[Une page d’amour]. Novela de Émile Zola (1840-1902), publicada en 1878, octava del ciclo de los Rougon-Macquart (v.).
La protagonista, una joven viuda, Elena Grandjean, va a vivir a una casita de los suburbios parisienses, junto con su hija, criatura enfermiza, celosamente unida a su madre. Para evitarle toda aflicción y toda inquietud, Elena vive apartada, sacrificando serenamente por ella su juventud y su belleza.
Pero al conocer al doctor Enrique Deberle, vecino suyo, llamado precipitadamente cierta noche cuando la niña está enferma, se interrumpe la quieta dulzura de dicha existencia. Deberle se enamora de Elena, en quien lentamente van despertándose los deseos de felicidad y vida.
Al principio trata de resistirse a dicho sentimiento amenazador para la tranquilidad de la niña, que manifiesta una aversión que casi es odio por el doctor Deberle; pero por fin la frivolidad de la señora Deberle justifica a Elena ante sus propios ojos y, por una extraña circunstancia, la impulsa a conceder la cita que había rehusado hasta entonces. Elena, para salvar a la señora Deberle, se dirige en su lugar a una cita que ésta tenía con su amante, y Enrique Deberle, al llegar para sorprender a su mujer, encuentra a su amiga.
Al regresar a su casa, Elena halla a la niña inesperadamente agravada; atormentada por los celos, se ha expuesto al frío para esperar a su madre. A los pocos días la chiquilla muere y Elena, destrozada por el remordimiento y la angustia, renuncia a Deberle, y algunos años más tarde reanudará su vida tranquila e incolora junto a un buen hombre, segundo marido que le propone un sacerdote amigo de la familia.
La novela, en la «historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio», testimonia, como el Sueño (v.) y como el conclusivo Doctor Pascual (v.), cierta posición sentimental de Zola, y tiene valor de idilio. Elena Grandjean es una Mouret, y, como hija de Úrsula Macquart, participa en el mundo de pasiones y luchas que desencadena entre los descendientes de la loca Adelaida Foquet (v. La fortuna de los Rougon).
Pasiones que en este libro parecen revivir particularmente en la hija de Elena; tanto más trágicas cuanto inconscientes, se manifiestan en el exclusivo amor de la niña por su madre y en el odio hacia Deberle, hasta destrozarla y vencerla con su violencia.
C. Cordié
Notable a pesar de la lentitud y pesadez de estilo casi constantes. Dibujada con un lápiz de punta mal sacada. (A. Gide)

