Novelas Rústicas, Giovanni Verga

[Novelle rusticane]. Colección de cuentos de Giovanni Verga (1840-1922), publicada en 1883, corre­gida y reimpresa en 1920 en una edición de la que el mismo autor se declaró des­contento. En la revisión, Verga, ya sin la asistencia de la inicial y pura inspiración, se preocupó por hacer su período más simétrico y castizo, y acabó malogrando a menudo aquel admirable enredo sintác­tico que es el alma de su cuento hablado.

Las Novelas rústicas están, no solamente cronológica, sino también idealmente, entre Los Malasangre (v.) y Maese don Gesualdo (v.), y por el motivo dominante en ellos (la religión de la «roba») se pue­den considerar como los prolegómenos de esta última obra. «Los trastos» es el retrato de un campesino enriquecido y esclavo de su trabajo. En «Paludismo» la cargada atmósfera del paisaje traduce sensiblemente la sujeción de hombres, animales y cosas al oscuro destino: son los dos cuentos de más fuerte tono lírico.

Luego, en «Liber­tad», la actitud amarga y humorística des­aparece momentáneamente, y el autor se deja arrastrar por las violentas escenas de sangre de una revolución de campesinos, revelando solamente en la segunda parte su cansada y amarga filosofía. La «Historia del asno que fue de San José» sirve de pre^- texto para acentuar la nota punzante de las tristezas humanas, y se desarrolla en varios tiempos, muy felices cada uno de por sí, pero con digresiones y demoras que en nada favorecen la unidad del relato. En «Los huérfanos», los afectos de un pobre viudo se revelan en su aspecto económico. «Pan negro» es una historia de tipo trá­gico, pero donde los protagonistas aceptan su derrota con una oportunista aceptación de las leyes de la vida.

Los otros cuen­tos tienen todos algo de construido, epi­gramático y característico. «El reverendo» es el retrato de un cura que no se en­cuentra a sus anchas en el régimen de Ga- ribaldi y Víctor Manuel; «Qué es el Rey», quisiera ser el análisis del estupor y del sentido de la majestad en un hom­bre primitivo; tiene pasajes muy felices, aunque luego se entumezca en la estática psicología de su protagonista. En «Don Licciu papa», títere-símbolo de la justicia de una aldea, la resignación es algo cari­caturesca. «Los gentilhombre«» son relatos de hidalgos rurales caídos en la miseria.

Si­guen otros cuentos más o menos acerta­dos. Las Novelas rústicas representan una fase muy significativa del arte de Verga: desde el «pathos» rápido y violento de la «Cavalleria rusticana» y de otros relatos de la Vida de los campos (v.) se pasa aquí a un humorismo doloroso, en que el ímpetu de las pasiones parece frenado y escarne­cido por la impasible dureza del destino. El drama del amor desaparece completa­mente frente al drama de la miseria, mu­cho más imperioso. Sin embargo, aquí, al contrario que en Los Malasangre, los efectos cobran un tinte irónico: el artista está más distanciado de sus personajes, y el mundo sentimental de éstos se refleja de un modo imprevisto en el alma más desilusionada y triste del escritor, que en su misma des­ilusión precisamente encuentra la fuerza para sonreír y complacerse con satírica amargura de las malas pasadas de la vida y del destino.

Parece casi como si el autor se aplicara a remedar la lengua de sus pa­dres, a caricaturizarse a sí mismo en el pa­sado, y esta afectuosa parodia disimula su honda simpatía, su punzante emoción, su más amargo pesimismo. Esta novedad de estado de ánimo, si señala un desarrollo del arte de Verga, también indica un prin­cipio de disgregación moral que degenera luego en un principio de disgregación ar­tística. .

L. Russo

El tejido llega a ser menos prieto, ya no tiene esa tensión [la de Los Malasangre]. Se advierte la presencia de factores meno­res: lo divertido, lo descriptivo, lo satírico… Piezas rebosantes de vida y palpitaciones. Pero ahora ya el mundo se mira desde fuera. (M. Bontempelli)