Orfeo, Juan de Jáuregui

El mismo tema fue tratado también por el poeta español Juan de Jáuregui (1583- 1641) en su obra Orfeo publicada en Madrid en 1624 y dedicada al Conde-Duque de Oli­vares.

La aparición de esta obra constituyó un gran acontecimiento en la vida literaria española de su tiempo. El Orfeo parecía ser el mentís de la actitud literaria que hasta entonces había sostenido su autor.

Aliado de la escuela del estilo claro que capita­neaba Lope de Vega y enemigo de Góngora (como lo demuestran claramente su Antí­doto de las Soledades y su Discurso poé­tico), la aparición de esta obra fue inter­pretada como un paso a la escuela enemiga.

Ahora bien, cumple advertir que Jáuregui, en sus obras teóricas, atacaba el abuso del estilo gongorino, así como los peligros que veía implícitos en él, lo que no significa una censura total de la escuela culterana, censura que nunca podía hacer un traductor de La Farsalia (v.) de Lucano.

A lo largo del poema de Jáuregui notamos un uso moderado de cultismos, siempre dentro de una sintaxis correcta, mucho menos violen­tos que los usados por el propio Lope en sus poemas mitológicos.

El poema de Juan de Jáuregui consta de ciento ochenta y cin­co octavas reales divididas en cinco cantos y sigue las Metamorfosis de Ovidio (cfr. libros X y XI). En el primer canto se narran las bodas de Orfeo y Eurídice; los malos agüeros de la tea nupcial que se apaga y del gemido del ave, junto con la abundancia de adjetivos alusivos a cualidades lúgubres y oscuras (en la primera octava encontramos ya «lúgubre», «funesto», «oscuro», «agres­te», «fatal», etc.) nos introducen ya en un ambiente tenebroso que domina a lo largo de todo el poema, y que se acentúa en el canto segundo con la bajada del héroe a los infiernos para rescatar a Eurídice.

El poeta nos describe aquel reino, los gritos de los condenados, etc. Con su canto va encantando el infierno hasta que llega al palacio o alcázar de Plutón. La descripción de este palacio es objeto del canto tercero: su arquitectura es prolijamente descrita por el poeta (he aquí una actitud típicamente barroca).

Orfeo recobra a Eurídice, con la condición de no mirarla durante el camino, condición que, como es sabido, infringe, perdiendo definitivamente a su esposa. El cuarto canto está íntegramente dedicado al canto de Orfeo y a los maravillosos efectos que produce.

En el quinto y último se narra la muerte de Orfeo y la conversión de las Bacantes, causantes de esta muerte, en ár­boles. El poema de Jáuregui posee grandes cualidades literarias, especialmente por lo que se refiere a la expresión de la música de Orfeo y el encantamiento que produce.

Es lástima que la polémica que suscitó en­turbiara su gran valor poético. La preten­dida oscuridad de Orfeo reside más en el torio, en el ambiente, en el color — casi di­ríamos — del poema, que no propiamente en su estilo. En este sentido debe interpre­tarse la intención del autor de El Orfeo en lengua castellana — aparecido como res­puesta al de Jáuregui — cuando afirma que su poema está lleno de «claridades».

Por otra parte, la verdadera intención de Jáu­regui fue quizá — como afirmó Menéndez Pelayo en .el prólogo a El marido más firme de Lope — escribir un anti-Polifemo y de­mostrar con la práctica lo que hasta enton­ces había sostenido en la doctrina del Antí­doto… y del Discurso… La obra de Jáuregui recientemente ha sido estudiada por Gerar­do Diego, José M.a de Cossío y Pablo Cabañas.