La Papisa Juana, Emanuel Roidis

Novela satírica del escritor neo­griego Emanuel Roidis (1830-1904), publi­cada en 1865. La obra pone a contribución la conocida leyenda, difundida por la Chroica universalis Mettensis y por otros cro­nistas medievales como también por el tea­tro edificante (v. El misterio de Frau Jut- ten), de la papisa Juana, una mujer que, con vestidos masculinos, según se decía, ha­bía ocupado la Cátedra de San Pedro.

Juana, que se queda huérfana a los dieciséis años, y a la que el novelista griego hace nacer en Sajonia, se retira a un convento de mon­jas, donde conoce al fogoso monje Frumencio, el cual, después de largas peripecias, la lleva a Atenas a las laderas del Himeto donde ambos pasan muchos años en santa vida eremita.

Juana adquiere pronto fama por su doctrina teológica, recogiendo en el ambiente eclesiástico buen número de ad­miradores y adoradores. Un día abandona Juana al pobre Frumencio y se embarca en una nave italiana que la transporta a Roma. Allí, con el hábito de «Padre Juan», es nom­brada secretario del papa León, a cuya muerte es llamada a sucederle en el trono de San Pedro.

La narración tiene un final que es trágico y al mismo tiempo cómico, sugerido por la maliciosa fantasía de los cronistas medievales, que ya antes había sido aprovechada por los protestantes y por G. B. Casti en uno de sus Cuentos. Aún bajo la dignidad de las ropas pontificales la fragilidad del sexo, largo tiempo contenida, se deja sentir, y Juana revela su secreto a uno de los camareros, mientras muere a con­secuencia de un parto prematuro, sobreve­nido durante una procesión solemne.

Esta leyenda es en realidad poco más que un pretexto y una excusa para el estro satí­rico del escritor, el cual se entretuvo en evocar la vida ingenua y a la vez corrom­pida de la Europa cristiana en la alta Edad Media (siglo IX) y para hacer burla tanto del oriente griego como del occidente latino.

Por su escepticismo, su argucia y su gusto por la erudición, el Roidis de la Papisa Juana parece un volteriano retardado o un precursor griego de Anatole France (v. Tais), aunque le faltan la profunda huma­nidad y vena poética del escritor francés. Trad. italiana de Frabasilé (Atenas, 1876).

E. Lavagnini