Las Neurosis, Maurice Rollinat

[Les névroses]. Colec­ción de poesías del poeta francés Maurice Rollinat (1846-1903), aparecida en 1883 y dividida en cinco partes: «Las almas» [«Les âmes»], «Las lujurias» [«Les luxures»], «Los refugios» [«Les refuges»], «Los espec­tros» [«Les spectres»], «Las tinieblas» [«Les ténèbres»].

La inspiración dominante es la predilección por lo macabro y horrendo. Así, mientras en «La amante macabra» [«L’amante macabre»] evoca la visión de un esqueleto sentado al piano, «La bebe­dora de ajenjo» [«La buveuse d’absynthe»] parece expresar un sentimiento de piedad humana, aunque limitado al juego de dos versos repetidos: «estaba siempre encinta / pobre bebedora de ajenjo». En «El ente­rrado vivo» [«L’enterré vif»] se evoca la angustiosa atmósfera de la agonía de un hombre al que han creído muerto y que recobra la conciencia dentro ya del ataúd, mientras en la «Señorita Esqueleto» [«Ma­demoiselle Squelette»], en un ritmo de poe­sía jocosa que contrasta siniestramente con el asunto, se narra la historia de una en­ferma del pecho que se mata ahorcándose.

Pese a la fácil retórica de los temas, no falta, alguna muestra de buena poesía, par­ticularmente en «Las lujurias», o como en «La hermosa vendedora de quesos» [«La belle fromagère»]: cuadrito de vida visto y sentido a través de un sensualismo directo y encendido. Otro apunte original se encuentra en «La vaca al toro» [«La vache au taureau»], donde la habilidad y la sen­sibilidad del poeta coinciden en la des­cripción realista y plástica de una cópula animal. En conjunto, por la morbosidad casi física que el poeta no sabe superar, la obra está artísticamente fallida.

Rollinati que colaboró en la tercera recopilación del Parnaso contemporáneo (v., 1876), se inspi­ró visiblemente en Baudelaire y en Poe (a quien dedica un soneto), pero no supo captar de ellos sino lo macabro y satánico en su aspecto externo, mientras el esfuerzo de la originalidad no sentida, de la extra­vagancia premeditada y querida es dema­siado evidente para que pueda suscitar la ilusión y el encanto de una poesía cálida y espontánea.

D. Zerboni