[Det nya riket], «Escenas satíricas» (1882) del autor sueco August Strindberg (1849-1912). La sátira que a veces apuntaba en La sala roja (v.), la amarguísima descripción de la sociedad contemporánea, aparece ahora abiertamente en la nueva serie de diseños que constituye El nuevo reino.
Con incisiva fuerza, Strindberg despoja de sus hábitos convencionales a instituciones, clases sociales, personajes, y los representa en lo que tienen de mezquino y vacío, en su miserable esplendor, en la hipocresía en la que ocultan sus bajos intereses, en la falta de escrúpulos con que procuran satisfacerlos. El objeto de esta sátira son el mundo oficial y las nuevas clases que entonces iban alcanzando en Suecia riqueza y poder.
La especulación y las injustas ganancias obtenidas legalmente, los prejuicios y la mentira cultivados por razón de Estado, el patriotismo y la adulación del pueblo empleados para hacer carrera, y por otro lado el fracaso de los pocos hombres generosos que tratan de hacer el bien, pocas veces fueron descritos con tan despiadada violencia. El satírico se convierte a veces en libelista, suscitando gritos de escándalo e infamia; pero en su viva crudeza llega también a expresiones tan felices y humanamente verdaderas que podemos considerar El nuevo reino como una de las obras más vivas de Strindberg.
Y es que el autor se veía llamado por el despecho y la impaciencia a satirizar determinadas clases, instituciones y hombres de su país, pero también la hipocresía y el engaño empleados a sabiendas para satisfacer mejor los intereses particulares. La sátira, en suma, brota del escritor que como pocos tuvo una sensibilidad muy aguda para los movimientos inferiores y animales de la humanidad; de manera que en El nuevo reino vuelve a aparecer el artista pesimista y amargo que fue, en sus obras mejores, Strindberg.
V. Santoli
La fresca e inagotable alegría de contradecir de Strindberg ha infundido nueva vida a las letras suecas. (Brandés)

