Patrañas, Luigi Pulci

[Frottole], Estas Pa­trañas son composiciones aparentemente festivas, pero íntimamente llenas de melan­colía y de amargura, en que Luigi Pulci (1432-1484), tan propenso a la burla, se re­pliega en sí mismo con un no disimulado cansancio.

Una de las más notables es pre­cisamente la que empieza con el verso «Voy a decir una patraña» [«I’ vo’ dire una frottola»], compuesta probablemente al final de su existencia, que Pulci había pasado entre la Corte, las amistades y las burlas, y pone de manifiesto una melancolía sugerida por su profundo conocimiento, de los hombres.

Toda la vida le parece al poeta gastada inútilmente; sus mismos amigos son los que más le engañaron. La tristeza por haber cavado en la arena le invade ahora, en su vejez; no le queda más que burlarse de sí mismo y de los demás, como lo haría Momo, dios de la maledicencia, o entregarse en manos de Dios, que hace rodar el mundo y el cielo «como peonza o trompo» [«come paleo o trottola»].

Esta conclusión, tal vez sólo aparentemente festiva, muestra clara­mente una inquietud moral muy significa­tiva si tenemos en cuenta el carácter del artista. Pulci vuelve a la patraña jocosa con la titulada «Galee per Quaracchi», en que se habla de las varias sustancias con las que se preparan los cosméticos para las mu­jeres.

Moscas y mosquitos chuparán sus ros­tros, les robarán su falsa belleza, y, puesto que también la hermosura de la mujer es un engaño, lo mejor sería no casarse; y, en el caso de no poder prescindir de ello, quien tiene mujer ha de defenderse de ella con palizas y maldiciones. En estas composicio­nes el espíritu agudo y extravagante de Pulci se revela de lleno en una redundancia de expresiones populares.

C. Cordié