Nunca Puede Saberse, George-Bernard Shaw

[You Never Can Tell]. Comedia en cuatro actos que forma parte de las Comedias agradables [Plays Pleasant, 1898], del dramaturgo y polemista inglés George-Bernard Shaw (1856-1950), representada por primera vez en Londres en 1897.

Mr. Valentine, joven dentista sin dinero, arranca su primera mue­la «pagada» y conoce así a los hijos de Mrs. Clandon, feminista, autora de varios trata­dos dogmáticos sobre las creencias, el buen tono, los niños, los padres del siglo XX, etc. Hace dieciocho años que Mrs. Clandon abandonó a su marido, irritada por su con­formismo y su pésimo carácter.

Ha educa­do a los hijos de acuerdo con sus principios ultramodernos. Valentine se enamora inmediatamente de Gloria, la hija mayor. Un almuerzo en el hotel que habitan reúne a Mrs. Clandon, a Valentine y a Mr. Crampton, el marido de Mrs. Clandon, cuyo nom­bre ignoran sus propios hijos. El almuerzo acaba muy mal.

Mr. Crampton está indig­nado con la educación de sus hijos, que le tratan como a un extraño, casi como a un enemigo. Valentine emprende el asedio de Gloria. Como explicará a Mrs. Clandon, el duelo de los sexos es semejante al del ca­ñón y la coraza: contra la muchacha aco­razada en su educación científica, el hom­bre prepara un ataque nuevo para «la mu­jer de los derechos de la mujer».

La for­taleza vacila y Gloria acepta la ruina de su orgullo, pero opone a Valentine la frial­dad y el desprecio. El doble conflicto se re­suelve en el último acto: el amor paterno acaba siendo más fuerte que el horror a los modales del siglo XX y el menor de los amores es más poderoso que todos los ra­zonamientos. Mr. Crampton aceptará a sus hijos tal cual son y Valentine se casará con Gloria.

Una figura típica del teatro de Shaw, la del mozo de hotel, fiel conocedor de sus deberes, de los ritos y los privile­gios de su función, padre de un hijo de­generado que se ha transformado en una figura del foro, aparece en los tres últimos actos, diciendo siempre la palabra precisa en el momento preciso y aportando la se­renidad que infunde su presencia. [Trad. castellana de Floreal Mázía, en el tomo Comedias agradables (Buenos Aires, 1951)].