Las obras de Alessandro Volta (1745-1827) fueron recopiladas, viviendo su autor, en cinco tomos, en Florencia, el año 1816.
En 1918-1927 fueron reimpresas con los trabajos inéditos en una edición nacional hecha bajo los auspicios de la Accademia dei Lincei, en siete volúmenes en 4.°, publicados todos en Milán por la comisión nombrada al efecto, pero preparados y ordenados, los primeros por Adolfo Sozzani y Luigi Volta; los demás, por Francesco Massardi.
El volumen I (1918, pp. XXVIII-592, 8 planchas, 51 grabadlos), contiene la primera parte de las investigaciones acerca del experimento de Galvani y de la electricidad de contacto, esto es, desde la carta a Baronio del 3 de abril de 1792 a la dirigida a sir Joseph Banks sobre la invención de la pila. El vol. II (1923, pp. XXII-372, con 6 planchas, una de ellas en tricromía, 15 ilustraciones) contiene muchos de los demás trabajos acerca de la electromoción: desde la carta a Brugnatelli sobre algunos fenómenos químicos conseguidos con la pila (otoño de 1800) hasta los fragmentos diversos.
El volumen III (1926, pp. XVI-380, 5 planchas, 16 ilustraciones) contiene las primeras investigaciones sobre electrostática, esto es, las cartas a G. B. Beccaria del 2 de abril de 1765 y del 22 de junio de 1767; la disertación sobre la electricidad reivindicada (1796), la disertación acerca de la máquina eléctrica (1771); la carta fechada en Como, S de diciembre de 177… (y que es de 1771 ó 1772); la carta a Marsilio Landriani, del 3 ‘de junio de 1775; los escritos sobre el electróforo (1775-1778), además de la memoria de fecha incierta Descripción y uso del electróforo; la carta a Barletti, del 18 de abril de 1777; la carta a De Saussure sobre la capacidad de los conductores eléctricos (20 de agosto de 1778); los escritos acerca de la electrometría y las atmósferas eléctricas (1770- 1780, alrededor de 1782); las memorias sobre el condensador (1780-1783).
El vol. IV (1927, pp. VI-492, 5 planchas, 14 figuras) contiene trabajos, casi todos inéditos, sobre la electrostática y en particular sobre la electrometría; complementos sobre la electromoción (efectos electromotores y químicos de la pila, propiedades de la corriente eléctrica, pila seca); cursos completamente inéditos de lecciones sobre la electricidad. El vol. V (1928, pp. XVI-512, 8 planchas, 6 grabados) contiene estudios de meteorología, especialmente eléctrica. El volumen VI (1928, pp. XX-440, 11 planchas, 3 figuras) contiene los trabajos de química y en particular los trabajos acerca de los gases inflamables (1776-1783); acerca de la pistola; del eudiómetro; un curso de lecciones sobre las diferentes especies de gases y el grupo de notas sobre los gases, escrito para la traducción italiana del Diccionario de química de Macquer.
El vol. VII (1929, pp. XX-550, 20 planchas, 15 grabados) contiene las investigaciones de termología y noticias sobre la nueva sede del «Cartellario» voltiano en el Instituto lombardo. Las investigaciones sobre los experimentos de Galvani y la pila son tan originales que aún hoy suscitan intenso asombro. Tal vez alguien que no tenga vivo sentido histórico podría pensar que Volta insiste demasiado en ciertos razonamientos, multiplicando sin necesidad los experimentos; cuando, por el contrario, su búsqueda de la prueba decisiva, su lucidez mental y su rigor, hacen de Alessandro Volta un héroe de la Ilustración (v.), casi el más notable y sereno.
Volta no se deja dominar por ideas preconcebidas, no fuerza los hechos, sino que los ilumina desde todos los puntos de vista, y los interpreta con amor intelectual por la verdad. Los hechos le conducen al descubrimiento de la pila. Primero se adhiere a la explicación que Galvani ha dado de su experimento. Volta dice y repite que el «estupendo experimento» es la demostración decisiva de la electricidad animal; pero queriendo, como físico, precisarlo cuantitativamente, observa que la rana se contrae con mayor vivacidad si el arco empleado es bimetálico y los dos metales que lo. componen son muy diferentes.
Esta circunstancia no se explica si, como supone Galvani, el arco es sólo un descargador de la electricidad que se ha acumulado en la rana por efecto de la fuerza vital, tanto más cuanto que no se necesita mucho esfuerzo para comprender que si los metales que constituyen el arco, o, mejor dicho, los extremos son idénticos, el experimento no sale bien. Volta acaba por persuadirse de que la rana no es más que un electroscopio y no un condensador cargado de electricidad animal, y enuncia el principio del contacto, según el cual el contacto entre cuerpos diferentes, y especialmente entre metales diferentes, determina una diferencia de potencial.
