginas que no tienen nada que ver con la historia ni son bonitas de leer ni nada de nada. Leyendo esto me siento estúpida porque resulta que sé que el Vaticano es el estado más pequeño del mundo y que lo pasan mal en Colombia. Pero aunque no lo supiera, ¿qué importa eso en el libro, qué tiene que ver con la Mesa de Salomón dichosa?
Esté libro está lastrado por el afán didactista. Cada vez que aparece algún concepto o palabra no común, se tira parrafadas para explicarla. Es que es realmente pesado estar leyendo un párrafo donde se dice que le van a aplicar al protagonista el polígrafo y que se suelte a renglón seguido un rollo patarero explicándo qué es un polígrafo. Para eso mejor un pie de página, que se lee si se quiere. Eso no aporta nada. Imaginad una novela donde estén todo el rato así.
"Entonces abrió el incunable.
Un incunable es, blablablablabla.
Luego lo dejó sobre el bargueño.
Un bargueño es blablablablabla…."
y así durante quinientas páginas. ¡Con la de buenos diccionarios y enciclopedias que hay!
Por no hablar de los incontables errores. Muchas documentacion pseudohistórica y esotérica pero luego hace decir a colombianos: "Venid acá" cuando cualquier persona medianamente instruida sabe que en América el pronombre \’vosotros\’ no existe. Allí dirían \’vengan acá\’, y hay más cosas: expresiones típicamente de jerga de España puestas en boca de sicarios colombianos como \’hostias\’ (en el sentido de golpes), \’me doy el piro\’, \’esto da el cante\’ y muchas más…
Otro apartado son los errores y reiteraciones: "… hasta que podamos hacernos DE ese objeto…" en lugar de "con ese objeto"; frases desordenadas, las repeticiones de palabras como \’me piro\’, \’pirado\’ por las que parece sentir mucha predilección nuestro autor; el descuido en la jerga y el lenguaje; párrafos sobrantes como cuanto repite una y otra vez que \’kala\’ significa negro en indoeuropeo o las alusiones a las Virgenes Negras (¿Qué significan, qué tienen que ver con la mesa? )…
Como anécdota, señalar algo frecuente en las novelas de Eslava Galán: la potencia sexual de los personajes (ejemplos de LLT: "·Ella alcanzó cinco orgasmos, el mayor de ellos con la lengua voraz de aquel bruto insaciable" Pag. 367; "Hicieron el amor seis veces…" Pag. 367; "Cumplió dos veces con un reposo intermedio de media hora…" "Se amaron con voracidad insana la primera vez, con suavidad y laxitud la segunda…" Y lo mejor: "Cuando era cura, su eminencia era capaz de hacerlo cinco veces en un día; de obispo podía hacerlo tres; ahora, de cardenal, dos, algunas veces solamente una." p. 98)
El Catón de la Asensi comparado con esto es casi de Premio Nobel. Por lo menos tiene sentido del humor y un argumento un poco más original.
Resumiendo: un libro pésimo cuya lectura se puede obviar perfectamente, que no aporta nada al género de misterios sobrenaturales, y que hubiera necesitado de mucha más revisión.

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