Las Paredes Oyen, Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza

Comedia en tres actos y en verso de Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (1581-1639) una de las ocho de la Primera parte de su teatro, publicada en 1628.

Don Juan de Mendoza, gentilhombre noble pero pobre y feo, ama sin esperanza a la hermosa viuda doña Ana, la cual está enamorada de don Mendo, joven murmu­rador y fatuo que revolotea entre doña Ana y doña Lucrecia, prima de aquélla.

Doña Lucrecia es cortejada por un conde, que en vano procura hacerle ver los verdaderos sentimientos de don Mendo. La noche de San Juan, don Juan y don Mendo, haciendo de guía al duque de Urbino, recién llegado a la capital en busca de distracciones, ,se encuentran bajo las ventanas de doña Ana, que ha vuelto secretamente a Madrid para asistir a la fiesta, exaltando uno los méritos de la hermosa viuda, mientras el otro enu­mera sus defectos por temor de que las alabanzas de don Juan pudiesen crearle un rival en la persona del Duque.

Esta pugna de alabanzas por una parte y de vituperios por otra, provocan en el Duque el deseo de conocer a doña Ana y convertirse en árbitro de la contienda. Don Juan, que espera librarse de don Mendo por medio del Duque, secunda su deseo e imagina una estratagema que va a permitir al Duque ver de cerca a la bella Viudita.

Disfrazados, los dos gentilhombres ocupan el lugar de los cocheros de doña Ana, que quiere vol­ver a Madrid después de haber echado en cara a don Mendo sus mentiras. Don Men­do, para vengarse, piensa raptar a doña Ana durante el viaje, y se pone de acuerdo con los falsos cocheros, los cuales en el momento oportuno corren en ayuda de la mujer.

Don Mendo es herido por don Juan. Descubierto el disfraz, don Juan acaba resig­nándose a sacrificar al Duque, más digno, su amor, pero su fidelidad hace mella en el Corazón de doña Ana, que entre los tres caballeros escoge a don Juan.

También Lu­crecia, desengañada por fin, da su mano al conde, y don Mendo recoge el fruto de sus murmuraciones quedándose sólo. La libre elegancia de la trabazón escénica, el fino juego del humor que rehúye los groseros contrastes cómicos y su equilibrio formal, hacen de la comedia la obra maestra de Alarcón y una de las obras más vivas del teatro español.

Bajo el intento moral apun­tan claras alusiones psicológicas e intencio­nes polémicas eh las que se transparenta una actitud tan acongojada y llena de pu­dor, que autoriza a interpretar el personaje en términos totalmente autobiográficos (el autor era pobre y feo como don Juan de Mendoza). Esta nota íntima y personal se traduce en una expresión que, a una ori­ginal técnica teatral, une una gran maestría lírica y da a la comedia un sentimiento totalmente nuevo.

C. Capasso