Es más, Volta consigue, por medio de su electroscopio-condensador, dejar fuera de dudas el principio, obteniendo la desviación del electroscopio con el solo par bimetálico. Aquellos tres experimentos son una de las más notables obras con que cuenta la historia de la física, y harían de Volta un genio, aun sin el invento de la pila, porque Volta demostró a un mismo tiempo el principio del contacto, la función del conductor húmedo y la ley de los metales intermediarios o ley de Volta. Con estas leyes, él, en realidad, conciliaba el principio del contacto con el todavía no demostrado de la conservación de la energía, evitando el movimiento continuo.
No debe sorprender que él no viera esta consecuencia (era demasiado pronto aún); lo importante es,, que haya construido sobre fundamentos graníticos. Volta tiene además el gran mérito de haber comprendido -la novedad y la importancia de la pila y haber estudiado magistralmente algunas de sus propiedades. En la carta enviada desde Como a Martín Van Marum el 22 de junio de 1802 y publicada en el cuarto volumen de la edición nacional, anticipa lo que después será la ley de Ohm.
Dice, en efecto (p. 226), que la rapidez de la corriente eléctrica y, por consiguiente, la fuerza de la sacudida que se experimenta, está en razón compuesta de la «tensión eléctrica», esto es del potencial y de la libertad o facilidad del paso en todas partes de la cadena o círculo o, en otros términos, de la conductibilidad del circuito. Para obtener la ley de Ohm hay que sustituir la rapidez por la intensidad de la corriente eléctrica. Naturalmente, el mérito de Ohm permanece fuera de dudas, porque el físico alemán no conocía la carta de Volta, y porque él precisó y desarrolló la ley que lleva su nombre; pero también es innegable que Volta comprendió lo que nadie por entonces había sabido ver.
En este volumen es notable la carta a Samboni, porque Volta sostiene que la pila seca tiene el conductor húmedo, el papel; y sólo por la humedad del papel funciona. A propósito de las investigaciones sobre la pila, se ha señalado la circunstancia de que constituyen la última fase de las investigaciones voltianas sobre electrología. El condensador, el electróforo y el electroscopio condensador son los precedentes de las investigaciones que terminan con la invención de la pila. También fuera de la electrología Volta llevó a cabo investigaciones importantes que bastarían por sí solas para cimentar su fama.
Son muy notables sus investigaciones sobre los aires (gases) inflamables, publicadas en el VI volumen. Se suele conceder particular relieve a las siete cartas a Campi sobre el metano (aire inflamable nativo de los pantanos) y acerca del hidrógeno (aire inflamable metálico). Contrariamente a las ideas dominantes, según las cuales los gases inflamables eran de origen exclusivamente mineral, Volta comprendió y sostuvo que el metano es un producto de descomposición de las sustancias orgánicas del fondo de los pantanos.
Citaremos también las tres cartas a Castelli acerca de la pistola, y las dos a Priestley sobre el eudiómetro, y sus comparaciones hechas entre el aire inflamable y el óxido de nitrógeno (aire nitroso). Entre los escritos del VII volumen se cita la memoria del 1793: Della uniforme dilatazione dell’aria per ogni grado di calore, cominciando sotto la temperatura del ghiaccio fin sopre quella dell’ebollizione dell’acqua, etc. El Congreso Internacional de los Físicos, en la sesión solemne del 17 de septiembre de 1927, celebrado en Pavía, se adhirió a la tesis de Amerio sobre la prioridad de Volta respecto a Gay-Lussac, afirmando que en cuanto a la dilatación de los gases se debían enunciar las siguientes leyes: Ley de Volta: «El coeficiente de dilatación del aire es constante»; Ley de Gay-Lussac: «Todos los gases tienen el mismo coeficiente de dilatación».
De manera que, como se ve, se rinde plena justicia a Volta sin quitarle nada a Gay-Lussac, porque se reconoce que éste generalizó la ley hallada por Volta, limitándose al aire. El reconocimiento de la prioridad de Volta es tanto más justo cuanto que todo nos hace creer que Gay-Lussac había leído la memoria de Volta. Si quisiéramos ser precisos sería menester, como desea Francesco Gras- si en las notas presentadas al Instituto lombardo en la sesión del 7 de julio de 1927, fechar en el año 1793 la ley de Volta y en el 1802 la de Gay-Lussac.
S. Timpanaro

