La Mujer Ideal, Marco Praga

[La moglie ideale]. Comedia en tres actos de Marco Praga (1862-1929), estrenada el año 1890 y considerada como su obra maestra. Alguien dijo que se trata de un plagio de la Pari­siense (v.) de Henry Becque, pero en rea­lidad esta comedia tiene una originalidad de construcción y de estilo que la distingue netamente del modelo francés; toda la ac­ción, está dirigida a dar relieve a la figura de Giulia, y sostener su doble juego de mujer perfecta, con ficciones de celos y estremecimientos inquietos que siempre sa­be explotar en su propio provecho, y de amante apasionada, que vive su pecado con picardía igualmente astuta.

Así Giulia tie­ne dos existencias paralelas: una dominada por la temblorosa angustia provocada por la sospecha de que Gustavo, su amante se canse de ella, y la conyugal, construida astutamente sobre el motivo de unos falsos celos hacia Piero, su marido. Gustavo está realmente decidido a dejarla, y le ha co­municado, por carta, su resolución; Giulia se dirige a casa de su amante, con la ex­cusa de comunicarle el éxito favorable de una encuesta confiada a su marido, que ha tenido que ausentarse. Sonriente y desen­vuelta, Giulia mariposea por la habitación eludiendo toda pregunta sobre la carta, y sigue imponiéndose al hombre, perplejo e incapaz de rebelarse. Los acontecimientos se precipitan inesperadamente: Gustavo, por la ventana, descubre al marido que en­tra por el portal.

Ahora Giulia sabe que su marido sospecha y que su ausencia fue un pretexto para sorprenderla; sus dos mundos de seriedad y ficción parece que van a derrumbarse a la vez. Pero no se asusta y pasa decididamente a la ofensiva: se encuentra allí precisamente porque com­prendió que Piero quería ponerla a prue­ba con el engaño del presunto viaje, y qui­so confundir sus celos. Piero la cree; por otra parte está enterado de que Gustavo va a casarse y no le queda más remedio que felicitar a su amigo. Un golpe duro para el corazón de Giulia: su existencia auténtica, de amante, se desvanece para siempre y no le queda más que la ficticia de mujer ideal. Sin embargo, no es ésta tan ficticia como parece, ya que al fin y al cabo también tenía su fondo de verdad; fondo que lentamente va aflorando y cier­tamente seguirá haciéndose cada vez más real.

Y sobre este motivo, apenas indicado alusivamente, termina la comedia, y en él tenemos el aspecto más original y poético de la obra. La mujer ideal puso a Praga en el primer lugar de la tríada Giacosa, Praga, Rovetta, que dominó el teatro ita­liano a fines de siglo. La comedia burguesa tuvo en él un nuevo cultivador que había de continuar su tradición hasta el umbral de la guerra del 14.

G. G. Severi