De la Naturaleza de los Animales, Heliano de Preneste

Compilación de Claudio Heliano de Preneste, erudito del siglo II. La obra, escrita en griego, en un estilo cuidado que trata de imitar la gracia clásica según la moda del aticismo, se divi­de en 17 libros.

El autor recoge en ella sus variadas lecturas y transcribe confusa­mente una cantidad enorme de noticias y de curiosidades relativas a los animales y a sus costumbres. No hay que buscar en esta obra espíritu científico ni crítico. Es otro el fin del compilador: quiere sorpren­der y asombrar al lector, por lo que va en busca de lo extraordinario y de lo pa­radójico, con un gusto que a veces llega hasta lo cómico. Se cuenta, por ejemplo, que para aplacar a un buey furioso es pre­ciso irle al encuentro con una venda en la rodilla derecha; que un delfín se ena­moró de un muchacho de Jaso, y habién­dole causado involuntariamente la muerte, salió a la playa para morir con él; que junto a la laguna Meotis los lobos han he­cho alianza con los pescadores, pero que cuando éstos no pescan, les destrozan las redes.

A través de toda la obra se nota evidentemente un propósito moral. Empa­pado de un vago espíritu religioso de ins­piración en parte estoica, pero sustancial­mente de carácter popular, Heliano trata continuamente de dar a sus narraciones un valor edificante, poniendo de relieve la presencia en los animales de sentimientos, no sólo semejantes a los humanos, sino a menudo más morales; así celebra entre otras cosas la sobriedad del ciervo y la castidad de las tórtolas. Es significativa la difusión y el favor de que gozó la obra (v. también Historia varia), que ha sobre­vivido a tantas pérdidas de la literatura griega.

En realidad, corresponde a la ten­dencia de la cultura grecorromana de los siglos últimos, que presentaba en forma po­pular y agradable una erudición libresca en la que el gusto retórico y el amor a lo maravilloso suplantan a la experimentación y a la investigación directa. Hoy, Heliano, además de su valor como curiosidad, con­serva su importancia, porque nos propor­ciona mucho material interesante de los naturalistas griegos, especialmente de Aris­tóteles y de los científicos helenísticos.

A. Brambilla