[La nouvelle idole]. Drama en tres actos de François de Curel (1854-1928), representado en París en 1893.
El problema que lo inspira es característico de la época: puesto que la humanidad sigue un camino sembrado de cadáveres que ha sacrificado a sus ídolos, ¿no le será permitido también a la ciencia, único dios benéfico reconocido hoy en día, sacrificar algunas vidas para salvar a generaciones? Donnât, un médico insigne, en el ardor de sus estudios, se ha atrevido a inocular el cáncer a algunos pobres despojos humanos para conseguir los elementos que le permitirán combatir al terrible azote.
Mirado con horror por todos, incluso por su mujer, sólo está atormentado por una desilusión; la ciencia le ha vuelto sediento de divinidad; le parece que la formidable necesidad de sobrevivir que emana de la misma estructura de los órganos humanos supone la supervivencia, lo mismo que el ojo implica la existencia de la luz y el pulmón la del aire.
Courmier, el amigo y discípulo a quien se confía, no comprende, con su escepticismo, la necesidad espiritual del científico, y Donnat, vuelto a sus estudios, pide su justificación a un supremo sacrificio y se inocula el cáncer. Pero la comprensión que ha pedido en vano a la inteligencia le llega mediante el amor.
Su mujer, que, descuidada e in- comprendida por él, ha estado a punto de convertirse en la amante de Courmier, decepcionada por su espíritu materialista y egoísta, descubriendo el heroico sacrificio de su marido, se aferra apasionadamente a él. Otra mujer, una humilde criatura destinada al claustro, enferma y víctima de los experimentos de Donnat, cuando intuye la verdad, acepta con alegría sacrificarse por el prójimo.
Y Donnat se refugia en ella y reconoce que Contra la desesperación incluso los espíritus superiores han de aprender la lección de los corazones humildes y ardientes. Así el drama se suaviza y termina sin haber resuelto el problema planteado con violencia tan angustiosa. Curel no es un filósofo, sino un ardiente espectador de las luchas que las ideas desencadenan en el alma humana; el problema y el drama que se sigue le interesan más que la misma solución. De todos modos, El nuevo> ídolo perdura como una de las obras más vigorosas y representativas del teatro francés de fin de siglo.
E. C. Valla

