Obra filosoficopsicológica del escritor alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), compuesta en 1888, pero sobre observaciones que se remontan en parte a 1876 y aun antes — a la gran crisis que condujo al autor a separarse de Wagner, hecho «inevitable como un destino»—, publicada en 1895.
El autor remacha, con tono más exasperado, la tesis (v. El caso Wagner) de que la música de Wagner, con toda su majestuosidad tenebrosa y decadente, ha de considerarse como un veneno que corrompe el gusto. Wagner, dice, sólo tiene arte para las minucias, para los matices; es un «maestro de lo menudísimo» y sólo es grande cuando se pone en música a sí mismo con sus sufrimientos. En lugar de eso, busca casi siempre el efecto, trata de hacer teatro sobre todo e, incapaz de la música leve, que ritma la danza y que es la única capaz de elevar el alma, hace de la música un medio para ilustrar la acción dramática de los protagonistas.
Además, la tesis wagneriana de la «melodía infinita» como agitación del ritmo, como expresión desordenada y profunda de los sentimientos íntimos del ánimo, es buena para las masas, pero la música corre un peligro mortal si se le quita la elegancia del ritmo, que la une con la danza. La música wagneriana, que se basa en las tradiciones germánicas, en los mitos y la cultura germánicos, no tiene porvenir, como no tienen porvenir los alemanes, y si de joven la amó fue porque creía ver en ella el soplo del espíritu dionisíaco, por el que la tragedia surge de la superabundancia de vida.
En cambio, Wagner, como Schopenhauer, sufre de empobrecimiento vital; calumnia la vida por incapacidad de vivirla con plenitud; en ambos, Nietzsche descubre el mismo odio a la vida que es propio del cristianismo. La música de Wagner, que juega sobre un pretendido conflicto entre sensualidad y castidad, está más próxima al romanticismo francés, enfermo de hipersensibilidad, que a los alemanes, quienes no pueden comprender su morbosidad; ha creado Parsifal, que es «un atentado contra la moral».
Quien ha creído interpretar este escrito, lo mismo que el análogo y contemporáneo El caso Wagner, como un documento de humana, demasiado humana, debilidad, se ha dejado perder su significado más importante, que es el antirromanticismo nacido en el seno del mismo romanticismo; el romanticismo vivido en profundidad y en «perdida dedicación», hasta el punto que el espíritu siente la necesidad de salir de él y «curarse» para ser «verdaderamente uno mismo». [Trad. de Eduardo Ovejero y Maury en Obras completas, tomo X (Madrid, 1932)].
G. Alliney

